Primera cumbre del bloque en el continente africano concluye con ambicioso plan de acción centrado en solidaridad, igualdad y sostenibilidad

Los líderes del G20 reunidos en Johannesburgo, Sudáfrica, aprobaron este sábado una declaración final de 30 páginas que establece compromisos en cambio climático, transición energética justa, sostenibilidad de la deuda y resolución de conflictos globales. La cumbre, histórica por ser la primera celebrada en el continente africano bajo la presidencia sudafricana y centrada en la filosofía de Ubuntu, se desarrolló pese al boicot ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump y el rechazo de Argentina al documento final. El texto, adoptado por “abrumadora mayoría” según la presidencia sudafricana, representa un llamado a la cooperación multilateral en un contexto de creciente inestabilidad geopolítica y geoeconómica, con énfasis especial en el desarrollo inclusivo de África y las naciones más vulnerables.
La cumbre histórica en suelo africano
Por primera vez en sus más de dos décadas de historia, el G20 celebró su cumbre anual en el continente africano, un hito simbólico que la presidencia sudafricana aprovechó para incorporar la filosofía de Ubuntu como eje rector del encuentro. Esta cosmovisión africana, traducida comúnmente como “yo soy porque nosotros somos”, permeó la declaración final al enfatizar la interconexión entre las naciones y la necesidad de abordar los desafíos globales de forma colectiva.
“Reconocemos que las naciones individuales no pueden prosperar en aislamiento”, señala el documento, que subraya la importancia de garantizar que “nadie quede atrás” mediante la cooperación multilateral, la coordinación de políticas macroeconómicas y las alianzas globales para el desarrollo sostenible. La elección de Johannesburgo como sede representa un reconocimiento tácito a la importancia estratégica de África en la gobernanza global, un continente que alberga a 1.300 millones de personas y posee recursos críticos para la transición energética mundial.
Ausencias y tensiones diplomáticas
La cumbre se desarrolló bajo la sombra de importantes ausencias. El presidente estadounidense Donald Trump ordenó un boicot diplomático completo al evento debido a sus tensas relaciones con el gobierno sudafricano, enviando únicamente al encargado de negocios de la embajada estadounidense en Pretoria para la ceremonia de transición de la presidencia. Junto a Trump, tampoco asistieron los presidentes de China, Xi Jinping; Rusia, Vladímir Putin; México, Claudia Sheinbaum; y Argentina, Javier Milei, aunque estos últimos sí estuvieron representados por sus equipos diplomáticos.
Precisamente Argentina marcó otra discordancia significativa cuando su ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, anunció que su país “no puede respaldar la declaración debido a discrepancias” con el texto. Quirno criticó específicamente que el documento aborda una “única dimensión de un territorio específico” en referencia al conflicto israelí-palestino, lo que “pasa por alto el contexto regional más amplio y las causas estructurales de la disputa”. Esta posición contrasta con el respaldo mayoritario al texto, que insta a “trabajar por una paz justa, integral y duradera en Sudán, la República Democrática del Congo, el Territorio Palestino Ocupado y Ucrania, así como por poner fin a otros conflictos y guerras en todo el mundo”.
Cuatro pilares de la presidencia sudafricana
La declaración final se articula en torno a las cuatro prioridades establecidas por la presidencia sudafricana: fortalecimiento de la resiliencia ante desastres, sostenibilidad de la deuda para países de bajos ingresos, movilización de financiamiento para transiciones energéticas justas y aprovechamiento de minerales críticos para el desarrollo inclusivo.
En materia de desastres, los líderes reconocieron que los eventos climáticos extremos aumentan en frecuencia e intensidad, afectando desproporcionadamente a las naciones más vulnerables. El documento insta a implementar enfoques integrales centrados en las personas y a fortalecer mecanismos de financiamiento anticipado, incluyendo seguros paramétricos y bonos de catástrofe, para mejorar la respuesta ante emergencias.
Sobre la deuda externa, el G20 expresó preocupación por el aumento significativo de los pagos de intereses en países de bajos ingresos, especialmente africanos, y reafirmó su compromiso con el Marco Común para tratamientos de deuda. “El nivel elevado de deuda es uno de los obstáculos para el crecimiento inclusivo en muchas economías en desarrollo”, señala el texto, que limita la capacidad de estas naciones para invertir en infraestructura, resiliencia climática y servicios sociales básicos.
Energía y minerales críticos: oportunidades para África
Uno de los capítulos más desarrollados de la declaración aborda la transición energética y el potencial de los minerales críticos. El documento reconoce las profundas desigualdades en el acceso a la energía, destacando que más de 600 millones de africanos carecen de electricidad y mil millones no tienen acceso a cocinas limpias. “Estamos profundamente alarmados de que dos millones de africanos pierdan sus vidas cada año debido a la ausencia de combustibles limpios para cocinar en los hogares”, señala el texto con rotundidad.
En este contexto, los líderes respaldaron esfuerzos para triplicar la capacidad de energías renovables y duplicar la tasa de mejora de la eficiencia energética a nivel global para 2030. También dieron la bienvenida a la Iniciativa de Misión 300, liderada por el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo, para conectar a 300 millones de personas a la electricidad en África para 2030.
Simultáneamente, el G20 adoptó un Marco de Minerales Críticos, un plan voluntario para asegurar cadenas de valor sostenibles y transparentes para estos recursos. El documento reconoce que la demanda de minerales críticos aumentará significativamente con las transiciones sostenibles y la digitalización, pero los beneficios no han sido plenamente aprovechados por los países productores, especialmente en el mundo en desarrollo, que enfrentan desafíos de subinversión, limitada agregación de valor y problemas socioambientales.
“Los minerales críticos deben convertirse en un catalizador para la agregación de valor y el desarrollo de base amplia, en lugar de exportaciones de materia prima”, establece la declaración, que promueve la exploración de estos recursos, la diversificación de las cadenas de valor y la retención de valor en los países productores, especialmente los africanos.

