Trump reactiva tensión con Dinamarca por control de Groenlandia

La designación de un enviado especial de EE.UU. y advertencias militares generan alerta en Copenhague y fracturan consensos en la OTAN.

Trump reactiva tensión con Dinamarca por control de Groenlandia

El presidente Donald Trump ha reavivado las tensiones con Dinamarca al insistir en que Estados Unidos “necesita” Groenlandia, territorio semiautónomo danés, por razones de seguridad nacional. En diciembre de 2025, su administración nombró un enviado especial para explorar opciones, incluyendo acciones militares, lo que llevó a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, a advertir que un ataque contra la isla activaría el Artículo 5 de la OTAN y pondría fin a la alianza.

¿Por qué Groenlandia?

Trump justifica su interés estratégico en Groenlandia por su ubicación clave en el Ártico, zona disputada por potencias como Rusia y China. Aunque Dinamarca niega una amenaza inminente, la Casa Blanca evalúa “diferentes opciones” para garantizar influencia en la región. Esta no es la primera vez que Trump menciona adquirir la isla: en 2019 propuso comprarla, una idea rechazada tajantemente por Copenhague. Tras su reelección en 2024, el tema resurgió con un tono más confrontativo.

La OTAN al borde de la fractura

Dinamarca, miembro fundador de la OTAN, subraya que Groenlandia está protegida por el Artículo 5, que obliga a aliados a defender a cualquier miembro atacado. Líderes de Francia, Alemania, Reino Unido y otros países europeos respaldaron a Copenhague y exhortaron a Washington a evitar medidas unilaterales. Analistas advierten que una acción militar estadounidense dividiría la alianza trasnscendental, erosionando décadas de cooperación. “Esto no es solo sobre Groenlandia; es sobre la credibilidad de la OTAN”, señaló un diplomático anónimo citado por fuentes europeas.

Respuesta danesa y groenlandesa

Frederiksen calificó las declaraciones de Trump como “una amenaza real” y convocó al embajador de EE.UU. para exigir explicaciones. Por su parte, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, rechazó cualquier intento de “menospreciar el derecho a la autodeterminación” de su pueblo. Dinamarca, además, incrementó su gasto en defensa ártica al 3% del PIB en 2025 y coopera con bases militares estadounidenses en la isla, pero insiste en que la soberanía territorial no es negociable.

La disputa por Groenlandia refleja una nueva era de tensiones entre aliados históricos, donde intereses geopolíticos desafían instituciones multilaterales. Mientras Europa clama por unidad, las acciones de Washington podrían redefinir no solo el equilibrio en el Ártico, sino la propia esencia de la cooperación internacional. La comunidad global observa con inquietud si la diplomacia prevalecerá sobre el unilateralismo.

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