¿Por qué la bonanza petrolera no se convirtió en desarrollo sostenible?

¿Por qué la bonanza petrolera no se convirtió en desarrollo sostenible?

Al inicio del gobierno de Rafael Correa, Ecuador navegaba con viento a favor: precios altos del petróleo, una ciudadanía agotada por la inestabilidad y una promesa contundente: ordenar el Estado y repartir la bonanza. Con amplia legitimidad, se expandió el sector público, se multiplicaron obras y se centralizaron decisiones.

Pero detrás del relato exitoso, había una falla estructural. En vez de crear colchones —fondos de estabilización, reglas fiscales, ahorro— se montó un gasto permanente atado a un precio del crudo fuera de control.

Cuando el petróleo cayó, afloró la fragilidad: déficit, deuda acelerada, reservas bajo presión. Las soluciones fueron parches: emisiones caras, preventas de petróleo, uso del Banco Central. En una economía dolarizada, eso no es un error técnico: es jugar con la estabilidad misma.

Hoy, la herencia es un Estado más caro, crecimiento débil y una transición dolorosa que exige medidas impopulares. El verdadero pecado no fue gastar, sino no ahorrar en la bonanza. Gobernar no es ganar tiempo: es dejar un país menos vulnerable. Y esa factura, todavía la pagamos.

Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.