El presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana pide una mesa de diálogo inclusiva para superar la crisis social y económica que vive el país tras 15 días de movilizaciones.

El cardenal Luis Gerardo Cabrera, arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, hizo un llamado urgente al diálogo nacional en medio del paro convocado por organizaciones indígenas, que ya cumple 15 días. En una entrevista con Radio Morena el 6 de octubre de 2025, advirtió sobre el agravamiento de la pobreza, la inseguridad y la desconfianza institucional, y reiteró que la violencia —venga de donde venga— destruye lo que pretende defender.
Una crisis con raíces estructurales
El cardenal Cabrera contextualizó las protestas actuales dentro de una crisis multidimensional que trasciende el reciente alza del diésel. “La subida del combustible agrava una realidad ya crítica: pobreza estructural, falta de empleo, acceso limitado a salud y educación, corrupción generalizada e inseguridad creciente”, señaló.
Destacó que la corrupción “corroe instituciones y destruye la confianza de la gente”, mientras que la delincuencia organizada y común siembra miedo en ciudades como Guayaquil. En ese escenario, cualquier medida económica que afecte el poder adquisitivo de los más vulnerables —como los pequeños agricultores, comerciantes y transportistas— tiene un impacto desproporcionado.
“El alza del diésel no es un hecho aislado, sino el síntoma de un sistema que no funciona para todos”, afirmó, subrayando que la solución no puede ser solo técnica, sino también ética y política.
Diálogo como única vía para la paz
Frente a la polarización entre el gobierno —que ha dicho “preferible morir que retroceder”— y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), que exige la derogación del decreto 120-25, el cardenal propuso retomar el camino del diálogo.
“No se trata de debatir para ver quién tiene la razón, sino de buscar juntos la verdad”, citando al poeta Antonio Machado. Propuso una metodología clara: escuchar al otro, reflexionar sin prejuicios, proponer soluciones concretas y llegar a acuerdos duraderos.
Recordó que en 2022, tras 18 días de paro, se lograron más de 270 acuerdos en mesas técnicas con participación de universidades como la Central, la Católica y la Salesiana. “¿Por qué partir de cero? Ya tenemos experiencia, propuestas y consensos parciales. Hay que retomarlos”, insistió.
La Iglesia: mediadora y actor social
Cabrera rechazó la idea de que la Iglesia se limite a emitir declaraciones. Enumeró acciones concretas: un banco de alimentos en Guayaquil que distribuye leche a familias vulnerables, escuelas para más de 12.000 niños en zonas marginales, dispensarios médicos, albergues para personas con VIH y centros de rehabilitación para jóvenes en situación de adicción.
“Nuestro compromiso no es solo con la palabra, sino con la acción”, afirmó, al tiempo que citó su llamado a “practicar la solidaridad, no la caridad”.
Resaltó que la Constitución ecuatoriana reconoce el derecho a profesar la fe en público y en privado, y que la Iglesia actúa en cumplimiento de su misión evangélica: “Jesús nos invita a ser hermanos, no rivales; servidores, no dominadores”.
¿Qué sigue? Un llamado a la valentía cívica
Con un muerto, cientos de heridos y detenidos, y una economía paralizada en sectores clave, el cardenal advirtió que la paz “no es ingenuidad, sino un acto de valentía”.
“Lo más fácil es dejarse llevar por la ira. Lo más difícil —y necesario— es construir puentes, no muros”, dijo, citando el Evangelio: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”.
Instó a todos los actores —gobierno, movimientos sociales, academia, sector privado y ciudadanía— a deponer actitudes beligerantes y centrarse en “esa persona que hoy no tiene medicinas, ese niño sin escuela, ese joven sin comida”.
Mientras el paro nacional entra en su tercera semana, el llamado del cardenal Cabrera resuena como un recordatorio ético: en una democracia, el diálogo no es una concesión, sino una obligación. La historia reciente de Ecuador demuestra que los acuerdos son posibles. Ahora falta la voluntad política y social para retomarlos.






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