
El oro ha alcanzado niveles históricos: de 35 dólares la onza troy en 1960 a más de 3.800 dólares en octubre de 2025. Este salto, según el consultor y economista Ludwing Álvarez, no es solo un dato financiero, sino una señal de alarma sobre la depreciación del dólar y la inestabilidad global.
En un análisis basado en datos del mercado de Londres, Álvarez compara dos escenarios: quien invirtió un millón de dólares en oro en 1960 tendría hoy más de 109 millones, mientras que quien mantuvo ese millón en efectivo apenas conserva el equivalente a 1,6 millones en valor real.
Álvarez evita teorías conspirativas y se enfoca en indicadores objetivos: la fortaleza del rublo ruso, los picos del oro tras crisis como las de 2001 o 2008, y la reciente escalada desde 2024. “Esto no se había visto en la historia de la humanidad”, afirma, sugiriendo que el mundo podría estar ante los primeros síntomas de una hipercrisis financiera.
Sin pronosticar catástrofes, su advertencia es clara: los activos tradicionales están perdiendo valor. Ante este panorama, llama a la ciudadanía a informarse con rigor y a evaluar estrategias de protección patrimonial basadas en evidencia, no en rumores.






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