Tras 13 años de gestión, el volcán y su entorno obtienen reconocimiento internacional por su valor geológico, cultural y natural.

El volcán Tungurahua, en la serranía ecuatoriana, fue oficialmente declarado Geoparque Mundial por la UNESCO durante la 11ª Conferencia Mundial de Geoparques en Chile. La designación, lograda tras 13 años de trabajo coordinado entre gobiernos locales, comunidades indígenas y el Estado ecuatoriano, reconoce el valor geológico único del territorio, su biodiversidad y sus sabidurías ancestrales. La distinción implica oportunidades de desarrollo sostenible, turismo responsable y acceso a fondos internacionales, además de un compromiso de conservación por tres años renovables.
Un reconocimiento forjado en cenizas y perseverancia
La historia de este logro arranca en 1999, cuando el volcán Tungurahua reactivó su actividad eruptiva, manteniéndose activo hasta 2016. Durante 17 años, las comunidades de los cantones de Pelileo, Patate, Baños de Agua Santa, Penipe (Tungurahua) y Guano (Chimborazo) convivieron con cenizas, afectaciones agrícolas y desplazamientos. Fue en ese contexto de adversidad donde nació la idea de transformar la amenaza en oportunidad.
Manuel Caizabanda, actual prefecto de Tungurahua y exalcalde de Pelileo, explicó en entrevista con A Primera Hora que, al calmarse el volcán, las autoridades locales plantearon una propuesta al Gobierno Nacional y a la UNESCO: convertir la zona en un geoparque. “Nos indicaron que debíamos cumplir 250 requisitos. Fue un proceso largo, con cambios de autoridades y visiones, pero la perseverancia nos llevó al éxito”, señaló.
Qué significa ser Geoparque Mundial UNESCO
La designación no es solo simbólica. Implica integración a una red global de 229 geoparques en más de 50 países, con acceso a cooperación técnica, intercambio de conocimientos y financiamiento para proyectos de innovación, inclusión y conservación. Según Caizabanda, el reconocimiento también fortalece la gestión territorial, la planificación turística y la protección de la identidad cultural.
El territorio del Geoparque Volcán Tungurahua abarca cinco cantones y alberga a pueblos indígenas como los Salasacas y los Puruhuaes, cuyas tradiciones, lenguas y vestimentas forman parte del patrimonio intangible reconocido por la UNESCO. “Estamos empoderando a las comunidades para que valoren sus propias riquezas y las conviertan en motores de desarrollo local”, afirmó el prefecto.
Estrategias económicas y culturales en marcha
Para sostener la designación —que se renueva cada tres años—, los gobiernos locales aportan anualmente USD 25.000 para planificar rutas turísticas, capacitar a guías y promover 20 geositios estratégicos. El Consorcio del Geoparque, presidido por el alcalde de Baños de Agua Santa e integrado por los gobiernos provinciales de Tungurahua y Chimborazo, coordina estas acciones.
Además, ya se firmaron convenios de hermanamiento con otros geoparques, como el de Cutralcó en Chile, para intercambiar experiencias y fortalecer la sostenibilidad. “Si en tres años no cumplimos con los estándares, la UNESCO puede retirar la designación. Por eso, el compromiso debe ser de todos: autoridades, académicos, turistas y, sobre todo, comunidades locales”, advirtió Caizabanda.
Ecuador, líder latinoamericano en geoparques
Con la inclusión de Tungurahua y Napo-Sumaco, Ecuador se consolida como el país con más geoparques mundiales en América Latina. Su diversidad geográfica —Andes, Amazonía, Costa e Islas Galápagos— y su riqueza cultural lo posicionan como un destino clave para el turismo geológico y científico.
“El nombre Tungurahua, que en quichua significa ‘garganta de fuego’, ahora resuena en el mundo. Es un orgullo nacional”, destacó el prefecto. El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Turismo y Educación, ha respaldado el proceso durante 13 años, involucrando a instituciones académicas y promoviendo la educación geológica en escuelas y universidades.
La designación del Geoparque Mundial Volcán Tungurahua no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Representa una oportunidad histórica para transformar una zona marcada por la actividad volcánica en un modelo de desarrollo sostenible, donde la ciencia, la cultura y la naturaleza caminan juntas. El reto ahora es mantener vivo este reconocimiento, no solo con políticas públicas, sino con la participación activa de quienes habitan y aman este territorio. El mundo mira a Tungurahua; Ecuador tiene la palabra.






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