
En un acto simbólico en Quito, el ministro de Desarrollo Económico, Harold Burbano, anunció una expansión histórica del Bono de Desarrollo Humano: 55 000 nuevos hogares se suman al programa, elevando la cobertura a 1,55 millones de familias en todo el país. La medida, según explicó, se financia con la redistribución de recursos previamente destinados al subsidio del diésel, que —afirmó— “han sido desviados al contrabando y a redes mafiosas”.
Burbano destacó que esta decisión del Gobierno de Daniel Noboa representa una inversión anual de 60 millones de dólares adicionales, con un impacto económico total de cerca de 1 350 millones de dólares al año en consumo local. “Estos recursos ahora llegan directamente a los hogares en los deciles de pobreza más bajos”, señaló, al agradecer al presidente por “pensar en la gente”.
El anuncio se enmarca en la política de reasignación de subsidios impulsada por el Ejecutivo, que busca focalizar el gasto social en quienes más lo necesitan. Sin embargo, expertos advierten que el éxito dependerá de la transparencia en la entrega y del monitoreo de resultados. ¿Logrará esta medida reducir la pobreza o generará nuevos desafíos en su implementación? La respuesta está en los próximos meses.






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