
Una explosión sacudió el norte de Guayaquil la tarde del 14 de octubre. Frente al Mall del Sol, en la avenida Joaquín Orrantia, una camioneta se incendió y luego detonó con una violencia inusual. El Cuerpo de Bomberos confirmó un fallecido —presuntamente un taxista— y dos heridos. La onda expansiva dañó edificios, vehículos y generó pánico entre cientos de personas.
Aunque inicialmente no se confirmó si se trató de un coche bomba, unidades especializadas de la Policía hallaron material explosivo en la zona y realizaron una detonación controlada. El gobernador del Guayas, Humberto Plaza, calificó el hecho como “un acto de terrorismo” y declaró a la ciudad en “máxima alerta”.
Este ataque ocurre a solo cinco días del desactivado coche bomba en la Penitenciaría del Litoral, en una ciudad que ya ha sufrido al menos tres explosiones similares desde septiembre. Sectores como Urdesa, Kennedy y Garzota reportaron sentir el estallido como un sismo.
¿Hasta cuándo la violencia armada definirá el día a día de Guayaquil? Las autoridades prometen perseguir a los responsables “hasta debajo de las piedras”, pero la ciudadanía exige respuestas urgentes.








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