El titular del Interior detalla las medidas tecnológicas y operativas para recuperar el control penitenciario, en medio de críticas por fracasos históricos como La Roca.

En una entrevista exclusiva con Radio Centro Digital, el ministro del Interior de Ecuador, John Reimberg, defendió la cárcel de máxima seguridad El Encuentro como un parteaguas en la lucha contra el crimen organizado. Ubicada en una zona aislada con cinco anillos de seguridad, tecnología de bloqueo de comunicaciones y celdas diseñadas para evitar escondites, la prisión busca terminar con el control de bandas dentro de los penales. La medida surge en un contexto de violencia carcelaria récord y decomisos millonarios de droga, mientras el gobierno impulsa reformas constitucionales para endurecer penas y fortalecer las Fuerzas Armadas.
Tecnología y aislamiento: el modelo de El Encuentro
Reimberg destacó que El Encuentro, inaugurado recientemente, opera bajo protocolos radicales para evitar que los reclusos dirijan actividades criminales desde el interior. “No hay señal celular, internet ni posibilidad de ocultar objetos. Las celdas son de concreto liso, sin espacios para esconder celulares, y los presos están mezclados por grupos criminales: Lobos, Choneros, Tiguerones y Comando de Frontera conviven en el mismo espacio”, explicó. Además, drones de vigilancia interceptan dispositivos no autorizados a 5 km de distancia, y el espacio aéreo está restringido para evitar sobrevuelos.
El ministro contrastó el diseño de El Encuentro con el de La Roca, prisión anteriormente anunciada como “inalcanzable” pero vulnerada por criminales. “La Roca nunca fue de máxima seguridad por su cercanía a zonas urbanas. Ahí encontramos escondites de armas y drogas. Ahora la reconvertiremos para presos de mediana peligrosidad”, admitió, reconociendo los errores históricos en infraestructura carcelaria.

Cooperación internacional y lucha contra el narcotráfico
Frente a acusaciones de Colombia y Venezuela sobre el tráfico de drogas en Ecuador, Reimberg afirmó que el país es “un corredor, no un productor”. Señaló que desde la salida de la base estadounidense de Manta en 2009, las rutas de narcotráfico se expandieron, pero el actual gobierno ya ha decomisado droga por USD 4.400 millones en lo que va del año. “Hemos capturado 12 toneladas en Panamá con apoyo de EE.UU., 10 toneladas en Altamar y 4 toneladas esta semana. La contaminación de droga ahora ocurre en alta mar, no en puertos, gracias a nuestro trabajo”, aseguró.
El ministro vinculó la consulta popular sobre bases militares extranjeras con el combate al crimen: “Con infraestructura y tecnología externa, duplicaremos la afectación económica a las bandas. Destruir sus finanzas es clave: sin dinero, no hay estructuras criminales”.
Reformas judiciales y reestructuración del SNAI
Reimberg criticó las “puertas giratorias” del sistema judicial, donde figuras como el arresto domiciliario permiten la liberación de procesados por delitos graves. “Hemos capturado a criminales 25 veces, pero jueces los sueltan. La prisión preventiva debe ser la primera medida, no la última”, demandó. Anunció una ley para contratar exmilitares y policías retirados con “hojas impecables” como agentes penitenciarios, sin recortar sus pensiones, para reducir la corrupción.
Sobre el colapso del Sistema Nacional de Atención Integral (SNAI), admitió que la reestructuración “tomará tiempo”, pero insistió en que El Encuentro permitirá liberar a la Policía de labores carcelarias y enfocarla en seguridad ciudadana.
Violencia en las cárceles: un reflejo del combate territorial
Consultado sobre el aumento de homicidios en 2025, el ministro atribuyó la violencia a los “golpes” dados a bandas como los Choneros. “Al debilitarlos, otras estructuras pelean por territorios. Es lamentable, pero es señal de que avanzamos”. Sin embargo, reconoció el escepticismo ciudadano tras masacres en Machala y Esmeraldas, prometiendo trasladar a líderes criminales a El Encuentro para “romper su poder”.
La apuesta de Ecuador por El Encuentro simboliza un giro hacia la seguridad basada en tecnología y cooperación internacional, pero enfrenta el desafío de superar décadas de desconfianza en las instituciones. Mientras el gobierno busca aprobar reformas constitucionales y construir una mega cárcel para 15.000 reclusos, el éxito dependerá de evitar los errores del pasado y demostrar que el Estado puede controlar sus cárceles sin sacrificar derechos humanos. Como resumió Reimberg: “El verdadero encuentro no es entre presos y guardianes, sino entre seguridad y justicia”.






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