Enigmas de la historia: las siete escrituras antiguas que la ciencia no puede descifrar

Investigadores y tecnologías avanzadas intentan resolver los códigos de civilizaciones perdidas que carecen de registros bilingües.

Enigmas de la historia: las siete escrituras antiguas que la ciencia no puede descifrar

Arqueólogos y lingüistas se enfrentan actualmente a sistemas de escritura antiguos que siguen siendo un misterio, incluso con el uso de alta tecnología e inteligencia artificial. Estos legados reflejan grandes civilizaciones cuya escritura es visible, pero cuyo mensaje no se comprende. Svenja Bonmann, lingüista de la Universidad de Colonia especializada en la lingüística histórico-comparativa, investiga el origen y la evolución de las lenguas para reconstruir sus estructuras. Bonmann explica que estos testimonios escritos permiten acceder a culturas desaparecidas hace mucho tiempo, aunque advierte que el éxito es difícil por la falta de datos y de contextos claros.

Escasez de fragmentos y textos demasiado cortos

El primer gran desafío radica en la cantidad y extensión de los documentos conservados. Bonmann investiga el sistema de escritura epiolmeca, surgido en la costa sur del Golfo de México. Aunque existen inscripciones y símbolos que apuntan a un sistema temprano de escritura, el material disponible es escaso y el contexto resulta incierto.

Una situación similar ocurre con la cultura Harappa de la civilización del Valle del Indo, ubicada en los actuales Pakistán y noroeste de la India. Esta escritura aparece en cientos de sellos y fragmentos de cerámica, pero en secuencias extremadamente cortas. Por esta razón, los especialistas debaten si se trata de una lengua desarrollada o de un sistema de símbolos.

En la Isla de Pascua se encuentra el rongo rongo, una escritura pictográfica con formas de aves, personas y ornamentos que se conserva en pocas tablillas de madera, algunas dañadas. Este sistema utiliza el bustrófedon, un tipo de escritura que alterna una línea horizontal de izquierda a derecha con otra de derecha a izquierda, y consta de unos 120 símbolos que posiblemente representan rapanui antiguo.

Los misterios del Mediterráneo y de Oriente

La cultura minoica de Creta, en Grecia, presenta tres sistemas de escritura, de los cuales solo el Lineal B fue descifrado por el arquitecto Michael Ventris al identificar que se trataba de una forma temprana del griego. En cambio, los jeroglíficos cretenses y el Lineal A siguen sin comprenderse. El Lineal A no es griego y el 80% de sus signos no aparecen en el Lineal B, además de emplear logogramas y contar con solo 1.500 fragmentos. Por su parte, el jeroglífico cretense, primer sistema de escritura en Europa, aparece en objetos pequeños como piedras de jaspe usadas como sellos.

De Creta procede también el Disco de Festos, un objeto único de arcilla del segundo milenio antes de Cristo con símbolos estampados en espiral que, por ser una pieza aislada, imposibilita un análisis sistemático.

En el centro de Italia, el etrusco mantiene su misterio. Su alfabeto es legible porque deriva del griego, pero la lengua carece de parientes reconocibles para comprender las inscripciones. Asimismo, en el actual Irán, el protoelamita representa la tradición de escritura y administración más antigua de la región del Elam; sus signos están catalogados, pero las tablillas están fragmentadas y la lengua no encaja en ninguna familia lingüística conocida.

La ausencia de una Piedra de Rosetta moderna

El problema fundamental de estas escrituras es la falta de decodificadores bilingües que funcionen como la Piedra de Rosetta, clave para los jeroglíficos egipcios. Bonmann señala que no siempre se requieren textos bilingües si existe continuidad histórica con nombres de lugares, gobernantes o dioses. Sin embargo, la dificultad aumenta cuando una lengua no puede asignarse a una familia lingüística conocida, ya que faltan las estructuras gramaticales y fonéticas para probar hipótesis.

Por otro lado, la cultura de Vinča, que floreció en Europa del Este entre el 5500 y 4500 a.C., presenta cerca de 700 símbolos que algunos lingüistas consideran protoescritura. Si se confirma como sistema de escritura desarrollado, sería el idioma escrito más antiguo conocido.

En Europa occidental destaca el Manuscrito Voynich, un libro del siglo XV con más de 200 páginas y 170.000 caracteres, ilustrado con plantas y signos del zodiaco. Existen teorías que lo vinculan con recetas alquímicas de Jacobus de Tepenecz o con un fraude del anticuario Wilfrid Voynich, aunque los análisis lo datan en el norte de Italia hacia 1420. Finalmente, en Mesoamérica, el Bloque de Cascajal contiene 62 glifos horizontales de la cultura olmeca que representan el sistema de escritura más antiguo de América, pero su significado sigue en desarrollo.

Enigmas de la historia: las siete escrituras antiguas que la ciencia no puede descifrar

Los límites actuales de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial ayuda a buscar patrones, distinguir variantes, completar partes dañadas y contar frecuencias en secuencias de signos. No obstante, Bonmann aclara que la tecnología requiere grandes volúmenes de datos y el corpus de los sistemas no descifrados es muy pequeño. Según la lingüista, es improbable que a corto plazo se desarrollen programas capaces de operar de forma óptima con tan poca información.

Reflexionar sobre las sociedades del pasado, su funcionamiento y su desaparición constituye una parte central de la conciencia histórica humana, lo que mantiene la relevancia de la investigación lingüística sobre estos códigos sin resolver.

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