
¿Una nueva Constitución resolverá los problemas del país? Alexis Moncayo, de Punto Noticias, plantea una advertencia contundente: el problema no es el texto constitucional, sino quiénes lo redactan. Citando a Jaime Nebot, recuerda que Ecuador iría a su Constitución número 21 —más que Finlandia o Noruega— sin que eso haya traducido en desarrollo. Estados Unidos, en cambio, mantiene una sola Constitución desde 1787, aunque enmendada.
Moncayo subraya que la calidad de una constituyente depende de las personas que la integren. Y cuestiona duramente la idoneidad de algunos actores políticos actuales: menciona casos como los de Sergio Peña o figuras vinculadas a movimientos que, tras ser electos, cambiaron de bando y han mostrado conductas inadecuadas en redes sociales.
Si quienes hoy no logran redactar reformas legales de tres páginas —y cuyos proyectos son constantemente observados por la Corte Constitucional— fueran los encargados de escribir una nueva Carta Magna, el riesgo sería enorme.
En un escenario donde la volatilidad política podría entregar el control de la Asamblea Constituyente a fuerzas con baja capacidad técnica, Moncayo coincide con Nebot: una nueva Constitución no es, por sí sola, la solución. La verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a confiar el futuro del país a quienes han demostrado incapacidad legislativa?






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