El alto costo de desmantelar la inteligencia estatal

el alto costo de desmantelar la inteligencia estatal

En los últimos años, Ecuador desmanteló gran parte de su sistema de inteligencia estatal. La intención era cerrar capítulos polémicos del pasado, pero el efecto colateral ha sido devastador: hoy, el crimen organizado se mueve con impunidad.

Coches bomba, bombas extorsión, secuestros y redes financieras ilícitas operan en un vacío institucional. Sin un marco legal y operativo de inteligencia, policía y fiscalía no pueden cruzar datos a tiempo, rastrear rutas del dinero ni coordinar alertas con rigor. La inteligencia no es un lujo: es el cinturón de seguridad del Estado.

No evita todos los choques, pero reduce el daño. El debate no es si debe existir o no, sino qué tipo de inteligencia queremos: una con controles democráticos reales —auditorías, supervisión judicial y veeduría legislativa multipartidista— que equilibre derechos y seguridad.

Derogar de facto este sistema no trajo paz, sino ventaja al enemigo. Un Estado ciego reacciona tarde. Uno con inteligencia y límites puede prevenir, proteger y recuperar el control del territorio. La urgencia nacional es clara: restablecer un sistema robusto, transparente y eficaz.

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