El compromiso renovado con África
La declaración incluye un significativo refuerzo del compromiso con el continente africano, incorporando al bloque a la Unión Africana como miembro de pleno derecho en su segundo año en el grupo. Además, el G20 lanzó el Marco de Participación con África (AEF por sus siglas en inglés) para 2025-2030, diseñado para apoyar los esfuerzos del continente en alcanzar sus objetivos económicos y financieros.
Este marco, descrito como “un legado duradero de la presidencia sudafricana”, establece una estructura operativa con áreas prioritarias determinadas por las sucesivas presidencias hasta 2030. El documento también refuerza el Compacto con África (CwA), incluyendo su segunda fase (2025-2033) con el apoyo de un fondo multilateral del Grupo Banco Mundial y la incorporación de Zambia y Angola como nuevos miembros.
Asimismo, los líderes expresaron su apoyo a la implementación del Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (ZLECAf), reconociendo que la integración económica regional es un “habilitador clave” del crecimiento económico, la resiliencia y el desarrollo sostenible en el continente.
Lucha contra el cambio climático y financiamiento
En materia climática, la declaración reafirma los objetivos del Acuerdo de París de limitar el aumento de temperatura a “bien por debajo de 2 grados Celsius” e “intentar limitarlo a 1,5 grados Celsius”. Los líderes reconocieron la urgencia de escalar inversiones climáticas “de miles de millones a billones” y destacaron que las necesidades de financiamiento de los países en desarrollo para implementar sus contribuciones nacionalmente determinadas se estiman en 5,8-5,9 billones de dólares para el período previo a 2030.
El documento también da la bienvenida a los resultados de la COP30 celebrada en Belém, Brasil, y apoya la implementación del Marco de Kunming-Montreal para la Biodiversidad, instando a las Partes a actualizar sus estrategias nacionales en consonancia con este acuerdo. Además, los líderes se comprometieron a escalar esfuerzos para combatir la desertificación y la degradación de tierras, con el objetivo de reducir las tierras degradadas en un 50% para 2040.
Avances en equidad de género y desarrollo humano
La declaración incluye importantes compromisos en materia de equidad de género y desarrollo humano. Los líderes adoptaron la Meta de Bahía Nelson Mandela, que busca reducir la tasa de jóvenes que no estudian ni trabajan (NEET) en un 5% adicional para 2030, y revisaron la Meta de Brisbane-eThekwini para reducir la brecha de género en la participación laboral en un 25% para 2030 respecto a los niveles de 2012. Asimismo, se comprometieron a reducir la brecha salarial no ajustada entre hombres y mujeres en un 15% para 2035.
En materia de salud, los líderes expresaron su apoyo a la cobertura sanitaria universal y reconocieron la adopción del Acuerdo Pandémico de la OMS durante la 78ª Asamblea Mundial de la Salud. También celebraron los compromisos para la octava reposición del Fondo Mundial para combatir el SIDA, la tuberculosis y la malaria, lanzada conjuntamente en Johannesburgo por Sudáfrica y el Reino Unido.
Hacia una gobernanza global más inclusiva
En un apartado dedicado a la reforma de la gobernanza global, los líderes enfatizaron que 2025 marca el 80º aniversario de las Naciones Unidas y su Carta. Reafirmaron su compromiso con el multilateralismo con la ONU en su núcleo y abogaron por una reforma transformadora del Consejo de Seguridad que lo haga “más representativo, inclusivo, eficiente, efectivo, democrático y responsable”.
“Pedimos una composición ampliada del Consejo de Seguridad que mejore la representación de las regiones y grupos subrepresentados y no representados, como África, Asia-Pacífico y América Latina y el Caribe”, señala el documento. Los líderes también reconocieron los desafíos del sistema de comercio multilateral y la necesidad de una reforma integral de la OMC para mejorar sus funciones, comprometiéndose a trabajar constructivamente para garantizar resultados positivos en la XIV Conferencia Ministerial de la OMC en marzo de 2026 en Camerún.
Este compromiso con una gobernanza más inclusiva se extiende al sistema financiero internacional, donde los líderes apoyaron la creación de una 25ª silla en la Junta Ejecutiva del FMI para mejorar la voz y representación del África subsahariana, reconociendo la necesidad de mejorar la representación de los países en desarrollo en la toma de decisiones de los bancos multilaterales de desarrollo y otras instituciones económicas y financieras internacionales.
Un llamado a la acción colectiva
La declaración final del G20 en Sudáfrica representa un llamado ambicioso a la acción colectiva en un momento de fragmentación global creciente. Con su énfasis en la filosofía de Ubuntu, la cumbre buscó reafirmar que los desafíos globales requieren soluciones compartidas y que no existe prosperidad sostenible sin inclusión y equidad.
Pese a las tensiones diplomáticas evidenciadas por las ausencias y el rechazo argentino, el documento aprobado establece una hoja de ruta concreta para abordar problemas urgentes como el cambio climático, las desigualdades energéticas, la sostenibilidad de la deuda externa y los conflictos armados. La incorporación plena de la Unión Africana al G20 y los compromisos específicos con el continente señalan un reconocimiento creciente de la importancia estratégica de África en la gobernanza global del siglo XXI.
Como destacó el documento final: “Solo con paz lograremos sostenibilidad y prosperidad”. Este principio rector subraya la interconexión fundamental entre los distintos ejes del desarrollo sostenible y la necesidad de abordarlos de manera integral, tal como propone la cosmovisión de Ubuntu que guió esta histórica cumbre africana.







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