La desaceleración económica, el frágil sector inmobiliario y la amenaza de nuevas tarifas de Trump complican las perspectivas de crecimiento de China.
Con un crecimiento proyectado del PIB de apenas 4.5% para 2025, China enfrenta serios desafíos económicos y políticos. La desaceleración del consumo interno, el colapso del mercado inmobiliario y la incertidumbre en sus relaciones comerciales con Estados Unidos son los principales obstáculos.

China concluye otro año de crecimiento lento, con una tasa del PIB que pasó del 5.2% en 2023 al 4.8% en los primeros tres trimestres de 2024. Este deterioro ha sido impulsado por una débil demanda interna, una caída en la inversión privada y un sobreendeudamiento de los gobiernos locales. Según proyecciones, el crecimiento podría reducirse aún más, situándose en un 4.5% en 2025.
El gobierno chino ha implementado medidas fiscales y monetarias expansivas, como la inyección de 10 billones de yuanes en un plan de intercambio de deuda para estabilizar las finanzas locales y las reducciones de tasas de interés por parte del Banco Popular de China. Sin embargo, estos estímulos no han generado una recuperación significativa. “China se encuentra en una trampa de liquidez, donde los consumidores prefieren ahorrar en lugar de gastar”, señala Lizzi C. Lee, experta en economía china del Asia Society.
El sector inmobiliario, que representa el 20% del PIB y el 70% de la riqueza de los hogares, sigue siendo un problema central. Pese a los esfuerzos por estabilizar este mercado, como el aumento en la emisión de bonos gubernamentales especiales, el consumo y la inversión en vivienda permanecen débiles.

Según el economista Wang Guochen, “el gobierno debe considerar la compra de inventarios de viviendas locales para establecer un ‘piso’ en el mercado inmobiliario”. Sin una recuperación sustancial en este sector, el crecimiento económico seguirá limitado.
La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025 representa otro desafío importante. Trump ha prometido imponer tarifas del 60% sobre las importaciones chinas, lo que podría reducir el PIB chino en un 1.5%, según estimaciones del banco Goldman Sachs. Aunque las primeras señales del nuevo gobierno, como la invitación de Xi Jinping a la toma de posesión de Trump, sugieren un enfoque menos agresivo, las tensiones comerciales aún son inminentes.
China, por su parte, refina su estrategia de respuesta. Esto incluye controles más estrictos sobre exportaciones, investigaciones de ciberseguridad y una mayor inversión en independencia tecnológica, especialmente en el sector de semiconductores. Sin embargo, estas medidas no garantizan el éxito y podrían ralentizar otros sectores clave.
El crecimiento económico de China dependerá de su capacidad para implementar reformas estructurales y estímulos efectivos. Las medidas anunciadas en la última Conferencia Central de Trabajo Económico incluyen aumentar la eficiencia de las inversiones, expandir la demanda interna y reducir las tasas de interés. Sin embargo, el éxito dependerá de la confianza de consumidores e inversionistas, que sigue siendo baja.
En un entorno cada vez más complejo, marcado por tensiones externas y desafíos internos, la pregunta clave es: ¿Podrá China evitar una recesión prolongada y recuperar el impulso económico en 2025?
Fuente: prensa.ec






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