
¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron tras los 31 días de paro nacional? Para Pocho Harb, comunicador y analista ecuatoriano, no hay triunfadores: “El país pierde porque durante más de un mes no se pudieron desarrollar actividades normales”.
Harb lamenta que ciudades emblemáticas como Otavalo —símbolo histórico de comercio, artesanía y progreso indígena— hayan sido asociadas a la violencia durante las movilizaciones. “Desde joven vi cómo los otavaleños comerciaban con dignidad frente a la iglesia de San Francisco. Esa es su esencia, no la de unos pocos liderzuelos que generaron caos”, afirma.
Según su análisis, el Estado evitó ceder ante la presión y actuó con firmeza para restablecer el orden, lo que finalmente llevó al levantamiento del paro. Sin embargo, el costo social y económico fue alto: alteración de la paz, paralización productiva y daño a la imagen de comunidades enteras.
Más allá de las posturas políticas, Harb llama a distinguir entre la legítima protesta ciudadana y la instrumentalización de la movilización por actores que no representan a la mayoría. La verdadera reconciliación, sugiere, comienza reconociendo quién pagó el precio más alto: el Ecuador productivo y pacífico.






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