Con solo 19 años, Araceli participa en un grupo de danza que no solo preserva tradiciones ancestrales, sino que también fomenta el trabajo en equipo y el orgullo cultural entre los jóvenes de Nuevo Rocafuerte.
En el corazón de la Amazonía ecuatoriana, una joven de 19 años está liderando un movimiento cultural que trasciende generaciones. Araceli Alvarado, estudiante de la Unidad Educativa Nuevo Rocafuerte, ha dedicado los últimos años a rescatar y promover las danzas tradicionales kichwas, un legado que considera vital para mantener viva la identidad de su comunidad.

Araceli Alvarado no es una estudiante común. Desde que estaba en segundo de bachillerato, esta joven líder ha demostrado una pasión inquebrantable por la danza y la cultura kichwa. Hoy, a sus 19 años, dirige un grupo de danza llamado Sachañampi, compuesto por jóvenes de su comunidad, muchos de ellos sus primos, como Daisy Salazar, Justin Machoán, Delia Alvarado, Priscilla Alvarado y Jenny Alvarado.
Para Araceli, la danza no es solo una expresión artística, sino una herramienta para fortalecer valores como el respeto, la responsabilidad y el trabajo en equipo. “Mi motivación es que seamos un equipo unido, que compartamos el mismo respeto y responsabilidad, para que todos adquieran más conocimientos y comprendan la importancia de nuestra cultura”, explica.
El proceso de creación de las coreografías y la selección de la música es tan auténtico como la propia danza. Araceli y su grupo utilizan ritmos tradicionales kichwas, originarios de la Amazonía, que son interpretados por músicos locales. “La música es kichwa, de aquí mismo. Es nuestra esencia, y con ella contamos nuestras historias”, afirma.

El vestuario que utilizan durante sus presentaciones es otra muestra de su compromiso con la cultura. Las sayas, cotonas y faldas están confeccionadas con telas de algodón tejidas en la comunidad, mientras que los collares están elaborados con pepitas de guayuro, una semilla local que simboliza la conexión con la naturaleza. “Cada detalle de nuestro vestuario tiene un significado profundo. Representa nuestra identidad y nuestro respeto por las tradiciones”, comenta Araceli.
Pero no todo ha sido fácil. Araceli confiesa que, al principio, luchaba contra la timidez. “Hay momentos en los que me siento nerviosa, pero dejo la timidez a un lado y doy lo mejor de mí. Nunca me he rendido, y eso es lo que quiero transmitir a mi equipo”, dice con determinación.
Uno de los momentos más emotivos para Araceli ocurrió durante una presentación en la que su grupo recibió una ovación cerrada del público. “Fue increíble ver cómo la gente se conectaba con nuestra danza. Sentí un orgullo inmenso por mi equipo y por nuestra cultura”, recuerda.
Para Araceli, bailar no es solo una actividad, es una forma de vida. “Cuando estoy en el escenario, siento una felicidad enorme. Demostramos nuestra alegría al público, pero también nuestra seriedad y compromiso con lo que hacemos”, explica.
Araceli Alvarado es un ejemplo de cómo la juventud puede ser un motor de cambio y preservación cultural. Su dedicación a la danza y su liderazgo en la comunidad de Nuevo Rocafuerte son un recordatorio de que las tradiciones ancestrales no solo pueden sobrevivir, sino también florecer en manos de las nuevas generaciones.
¿Qué estamos haciendo para preservar y valorar las culturas ancestrales en nuestras propias comunidades? Araceli y su grupo nos invitan a reflexionar sobre la importancia de mantener vivas nuestras raíces.






Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.