
¿Por qué sectores poderosos se oponen a la Constitución de Montecristi desde su aprobación en 2008? Según el economista Alberto Acosta, la respuesta es clara: porque pone en riesgo sus privilegios. A diferencia de las 19 constituciones anteriores, que consolidaron un statu quo de desigualdad y dominación, la de Montecristi plantea un proyecto de vida en común, basado en la justicia social, la justicia ecológica y la plurinacionalidad.
Reconoce derechos colectivos a pueblos indígenas, afroecuatorianos, montubios y mestizos, y otorga derechos a la naturaleza. Para Acosta, esta carta magna no busca mantener el orden existente, sino transformarlo democráticamente. Hoy, frente a la iniciativa del gobierno de Daniel Noboa de convocar una nueva asamblea constituyente, el debate vuelve con fuerza.
¿Se trata de profundizar la democracia o de desmontar garantías sociales y ambientales? La ciudadanía ecuatoriana, que luchó décadas por estos derechos, está atenta. Defendamos el legado constitucional con información rigurosa y participación activa.






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