Según la OMS, más del 30% de la población fuma diariamente. El cáncer sigue siendo una consecuencia grave y creciente.
Argentina y Chile encabezan el consumo diario de tabaco en América Latina, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este hábito está vinculado a millones de muertes por cáncer en el mundo. A pesar de las advertencias médicas, muchos fumadores continúan con esta adicción, mientras los gobiernos enfrentan el desafío de promover campañas efectivas de prevención.

El décimo informe global sobre la epidemia de tabaquismo de la OMS reveló que Argentina y Chile tienen los mayores índices de consumo diario de cigarrillos en América. En ambos países, más del 30% de la población adulta fuma regularmente. Esto representa un reto para políticas públicas orientadas a reducir el impacto sanitario del tabaquismo.
En Argentina, pese a iniciativas como líneas telefónicas gratuitas para ayudar a dejar de fumar, no se han registrado descensos significativos en la incidencia ni en la mortalidad por cáncer de pulmón, principal causa de muerte oncológica en hombres y tercera en mujeres.
La adicción al tabaco comienza rápidamente: tras las primeras caladas, el cerebro empieza a generar más receptores de nicotina, necesitando cada vez más cantidad para sentirse “normal”. Así lo explica un oncólogo consultado por CNN: “Una vez que el cerebro se acostumbra, pide más. La nicotina tiene un poder adictivo enorme”.
Este fenómeno convierte al tabaquismo en un problema difícil de superar. Un fumador de más de 40 años describe su situación: “Me encantaría dejarlo, pero soy adicta. No puedo irme a dormir sin un atado cerca”.

El Atlas del Cáncer, publicado por la Sociedad Americana del Cáncer y la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, señala que el tabaco es responsable de al menos 17 tipos de cáncer y de más de 2,5 millones de muertes anuales en el mundo. De hecho, uno de cada cinco fallecimientos asociados a esta enfermedad se vincula directamente con el consumo de cigarrillos.
Además del cáncer de pulmón —del cual el tabaco es causante en el 80% de los casos—, también se asocia a tumores de orofaringe, esófago, estómago, páncreas y vejiga.
Entre quienes fuman, hay consciencia parcial de los riesgos. Algunos intentan reducir el consumo o buscar ayuda médica, aunque admiten dificultades. “Estoy tratando de consumir cinco o seis cigarrillos al día”, confiesa otro entrevistado. Otro reconoce: “A veces el cigarrillo es la mejor salida cuando uno está ansioso”.
Sin embargo, expertos recalcan que dejar de fumar siempre reduce el riesgo de desarrollar enfermedades graves. “Mejor no empezar, pero si alguien fuma, en cualquier momento dejar de fumar mejora su salud futura”, concluye el oncólogo.
Las autoridades sanitarias coinciden en que invertir en prevención es más económico que tratar enfermedades avanzadas. Restringir el acceso al tabaco, prohibir su publicidad y promover campañas educativas son medidas clave. Uruguay, por ejemplo, ha tenido éxito con estrategias integrales, algo que aún no se logra en Argentina o Chile.
Mientras tanto, los fumadores siguen buscando voluntad y apoyo para dejar el hábito. Y el tiempo corre: cada año, más de 45 000 personas mueren en Argentina por enfermedades relacionadas con el tabaco.
Fumar no solo afecta la salud individual, sino también el sistema sanitario y la economía nacional. Las historias personales muestran la dureza de la adicción, pero también recuerdan que nunca es tarde para dejar de fumar. Con políticas públicas firmes y apoyo médico accesible, es posible revertir esta tendencia.






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