
En 100 días, la Asamblea Nacional ecuatoriana ha aprobado solo dos proyectos de ley de su propia iniciativa: reformas al Código de la Democracia y a la Ley de Inteligencia, iniciadas en el período anterior.
El resto, trámites de proyectos urgentes del Ejecutivo. Mientras, escándalos internos erosionan su credibilidad: deserciones, acusaciones de persecución, un asambleísta procesado por presunto delito contra una menor y otro sancionado por usar un megáfono en pleno recinto.
El caso Chamba, sin embargo, expone una grave irregularidad: la contratación de su pareja en su propio despacho, aprovechando uno de los cuatro cupos legislativos destinados a asesores técnicos. Fabricio Vela, director de Primera Plana, señala que estos actos reflejan una “viveza criolla” institucionalizada, donde el discurso anticorrupción choca con prácticas opacas.
Aunque se desvincularon 40 funcionarios por vínculos familiares, no hubo actualización de códigos éticos ni investigaciones profundas. La sociedad, critica, es selectiva: escandalizada por un dibujo, silenciosa ante nepotismo estructural.
¿Hasta cuándo toleraremos que la ética sea solo un discurso? La ciudadanía exige transparencia y coherencia a quienes nos representan.






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