
En Carondelet, la portavoz oficial del Gobierno, Coralina Jaramillo, anunció dos medidas clave en la rueda de prensa semanal. La primera: Petroecuador amplió de 70 a 140 metros la franja de protección del oleoducto SOTE y el poliducto Shushufindi frente a la erosión del río Loco. Esta acción, ejecutada en tres etapas técnicas con apoyo de CELEC y OCP Ecuador, busca garantizar la estabilidad operativa de infraestructuras vitales para las exportaciones de crudo.
La segunda medida: desde el 1 de octubre, 14.687 adultos mayores en situación de vulnerabilidad se incorporan al bono de desarrollo humano. Entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025, el Ejecutivo destinará 631 millones de dólares a pensiones para este grupo, además de invertir más de 95 millones en atención integral —residencial, domiciliaria, diurna y social— para 112.470 personas a nivel nacional.
Ambos anuncios forman parte de lo que el Gobierno denomina el “piso de protección social del Nuevo Ecuador”. Pero más allá del discurso, ¿estas acciones abordan las causas estructurales de la vulnerabilidad energética y social… o solo sus síntomas?






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