Un proyecto de seguridad fronteriza con implicaciones humanitarias y políticas

Teherán está tomando medidas drásticas para frenar la inmigración ilegal procedente de Afganistán y prevenir la infiltración de terroristas del Estado Islámico (EI). El gobierno iraní ha destinado el equivalente a unos tres mil millones de euros para la construcción de un muro de hormigón en su frontera con Afganistán.
El muro, que tendrá 74 kilómetros de largo, cuatro metros de alto y estará equipado con alambre de púas, se construirá en el noreste de Irán, una zona conocida por ser un punto de cruce frecuente de la frontera con Afganistán. La construcción de este muro se produce en un momento de creciente inseguridad en la frontera con Afganistán, tras la llegada al poder de los talibanes y el aumento de los ataques del EI.
La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que casi 4,5 millones de afganos ya viven en Irán, muchos de los cuales han huido de la guerra civil, la pobreza y ahora de los talibanes en Afganistán. Sin embargo, este muro ha generado controversia, especialmente entre los agricultores iraníes que trabajan en tierras de cultivo ubicadas entre el muro y la frontera, y que han sido objeto de ataques por parte de los talibanes.

A pesar de las críticas, el gobierno iraní sostiene que el muro es necesario para la seguridad nacional y para combatir el contrabando de gasolina de Irán a Afganistán y de drogas de Afganistán a Irán. Sin embargo, algunos diputados de la región piden que se derribe el muro, argumentando que no es ni un muro fronterizo ni un muro de seguridad, y que solo complica la vida de los agricultores iraníes.
Fuente: prensa.ec

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