
Venezuela denunció en la madrugada del 3 de enero una agresión militar atribuida a Estados Unidos, según declaraciones del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. El funcionario aseguró que helicópteros y misiles impactaron zonas civiles en Fuerte Tiuna, Caracas, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira, generando víctimas que aún se cuantifican.
Ante esto, el gobierno activó el estado de conmoción nacional, respaldado por la Constitución y leyes de seguridad, movilizando todas las capacidades de la Fuerza Armada para repeler lo que calificó como una “invasión imperialista”. Padrino López exigió condena internacional por la presunta violación al derecho soberano y la Carta de la ONU, rechazando que la operación responda a combate al narcoterrorismo.
En un llamado a la unidad, el ministro instó a evitar el pánico y reforzar la resistencia civil-militar, destacando que “la patria no se negocia”. Mientras el presidente Nicolás Maduro ratifica el despliegue defensivo, la comunidad global observa un escenario que podría escalar tensiones en América Latina.
La crisis exige verificar fuentes y evaluar implicaciones geopolíticas en un mundo donde los conflictos frontales resurgen








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