El Departamento de Estado asume la gestión de la ayuda exterior bajo un nuevo enfoque de “Estados Unidos Primero”
El Gobierno de Trump ha puesto fin oficialmente a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), una institución fundada en 1961 y considerada durante décadas como el mayor distribuidor de ayuda humanitaria en el mundo. El cierre, anunciado por el secretario de Estado Marco Rubio, marca un cambio radical en la política de cooperación internacional de Estados Unidos.

Desde el 1 de julio, la gestión de los programas de asistencia exterior pasa al Departamento de Estado, bajo un nuevo enfoque que prioriza los intereses nacionales y busca mayor eficiencia y estrategia. Según Rubio, USAID no cumplió con los estándares de eficacia durante décadas, actuando más como una organización benéfica que como un instrumento de política exterior.
“Esta era de ineficiencia sancionada por el gobierno ha llegado oficialmente a su fin”, afirmó Rubio. El funcionario criticó que la agencia gastó miles de millones en programas que, según su análisis, no beneficiaron suficientemente los intereses estadounidenses. Citó ejemplos como la baja correlación entre la ayuda recibida por países africanos y su apoyo a Estados Unidos en la ONU, o los fondos invertidos en Medio Oriente que no mejoraron la imagen de EE.UU. frente a la competencia china.
El cierre de USAID forma parte de las medidas impulsadas por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Elon Musk, que busca eliminar gasto público considerado innecesario. Solo una pequeña parte de los 13.000 empleados de USAID mantendrán sus puestos, mientras miles de programas de asistencia son recortados.

Las críticas al cierre han sido contundentes. Un estudio publicado en The Lancet estima que los recortes podrían causar más de 14 millones de muertes adicionales para 2030, incluyendo cerca de 4,5 millones de niños menores de 5 años. Los autores advierten que los efectos serían similares a una pandemia mundial o un gran conflicto armado.
Expertos en ayuda humanitaria consideran que la desaparición de USAID deja un vacío en programas críticos de salud, educación y respuesta a crisis. La agencia había sido fundamental en la reducción de mortalidad por VIH/SIDA, malaria y enfermedades tropicales.
El nuevo sistema, llamado America First, promete reducir burocracia y asignar recursos donde puedan tener mayor impacto. Rubio asegura que la ayuda será “selectiva y limitada en el tiempo”, priorizando países que demuestren capacidad para autodesarrollo y alineación con intereses estadounidenses.
El cierre de USAID representa un punto de inflexión en la cooperación internacional. Mientras el Gobierno de Trump celebra una mayor eficiencia y alineación con los intereses nacionales, organizaciones humanitarias advierten de consecuencias catastróficas para millones de personas en países en desarrollo. El mundo observa cómo Estados Unidos redefine su papel como líder en ayuda humanitaria, en un momento donde los desafíos globales requieren más cooperación que nunca.






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