El fundador del medio alternativo cuestiona la transacción en un contexto de presión política y sostenibilidad económica, destacando su rol en los hechos de octubre 2019.

La venta de Radio La Calle, medio digital fundado en 2019 para cubrir los movimientos sociales durante las protestas de octubre en Ecuador, fue anunciada públicamente el pasado fin de semana. Santiago Aguilar Morán, su creador, asegura que la transacción responde a una estrategia de “cotar los espacios críticos” por parte del poder político, mientras cuestiona la justificación de “insostenibilidad económica” esgrimida por los actuales gestores. El caso revive el debate sobre la financiación y autonomía de los medios alternativos en América Latina.
El contexto de la venta: entre la confianza rota y la presión política
Según Aguilar, quien fungió como figura visible del medio hasta su salida en 2021 para ocupar cargos en la Secretaría de Comunicación del Municipio de Quito y luego en la Asamblea Nacional, la venta se produjo tras una gestión delegada “en manos amigas” durante su ausencia. Al regresar, detectó cambios en la línea editorial y en el tratamiento de temas sensibles, como los sucesos de octubre 2019, donde Radio La Calle se destacó por narrar las protestas desde la perspectiva de “luchadores populares” frente al término “vándalos” usado por medios tradicionales.
Aguilar explicó en la entrevista con A PRIMERA HORA que nunca tuvo acciones formales en el medio, ya que el registro mercantil no se completó en su momento. Al delegar su gestión, confió en que los nuevos responsables “institucionalizarían” el proyecto, pero al intentar reintegrarse, descubrió que los derechos habían sido transferidos a terceros. “Me arrepiento de haber encargado esto en sus manos”, admitió, sin nombrar a los involucrados por respeto a sus familias.
Financiamiento y sostenibilidad: el dilema de los medios alternativos
Radio La Calle operó con un modelo híbrido: suscripciones mensuales (entre 2 y 10 dólares), ingresos por publicidad digital y transmisiones de eventos como el ciclismo, novedad en medios ecuatorianos. Pese a ello, Aguilar reconoció que el sostenimiento dependió en gran medida de aportes personales de su equipo, incluido él mismo. “Nunca fue un negocio; era un espacio de disputa del relato”, subrayó, criticando que la nueva administración justifique la venta por “insostenibilidad económica”.
El fundador destacó que los medios comunitarios enfrentan tres desafíos: la falta de cultura de financiamiento ciudadano (como el crowdfunding), la estigmatización de la cooperación internacional (“te tachan de agente de la CIA”) y la ausencia de políticas públicas para sostenerlos. Aunque las Naciones Unidas exigen a los gobiernos financiar medios independientes, en Ecuador este compromiso es incumplido, según Aguilar.
La disputa del relato: ¿hacia una “medianoche polar”?
Para Aguilar, la venta simboliza una tendencia más amplia: la captura de narrativas críticas por actores políticos. “Estamos viviendo una medianoche polar, como anunció Weber antes del nazismo”, advirtió, aludiendo a cómo el control mediático silencia voces disidentes mientras se agravan crisis sociales, como la falta de medicinas en hospitales. Radio La Calle, nacida en las calles durante las protestas de 2019, representaba una alternativa a los grandes medios, pero su cambio de manos —según su fundador— la alinea ahora con “el otro lado” ideológico.
Aunque el medio se identificó históricamente con la izquierda y la Revolución Ciudadana, Aguilar aclaró que nunca recibió fondos de este movimiento: “El expresidente Correa me confirmó que ni un centavo financió Radio La Calle”. La transacción, en su opinión, no responde a motivos económicos, sino a una estrategia para neutralizar espacios que cuestionan el poder.
Reflexiones para el futuro: más allá del espacio digital
Aguilar propone tres pilares para fortalecer los medios alternativos: transparencia en financiamiento (revelar quién los sostiene), responsabilidad estatal en su apoyo y compromiso ciudadano. “Si los sectores sociales no tienen poder político, jamás cambiarán las condiciones económicas”, afirmó, anunciando su intención de trasladar su labor al “mundo real”, con enfoque comunitario.
El caso de Radio La Calle refleja un patrón regional: en América Latina, el 67% de los medios independientes dependen de fondos externos o donaciones, según un estudio de la UNESCO (2023). Sin embargo, su legitimidad se ve cuestionada por gobiernos que los acusan de “agentes extranjeros”, dificultando su supervivencia.
La venta de Radio La Calle no es solo un hecho empresarial, sino un síntoma de la batalla por controlar la narrativa pública en Ecuador. Mientras los medios tradicionales amplifican perspectivas hegemónicas, los alternativos luchan por existir en un ecosistema hostil. Como advirtió Aguilar, sin apoyo ciudadano, transparencia y políticas públicas, estos espacios —clave para la democracia— seguirán desapareciendo, dejando un vacío que solo beneficia a quienes buscan monopolizar la verdad.






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