Gestión de riesgos en Ecuador: ¿Estamos preparados para enfrentar las crisis que vienen?

Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador, analiza los desafíos y avances en la gestión de riesgos en un país expuesto a desastres naturales y crisis sociales.

En un país como Ecuador, donde los fenómenos naturales son recurrentes y las crisis sociales y económicas se profundizan, la gestión de riesgos se convierte en una prioridad. Cristopher Velasco, experto en el tema, nos explica los aciertos, desafíos y las urgentes necesidades de una política pública que no solo responda a las emergencias, sino que también las prevenga.

Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador

Ecuador es un país de contrastes: su riqueza natural y biodiversidad lo convierten en un paraíso, pero también lo exponen a constantes amenazas. Inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y deslizamientos son solo algunos de los fenómenos que ponen en riesgo a la población. Sin embargo, según Cristopher Velasco, el verdadero desafío no son los eventos naturales en sí, sino la falta de una gestión de riesgos integral y sostenible.

Velasco destaca la promulgación de la Ley de Gestión de Riesgos en enero de 2024 como un avance significativo. “Después de 16 años sin una normativa clara, esta ley y su reglamento son un acierto”, afirma. Sin embargo, advierte que la ley no será efectiva si no se implementa correctamente. “No puede convertirse en letra muerta. Necesitamos que las disposiciones se cumplan y que no sean solo enunciativas”.

Uno de los mayores desafíos es la falta de recursos. “La crisis económica limita la capacidad de los gobiernos locales y nacionales para invertir en prevención y mitigación”, explica Velasco. A pesar de esto, reconoce los esfuerzos realizados, pero insiste en que se necesita más coordinación y anticipación. “No podemos esperar a que ocurran las emergencias para actuar. Debemos invertir en obras de mitigación y mantenimiento preventivo”.

Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador

En un contexto electoral, Velasco hace un llamado a la gobernanza. “Es crucial dejar de lado las banderas políticas y trabajar juntos por el bien común”, señala. Critica las narrativas simplistas que atribuyen los desastres únicamente a fenómenos naturales. “No es solo el Niño o las lluvias intensas. Es la falta de planificación y la vulnerabilidad estructural lo que agrava los impactos”.

Velasco enfatiza la necesidad de tomar decisiones anticipadas y mejorar la articulación entre los diferentes niveles de gobierno. “No podemos seguir justificando que Portoviejo se inunde cada año sin hacer nada al respecto”, dice. Propone acciones concretas, como el mantenimiento de vías, la estabilización de taludes y la limpieza de cunetas. “Estas son medidas que pueden reducir significativamente los impactos de las emergencias”.

Otro punto clave es la percepción de la ciudadanía. “La gente no solo quiere asistencia humanitaria; quiere medios de vida, trabajo y calidad de vida”, afirma Velasco. Critica la falta de planes familiares de emergencia y la poca preparación de la población. “Aseguramos más nuestros autos que nuestras viviendas. Eso tiene que cambiar”.

Velasco también destaca la importancia de la tecnología y la cooperación internacional. “Tenemos que aprovechar las herramientas tecnológicas para monitorear riesgos y tomar decisiones informadas”, dice. Además, sugiere activar líneas de contingencia con organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial para obtener recursos adicionales.

La gestión de riesgos no es solo responsabilidad del Estado; es un compromiso de todos. Velasco concluye con un mensaje claro: “Tenemos que aprender a convivir con los riesgos, pero también tenemos que trabajar juntos para reducirlos. La prevención y la preparación son clave para proteger a nuestras comunidades y garantizar un futuro más seguro”.

Ecuador enfrenta desafíos complejos, pero también tiene la oportunidad de construir un sistema de gestión de riesgos robusto y efectivo. La pregunta que queda en el aire es: ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestra forma de pensar y actuar para proteger a las generaciones futuras?

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