
En plena montaña, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, bajo temperaturas bajo cero y densa neblina, cientos de trabajadores municipales luchan sin descanso para restablecer el agua potable. No es una tarea fácil: 350 metros de tubería dañada, condiciones extremas y jornadas de 24 horas divididas en turnos de 12. A pesar de las inclemencias del tiempo que retrasaron el cierre, el equipo no se rindió. Trabajaron hasta la medianoche, en la oscuridad, para garantizar que el sistema se reactive. La nueva tubería es 25 años más moderna que la original. Ahora, tras unir los últimos tramos, se realizarán tres pruebas de presión para detectar fugas. Si todo sale bien, el agua cruda comenzará a fluir desde la Mica hacia la planta de tratamiento. Pero ojo: el proceso toma tiempo.



Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.