En un año y medio, el proyecto liderado por la primera dama Lavinia Valbonesi ha capacitado a 50.000 mujeres y generado 7.000 empleos dignos.

La Fundación ANA, impulsada por la primera dama de Ecuador, Lavinia Valbonesi, presentó los avances de su iniciativa en el Forbes Ecuador, Mujeres Power Summit, destacando logros en educación, empleabilidad y prevención de violencia de género. Desde su lanzamiento hace 18 meses, la fundación ha integrado a más de 400.000 mujeres en su red, ofreciendo formación en áreas tradicionales y emergentes como inteligencia artificial, mecánica y construcción, con el respaldo de alianzas público-privadas y una plataforma digital propia.
Una respuesta estructurada a la violencia de género
La Fundación ANA nació como respuesta a cifras alarmantes: siete de cada 10 mujeres en Ecuador han sufrido algún tipo de violencia, y solo tres de cada 10 tienen un empleo digno o acceso a educación superior. Valbonesi, influencer antes de asumir el rol de primera dama, identificó en las redes sociales y en recorridos territoriales una necesidad urgente de intervención integral.
Sin presupuesto estatal ni rol institucional formal —una característica histórica del cargo de primera dama en Ecuador—, la fundación se ha sostenido exclusivamente con apoyo del sector privado. Su enfoque se centra en romper ciclos intergeneracionales de violencia mediante tres pilares: educación, empleabilidad y prevención.
El nombre “ANA” rinde homenaje a una mujer ecuatoriana cuya historia simboliza tanto el sufrimiento como la superación. “Queríamos un rostro real, no un ideal abstracto”, explicó Valbonesi durante su intervención en el Forbes Ecuador, Mujeres Power Summit.
Educación con enfoque disruptivo
La fundación ha establecido convenios con más de 50 universidades e institutos nacionales e internacionales, ofreciendo becas en áreas no tradicionales para mujeres, como soldadura, electricidad, plomería, mecánica automotriz e inteligencia artificial. Recientemente, entregó 100 becas en Madrid a mujeres migrantes ecuatorianas en esta última disciplina.
Además, lanzó una plataforma digital hace tres meses que ya registra más de 50.000 inscritas. Los cursos —tanto pregrabados como en vivo— incluyen certificaciones con universidades internacionales y están diseñados para mujeres con limitaciones de movilidad o responsabilidades familiares. “Muchas se conectan desde sus cocinas o habitaciones, mientras cuidan a sus hijos”, señaló Valbonesi.
Este modelo híbrido permite escalar el impacto sin depender únicamente de infraestructura física, aunque la fundación también inaugurará próximamente un centro integral en Quito con talleres presenciales, asesoría jurídica, psicológica y atención médica gratuita.
Empleabilidad como motor de independencia
Más allá de la capacitación, la Fundación ANA ha logrado alianzas estratégicas con empresas privadas para garantizar la inserción laboral. Un ejemplo es su convenio con una constructora que emplea a mujeres formadas en oficios técnicos, en un sector donde apenas el 3,9 % de la fuerza laboral es femenina.
También impulsa emprendimientos individuales en áreas como repostería, belleza o chocolatería, brindando acompañamiento en comercialización y gestión. Hasta la fecha, 7.000 mujeres han obtenido empleo digno y 5.000 han lanzado sus propios negocios.
Valbonesi subrayó que “el empleo es el regalo más grande: permite la independencia económica y rompe la dependencia en contextos de violencia”.
Sostenibilidad y expansión nacional
Para asegurar su continuidad más allá del ciclo político, la fundación lanzará una línea de productos de cuidado personal bajo la marca ANA, 100 % fabricados en Ecuador. Los ingresos de estas ventas financiarán operaciones y permitirán la apertura del primer centro de acogida privado para mujeres víctimas de violencia, con capacidad para 50 mujeres y sus hijos.
Además, la fundación ha respondido a emergencias nacionales —sequías, inundaciones, incendios— con kits de ayuda, medicinas y tratamientos médicos, incluyendo trasplantes internacionales. Solo en el último año, invirtió USD 1,8 millones en atención médica, gestionados íntegramente con donaciones privadas.
Como parte de su expansión, coordinó una alianza inédita entre 53 universidades ecuatorianas para realizar brigadas médicas simultáneas en todo el país, integrando a estudiantes en pasantías con impacto social real.
Más allá de los números
Con una meta de medio millón de mujeres en su red, 100.000 graduadas y 10.000 empleos generados antes de fin de año, la Fundación ANA representa un modelo innovador de acción social sin recursos públicos. Su éxito radica en combinar empatía con estrategia, tecnología con territorio, y alianzas con autonomía.
Como afirmó Valbonesi: “Si cambias una vida, cambias el mundo”. En Ecuador, ese cambio ya tiene nombre: ANA.






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