En el Día Internacional de la Mujer, activistas y líderes reflexionan sobre la necesidad de un feminismo interseccional que aborde las desigualdades de clase, raza y género.
El 8 de marzo no es solo una fecha para conmemorar, sino para reflexionar y actuar. En un mundo donde las mujeres enfrentan múltiples formas de opresión, el feminismo debe ser un movimiento diverso, inclusivo y comprometido con la justicia social. ¿Cómo lograrlo? Activistas, académicas y artistas comparten sus visiones en un diálogo profundo y transformador.

El Día Internacional de la Mujer, celebrado cada 8 de marzo, es una fecha que trasciende las fronteras y las culturas. Sin embargo, en un mundo marcado por la desigualdad, la violencia machista y la exclusión, la conmemoración debe ir más allá de los discursos y las marchas. Debe ser un espacio para reflexionar sobre las múltiples formas en que las mujeres experimentan la opresión y para construir un feminismo que sea verdaderamente inclusivo y transformador.
En un programa especial titulado 8M: Tiempo de Mujeres, organizado por la Escuela de Ciudadanía y Radio Pichincha, activistas, académicas y artistas se reunieron para debatir sobre los desafíos y las oportunidades del feminismo en el Ecuador y América Latina. Entre las participantes estuvieron Marcela Arellano, presidenta de la Central Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas (CEDOCUT); Nua Fuentes, socióloga y analista de políticas públicas; Angélica Porras, doctora en jurisprudencia y defensora de derechos humanos; y Ana Gabriela Cano, conocida como Black Mama, artista y activista afroecuatoriana.
Uno de los temas centrales del debate fue la necesidad de un feminismo interseccional, que reconozca y aborde las múltiples formas de opresión que enfrentan las mujeres. “No se trata solo de luchar por los derechos de las mujeres, sino de entender que nuestras luchas están entrelazadas con las de otras personas que enfrentan discriminación por su raza, clase, orientación sexual o identidad de género”, explicó Nua Fuentes.

Black Mama, por su parte, destacó la importancia de visibilizar las luchas de las mujeres afrodescendientes e indígenas, quienes históricamente han sido marginadas y excluidas. “En Ecuador, el racismo estructural sigue siendo una realidad. Las mujeres negras no solo enfrentamos el machismo, sino también la discriminación racial. Necesitamos políticas públicas que reconozcan nuestra historia y nuestro aporte al país”, afirmó.
Otro tema clave fue la explotación económica de las mujeres, especialmente en el contexto del capitalismo global. Angélica Porras señaló que las mujeres no solo son explotadas en el ámbito laboral, sino también en el doméstico. “Las mujeres trabajan 33 horas más a la semana que los hombres en labores de cuidado, como lavar, planchar y cuidar a los hijos. Esto no solo es injusto, sino que también limita nuestras oportunidades de desarrollo personal y profesional”, explicó.
Marcela Arellano añadió que la precarización laboral afecta especialmente a las mujeres de bajos recursos, quienes a menudo se ven obligadas a aceptar trabajos informales y mal remunerados. “Necesitamos una nueva matriz productiva que priorice el bienestar de las personas sobre el lucro. El cuidado debe ser reconocido como un derecho y no como una carga exclusiva de las mujeres”, afirmó.
El debate también abordó el tema del poder y la representación. ¿Qué significa tener mujeres en posiciones de poder en un sistema que sigue siendo machista y excluyente? Para Black Mama, el problema no es solo quién ocupa el poder, sino cómo se ejerce. “Muchas mujeres, una vez que alcanzan posiciones de poder, reproducen las mismas estructuras de opresión que las oprimieron. Necesitamos un cambio cultural que nos permita ejercer el poder de manera colectiva y solidaria”, señaló.
Nua Fuentes coincidió en que el cambio debe ser estructural. “No basta con tener mujeres en el gobierno o en las empresas. Necesitamos transformar las instituciones para que sean verdaderamente inclusivas y equitativas. Eso requiere unidad, organización y una visión compartida de justicia social”, afirmó.
Al finalizar el programa, las participantes coincidieron en que el 8 de marzo debe ser un espacio para todas las mujeres, independientemente de su raza, clase u orientación sexual. “Necesitamos un 8M antirracista, anticlasista y antifascista. Un 8M que no solo nos una en la lucha, sino que también nos permita descansar, reflexionar y soñar con un futuro mejor”, concluyó Marcela Arellano.
El Día Internacional de la Mujer es una oportunidad para reflexionar sobre los avances y los desafíos del feminismo. Pero también es un llamado a la acción. ¿Cómo podemos construir un movimiento que sea verdaderamente inclusivo y transformador? La respuesta está en la unidad, la solidaridad y el compromiso con la justicia social.






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