
La derrota del “Sí” en el referéndum no puede ignorarse como un simple revés pasajero. Según Carlos Vera, director de Vera a su manera, capitalizar esta pérdida exige reconocer errores: especialmente en la comunicación y las declaraciones del propio presidente. Mencionar sin pruebas que el agua de Guayaquil está contaminada, anticipar la fusión de IESS con otros entes sin claridad técnica o denigrar a ciudadanos privados de libertad erosionaron la credibilidad de la propuesta.
Incluso acciones como la captura de “Pipo” —aunque contundente contra el narcotráfico— no lograron revertir el rechazo ciudadano, en parte por la falta de un equipo que modere los mensajes presidenciales. Vera subraya que el jefe de Estado necesita voceros capaces de contenerlo antes de que sus palabras dañen la agenda.
El editorial advierte: la oposición no fue el único factor. Prejuicios, rencores y la ausencia de una alternativa creíble jugaron un rol, pero la responsabilidad principal recae en el gobierno. La derrota debe ser lección, no excusa. Convertirla en victoria a largo plazo dependerá de rectificar el rumbo, hablar con verdad y presentar propuestas sólidas —como una constituyente con afines, no incondicionales— que merezcan respaldo ciudadano.







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