El gobierno mexicano endurece políticas comerciales con Beijing, anticipándose a la evaluación del tratado con EE.UU. y Canadá en 2026, mientras expertos advierten sobre riesgos de represalias.

México ha implementado medidas proteccionistas contra importaciones chinas en noviembre de 2025, en un contexto de tensión geopolítica previo a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para mediados de 2026. La decisión, confirmada por fuentes oficiales y analistas internacionales, busca proteger sectores estratégicos pero genera preocupación por posibles represalias económicas de China, su segundo socio comercial. Este giro redefine alianzas en América Latina y expone la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.
El contexto geopolítico: un tablero en movimiento
Según un reporte de Reuters del 15 de noviembre de 2025, México incrementó aranceles a productos chinos como acero, electrónicos y textiles, argumentando “defensa de la industria nacional”. La Secretaría de Economía mexicana no ha detallado cifras, pero fuentes anónimas citadas por Bloomberg señalan que las medidas afectan el 18% de las importaciones desde China. El timing coincide con negociaciones internas para la revisión del T-MEC, donde Washington exige mayores controles a inversiones extranjeras no aliadas.
El analista Carlos Sánchez, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirma a El Economista: “México intenta equilibrar su dependencia de EE.UU., que absorbe el 80% de sus exportaciones, con la necesidad de no alienar a un socio como China, clave en manufacturas y tecnología”. Entre enero y octubre de 2025, el intercambio bilateral alcanzó los 114.000 millones de dólares, según datos de la Administración General de Aduanas de China.
Respuesta de China: señales de alerta
Pekín ha evitado declaraciones públicas contundentes, pero el diario estatal Global Times publicó el 18 de noviembre un editorial advirtiendo sobre “consecuencias simétricas” si las medidas persisten. Fuentes diplomáticas consultadas por Xinhua revelan que Beijing evalúa limitar importaciones de agroindustria mexicana —como tequila y berries—, sector que emplea a más de 500.000 personas.
El embajador de China en México, Zhu Qinglai, sostuvo reuniones “de cortesía” con el canciller mexicano, pero evitó comentarios públicos. Mientras, la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) alerta sobre riesgos para pymes que dependen de insumos chinos. “Un 30% de nuestras empresas reportan retrasos en envíos desde octubre”, declaró su presidente, Eduardo Solís.
T-MEC 2026: la sombra que guía las decisiones
El artículo 34.7 del T-MEC exige una revisión obligatoria seis años tras su entrada en vigor (2020). Un documento filtrado del Office of the U.S. Trade Representative (USTR), fechado en noviembre de 2025, muestra presión estadounidense para incluir cláusulas anti-China, especialmente en energía y autos eléctricos. México, que busca atraer inversiones de Tesla y General Motors, podría ceder a estas demandas para mantener acceso al mercado estadounidense.
“No es casualidad que México actúe ahora”, explica la doctora Laura Rojas, especialista en comercio de la OMC. “Anticipa exigencias de EE.UU. para blindar el tratado, pero subestima la capacidad de respuesta de China en mercados como América Central, donde compite directamente”. Según El Financiero, empresas mexicanas han perdido contratos en Guatemala y El Salvador ante ofertas chinas más competitivas desde septiembre.

Voces críticas y escenarios posibles
Organizaciones como México Evalúa cuestionan la falta de transparencia en las medidas. “No hay estudios públicos que justifiquen estos aranceles”, señala su director, Claudio X. González. Mientras, el sector automotriz —clave en el T-MEC— enfrenta dilemas: depende de autopartes chinas pero debe cumplir normas de contenido regional del 75% para acceder a beneficios arancelarios.
Escenarios proyectados por Control Risks (noviembre 2025):
- Bajo impacto (40% de probabilidad): China responde con restricciones selectivas, pero México compensa con acuerdos en la Alianza del Pacífico.
- Alto impacto (30%): Guerra comercial limitada, con caída del 5% en exportaciones mexicanas a Asia en 2026.
- Riesgo sistémico (30%): Pekín impulsa alianzas en la CELAC para marginar a México, erosionando su liderazgo regional.
La apuesta de México por priorizar su relación con Norteamérica frente al gigante asiático refleja una realidad multipolar donde los pequeños y medianos actores deben navegar entre bloques en disputa. La revisión del T-MEC en 2026 no solo definirá reglas comerciales, sino que sentará precedentes sobre cómo América Latina maneja su autonomía estratégica. La transparencia y el multilateralismo serán claves para evitar que los ciudadanos paguen el costo de una carrera de poderes que trasciende sus fronteras.









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