
La noche del martes 14 de octubre, un coche bomba sacudió Guayaquil. Al día siguiente, artefactos explosivos fueron hallados en puentes estratégicos de Guayas y Azuay. Según versiones preliminares, estos actos no responden a protestas legítimas, sino a una estrategia de terror orquestada por actores vinculados a la minería ilegal y el crimen organizado.
Jimmy Jairala, director de Un Café con JJ, advierte que estos hechos buscan sembrar miedo, paralizar la vida cotidiana y forzar al país a callar. “Eso no es protesta, eso es terror”, subraya, al recordar ataques previos contra operativos antidrogas y minas ilegales.
Jairala enfatiza que normalizar estos actos abriría la puerta a más violencia: puentes destruidos, rutas bloqueadas, escuelas cerradas y familias encerradas por temor. Defender la paz, dice, implica no ceder ni un centímetro a quienes usan explosivos como herramienta de presión.
El llamado es claro: seguir el rastro del dinero ilícito, proteger la movilidad nacional y rechazar que el miedo dicte la agenda pública. Ecuador tiene derecho a manifestarse, pero no a ser extorsionado por la violencia.






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