
El senador estadounidense Marco Rubio llega a Ecuador en medio de una intensa agenda diplomática que incluye México. Su visita, no solo simbólica, ocurre en un contexto geopolítico delicado: con una flota norteamericana en el Caribe y un submarino nuclear cerca de Venezuela.
Aunque estas visitas suelen ser rutinarias, el perfil de Rubio añade complejidad. De ascendencia cubanoamericana y con investigaciones previas por presuntos vínculos en casos de lavado de dinero relacionados con Venezuela, su presencia genera interrogantes.
No es la primera vez que EE.UU. envía figuras de alto nivel a la región. Recordemos la visita de la general Richardson durante el gobierno de Lasso, enfocada en el triángulo minero entre Perú, Chile y Argentina, dejando a Ecuador en un segundo plano. Sin embargo, Ecuador mantiene un valor estratégico clave para la influencia geopolítica estadounidense en el Pacífico Sur.
El interés de Washington también se centra en contener la creciente influencia de China en América Latina, no mediante fuerza militar, sino a través de inversiones inteligentes y acuerdos económicos.
Ante este escenario, Ecuador debe actuar con equilibrio: proteger su soberanía, fortalecer su institucionalidad y garantizar que su sistema judicial actúe con independencia, especialmente en casos de corrupción.
La visita de Rubio no es solo diplomacia: es un movimiento en un tablero global.






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