El mandatario estadounidense busca reducir el déficit comercial y posicionar a gigantes tecnológicos en el gigante asiático durante su visita oficial.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inicia este miércoles 13 de mayo una visita oficial de tres días a China con un objetivo central: solicitar formalmente al presidente Xi Jinping la apertura del mercado chino para las empresas estadounidenses. En un contexto de tensiones por el vínculo de Pekín con Irán y la competencia en inteligencia artificial, la cumbre busca definir el rumbo del comercio mundial y la estabilidad en el estrecho de Taiwán. Trump llega acompañado de una delegación de alto nivel integrada por los directivos de las multinacionales más influyentes del mundo.
Una delegación empresarial sin precedentes
El mandatario estadounidense viaja junto a una comitiva de líderes corporativos que incluye a Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple), y Jensen Huang (Nvidia), desmintiendo versiones previas sobre la ausencia de este último. La Casa Blanca confirmó que directivos de firmas como Boeing, Goldman Sachs, Meta, BlackRock y Visa también forman parte de la delegación.
Trump manifestó que su intención es que estos empresarios puedan “hacer su magia” y contribuir al desarrollo chino, siempre que se eliminen las barreras de entrada actuales. Esta presión se produce en un momento en que China mantiene aranceles elevados, como el impuesto del 125% a bienes estadounidenses, en respuesta a las políticas arancelarias de la administración Trump.
El boato imperial y la diplomacia de Xi Jinping
China ha preparado una recepción que evoca el protocolo reservado para los emperadores. La agenda incluye una visita al Templo del Cielo y banquetes de Estado en el Gran Salón del Pueblo. Los preparativos en la plaza de Tiananmen sugieren eventos coreografiados para halagar al mandatario estadounidense, quien ha expresado reiteradamente su respeto por la figura de Xi Jinping.
Sin embargo, analistas advierten que esta “pompa” tiene un trasfondo estratégico. Mientras que en 2017 la visita fue calificada como “Estado-plus”, la actual ocurre en un clima de mayor rivalidad estratégica. Pekín podría estar utilizando el espectáculo visual para ganar tiempo y concesiones económicas, especialmente ante las próximas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Los puntos de fricción: Irán y la guerra comercial
No todo será protocolo. La agenda está marcada por la situación en el estrecho de Ormuz y el papel de China como principal comprador de petróleo iraní. Aunque Pekín ayudó a facilitar un frágil alto el fuego en la región, su influencia sobre Teherán sigue siendo un punto de tensión para la Casa Blanca.
En el ámbito comercial, el historial es complejo. Los acuerdos no vinculantes por 250,000 millones de dólares alcanzados en 2017 nunca se materializaron completamente. Actualmente, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, insiste en que el objetivo primordial sigue siendo la reducción del déficit comercial, a pesar de la tregua alcanzada el otoño pasado que limitó los aranceles en ambos lados.

El futuro de la tecnología y la seguridad
La competencia por el liderazgo en Inteligencia Artificial (IA) y la seguridad de Taiwán cierran los temas críticos de la agenda. Trump ha sugerido que su relación personal con Xi podría evitar un conflicto militar, aunque no descarta la venta de armas a la isla. Al mismo tiempo, empresas como Apple han comenzado a diversificar su producción hacia India para mitigar los riesgos de la dependencia manufacturera en suelo chino.






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