
La inseguridad ciudadana en Ecuador genera angustia cotidiana: transeúntes vigilan sus espaldas al caminar, padres aguardan a sus hijos fuera de las escuelas y semáforos se convierten en zonas de alto riesgo. Jimmy Jairala, director de Un Café con JJ, cuestiona la “justicia blanda” que permite a delincuentes reincidentes —capturados hasta siete veces— evitar la cárcel mediante medidas como presentación periódica ante fiscales, pese a ser sorprendidos in fraganti.
Destaca casos de acusados de sicariato a quienes se les otorga prohibición de salida en lugar de prisión preventiva, medida de última ratio exigida por la ley. Este enfoque, argumenta, ignora que individuos con múltiples antecedentes representan un peligro inminente, tal como lo demuestran casos recientes de violencia. “¿Un sicario acudirá voluntariamente a una cita judicial?”, cuestiona, señalando que esta permisividad perpetúa ciclos de violencia. Subraya que, aunque existen excepciones, la falta de rigor erosiona la confianza ciudadana.
En un contexto de violencia récord, su mensaje es claro: sin aplicación estricta de la justicia, ninguna política de seguridad funcionará. La disyuntiva es clara: mientras el sistema judicial opta por medidas simbólicas, la ciudadanía paga el precio en inseguridad y miedo. La solución, propone Jairala, requiere priorizar la seguridad pública sobre tecnicismos legales.






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