
¿Te suena? Si el gobierno actúa, lo llaman dictador; si no hace nada, lo tildan de cómplice. En Ecuador llevamos décadas atrapados en ese círculo vicioso: criticar por sistema. Hoy, mientras un presidente intenta —con errores, sí— recuperar el control de cárceles y calles, muchos prefieren gritar desde la tribuna antes que sumar. Señalan espionaje, shows mediáticos o peligros inexistentes, pero no proponen. Resultado: los sicarios, los GDOs y las mafias siguen operando impunes. Esta editorial no pide aplausos ciegos; pide coherencia. Fiscalizar sí, pero no estorbar por protagonismo. Porque mientras unos juegan a dueños de la verdad, las balas siguen silenciando vidas. Si no vas a ayudar, por lo menos no pongas palos en la rueda.




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