María del Carmen Miranda, Subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina, habla sobre los desafíos y oportunidades para las mujeres rurales en un sector históricamente olvidado.
En Ecuador, más del 60% de la agricultura familiar campesina está en manos de mujeres. Sin embargo, su labor ha sido invisibilizada y subvalorada. María del Carmen Miranda, Subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina, explica cómo el gobierno busca empoderar a estas mujeres a través de capacitaciones, créditos y acceso a mercados. ¿Será suficiente para transformar sus realidades?

María del Carmen Miranda no solo es la Subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina; también es una mujer rural que conoce de primera mano los desafíos que enfrentan las mujeres en el campo. “Más del 60% de la agricultura familiar campesina está liderada por mujeres. Somos nosotras quienes, incluso en tiempos de pandemia, garantizamos la alimentación de las ciudades y de nuestros hogares”, afirma Miranda.
Las mujeres rurales no solo son productoras; son jefas de hogar, cuidadoras y guardianas de saberes ancestrales. Sin embargo, su trabajo ha sido históricamente subvalorado. Miranda destaca que, durante la pandemia, fueron estas mujeres quienes mantuvieron viva la producción agrícola, demostrando su resiliencia y capacidad de liderazgo.
“La ley impulsada por el gobierno de Daniel Noboa busca dignificar este esfuerzo y darle el valor que merece. No se trata solo de producir; se trata de garantizar una vida digna para las mujeres rurales y sus familias”, explica Miranda.

Uno de los pilares del programa es la capacitación. A través de las “comunidades de aprendizaje”, las mujeres reciben formación en producción agroecológica, conservación de suelos y comercialización. “No es solo teoría; es aprendizaje práctico en el campo”, asegura Miranda.
Además, el programa ofrece créditos específicos para mujeres rurales a través de BanEcuador. “Estos créditos no requieren la firma de un cónyuge, lo que es crucial en un país donde más del 25% de las mujeres rurales son jefas de hogar”, destaca Miranda.
Uno de los mayores desafíos para las mujeres rurales es el acceso a mercados. Miranda explica que el gobierno está trabajando en la articulación con municipalidades y otras instituciones para recuperar espacios de comercialización en mercados locales. “Queremos acortar la brecha entre el productor y el consumidor, eliminando a los intermediarios que se quedan con la mayor parte de las ganancias”, afirma.
Además, el programa busca impulsar la exportación de productos como el café y el cacao. “Ya tenemos casos exitosos de mujeres que exportan sus productos a la Unión Europea. Queremos replicar estos modelos en todo el país”, señala Miranda.
A pesar de los avances, Miranda reconoce que aún hay desafíos por superar. “La falta de compromiso de algunas autoridades locales y la burocracia son obstáculos que dificultan la implementación de estos programas”, admite.
Además, la subsecretaria hace un llamado a las productoras a utilizar los recursos de manera responsable. “Hemos visto casos en los que el dinero destinado a la producción se malversa. Esto no solo afecta a las mujeres, sino a toda la comunidad”, advierte.
El empoderamiento de las mujeres rurales no es solo una cuestión de justicia social; es una necesidad económica y ambiental. Estas mujeres son clave para garantizar la soberanía alimentaria y la conservación de los recursos naturales. ¿Está el gobierno haciendo lo suficiente para transformar la vida de las mujeres rurales, o aún queda un largo camino por recorrer?






Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.