El país se consolida como el principal proveedor de productos orgánicos a la UE y el segundo a nivel mundial, impulsado por políticas públicas y pequeños productores.

Ecuador se posicionó en 2024 como el principal exportador de productos orgánicos a la Unión Europea, con ventas por USD 621 millones, y el segundo a nivel global, según informes de la Comisión Europea y FiBL. Este logro, sostenido por quinto año consecutivo, responde a políticas del Gobierno del presidente Noboa, el trabajo de pequeños productores y un sistema nacional de certificación que garantiza calidad, trazabilidad y sostenibilidad.
Un sistema certificado al servicio de la exportación
Detrás del liderazgo ecuatoriano está un marco regulatorio robusto. La Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad), adscrita al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP), ha implementado un sistema nacional de control, vigilancia y certificación orgánica alineado con estándares internacionales.
“Ecuador ha logrado este posicionamiento gracias a la implementación de un sistema nacional de control, vigilancia y certificación orgánica bajo la normativa vigente, que garantiza la trazabilidad, inocuidad, integridad y calidad de los productos”, afirma Verónica Santillán, directora de Orgánicos de Agrocalidad.
Este sistema permite que los productos ecuatorianos —desde banano hasta cacao y camarón— sean aceptados en mercados exigentes como la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, donde la demanda por alimentos sostenibles y libres de agroquímicos crece año tras año.

Pequeños productores, gran impacto económico
El sector orgánico en Ecuador no depende de grandes corporaciones, sino de la agricultura familiar campesina. Del total de 8.641 productores orgánicos registrados, el 89,21 % pertenece a este segmento. Entre ellos, figuran cooperativas como la Unión de Productores de Cacao Arriba Esmeraldas (UPOCAE), cuyos miembros han logrado acceder a mercados premium mediante certificaciones y contratos con primas.
“Producir de manera orgánica es una de las alternativas y pilares fundamentales”, señala Javier Valencia, representante de UPOCAE. “Hemos obtenido un precio adicional por calidad y certificaciones. Si una tonelada de cacao convencional está en USD 5.006, la orgánica puede alcanzar los USD 6.500”.
Este diferencial no solo mejora los ingresos, sino que incentiva prácticas conservacionistas. En 2024, el sector generó empleo directo para 54.063 personas y representó el 2,5 % de las exportaciones no petroleras del país.
Banano, cacao y diversificación: la canasta exportadora
Aunque el banano sigue dominando —representa el 96 % de las 665.483 toneladas métricas exportadas en 2024—, Ecuador ha diversificado su oferta orgánica. Entre los productos con creciente presencia internacional figuran brócoli, mango, aceite de palma, frutas procesadas, camarón, café, panela y chocolate.
Los principales destinos son Estados Unidos (64,7 %), la Unión Europea (32 %), Japón (0,6 %) y otros 28 socios comerciales (2,7 %). A nivel interno, las provincias de El Oro, Guayas, Esmeraldas y Napo concentran el 70 % de la superficie cultivada con productos orgánicos, totalizando 78.156 hectáreas certificadas.
Hacia un “Nuevo Ecuador” sostenible y competitivo
El MAGP y Agrocalidad han reforzado su apoyo técnico mediante capacitaciones gratuitas —incluyendo cursos virtuales— sobre normativa orgánica, buenas prácticas agrícolas y trazabilidad. Este acompañamiento busca asegurar que la expansión del sector no comprometa los estándares de calidad ni la sostenibilidad ambiental.
“Los productores mantienen prácticas sostenibles y adaptadas a las condiciones locales, lo que ha permitido consolidar sistemas productivos orgánicos resilientes”, destaca Santillán.
Como parte de esta estrategia, se realizará del 27 al 28 de noviembre en Manta la séptima edición del Congreso Internacional Ecuador Orgánico, un espacio para el intercambio técnico, comercial y político entre actores del sector.
Más que una cifra, una apuesta de país
El liderazgo de Ecuador en exportaciones orgánicas no es solo un récord económico, sino una apuesta colectiva por un modelo productivo que combina competitividad, justicia social y conservación ambiental. En un mundo donde el consumo responsable define tendencias, el país tiene la oportunidad de consolidarse como referente global en producción ecológica —siempre que mantenga la rigurosidad en sus estándares y el apoyo a quienes, desde el campo, hacen posible este éxito.







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