Rodrigo Borja: El legado democrático que Ecuador no debe olvidar

Fabricio Vela reflexiona sobre la figura del expresidente socialdemócrata y su contribución a la política ecuatoriana en un contexto de polarización actual.

Rodrigo Borja: El legado democrático que Ecuador no debe olvidar

La muerte de Rodrigo Borja, expresidente de Ecuador (1988-1992) y referente histórico de la socialdemocracia en el país, reabre el debate sobre su legado democrático, su defensa de lo público y su trayectoria sin procesos judiciales en un panorama político marcado por la crisis de credibilidad. Fabricio Vela, director de Primera Plana, destacó en su columna A Primera Hora la importancia de revisar su figura para repensar la política actual.

Un referente de la socialdemocracia en América Latina

Rodrigo Borja personificó en Ecuador los principios de la socialdemocracia: un Estado regulador que garantiza salud y educación públicas de calidad, sin eliminar el mercado ni las libertades individuales. Según Vela, Borja defendió siempre “un equilibrio entre el sector privado y el rol del Estado para corregir desigualdades”, priorizando derechos sociales básicos. Su gobierno impulsó reformas en salud pública y educación, manteniendo una postura crítica frente a las privatizaciones extremas.

La Izquierda Democrática (ID), partido fundado por Borja, fue pionero en primarias internas en 1987, un mecanismo hoy común pero revolucionario para la época. Bajo su liderazgo, la ID se convirtió en la organización política más estructurada de los años 80 y 90, con escuelas de formación y una red nacional que hoy está debilitada.

Presidencia sin procesos judiciales: una excepción en Ecuador

Vela subraya un dato clave: Borja es uno de los pocos expresidentes ecuatorianos que no enfrentó juicios tras dejar el cargo. En contraste, figuras como Abdalá Bucaram, Lucio Gutiérrez o Rafael Correa han tenido conflictos legales vinculados a corrupción o violaciones a derechos humanos. “Borja caminaba tranquilo por las calles después de su retiro”, señala Vela, destacando su coherencia al abandonar la política activa en 2002 y dedicarse a la academia.

Sin embargo, su administración no estuvo exenta de críticas. Durante su mandato, Ecuador enfrentó una crisis económica que derivó en el feriado bancario de 1999, aunque este evento ocurrió años después de su gestión. Expertos como el politólogo Esteban Ávila rescatan su “talante democrático” frente a la frivolidad actual: “Hoy lo tacharían de tibio, pero Borja creyó en la democracia representativa y el debate serio”.

El retiro consciente y el legado académico

Tras su última candidatura en 2002, Borja se alejó definitivamente de la política. Vela recalca que, a diferencia de otros líderes que regresan constantemente a la escena pública, Borja cumplió su palabra: “Se dedicó a actualizar el conocimiento político, como su Enciclopedia de la Política“. Este gesto, poco común en la clase política ecuatoriana, refuerza su imagen de integridad para analistas.

Su ausencia durante el correísmo (2007-2017) también generó debates. Algunos cuestionaron su silencio, pero Vela lo defiende: “No era ambición de poder; fue una decisión deliberada para no instrumentalizar su figura”.

La crisis actual y el llamado a recuperar el debate serio

Vela vincula el legado de Borja con la polarización contemporánea: “Hoy prima el marketing político en TikTok y los reels, no las propuestas de fondo”. En un país donde el 78% de los ciudadanos desconfía de los partidos (encuesta CEDATOS, 2024), el director de Primera Plana invita a las nuevas generaciones a estudiar su trayectoria: “Borja no era perfecto, pero entendió que la política debe servir al bien común, no a intereses personales”.

La figura de Rodrigo Borja resurge como un espejo para una política ecuatoriana en crisis. Su defensa de instituciones sólidas, su rechazo al autoritarismo y su apuesta por reformas graduales ofrecen lecciones en un momento donde el cortoplacismo domina el discurso público. Como escribió Ávila: “Con Borja muere una política académica y mesurada”. La pregunta que queda es si Ecuador sabrá honrar ese legado o repetir los errores del pasado.

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