Dos años después: Gaza devastada y 48 rehenes israelíes aún en cautiverio

Tras el ataque del 7 de octubre de 2023, el conflicto ha dejado miles de muertos, una crisis humanitaria sin precedentes y negociaciones frágiles para un alto el fuego.

Dos años después: Gaza devastada y 48 rehenes israelíes aún en cautiverio

El 7 de octubre de 2023, el grupo armado Hamás lanzó un ataque sorpresa contra el sur de Israel, matando a 1.219 personas —la mayoría civiles— y secuestrando a 251. Dos años después, 48 rehenes permanecen en cautiverio en Gaza, mientras el enclave palestino enfrenta una destrucción masiva y una crisis humanitaria sin precedentes. Las negociaciones mediadas por Estados Unidos, Egipto y Qatar buscan un alto el fuego y la liberación de los rehenes, pero persisten obstáculos políticos y militares que dificultan un acuerdo duradero.

Gaza: un territorio irreconocible

La Franja de Gaza, antes densamente poblada con 2,3 millones de habitantes, hoy es un paisaje de escombros. Según la ONU, el 93 % de sus edificaciones han sufrido daños, muchos de ellos irreparables. Hospitales, escuelas, infraestructura crítica y viviendas han sido reducidos a ruinas tras más de 700 días de bombardeos israelíes en respuesta al ataque inicial de Hamás.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) estima que más del 85 % de la población ha sido desplazada al menos una vez, y muchas viven en campamentos improvisados sin acceso constante a agua potable, alimentos o atención médica. La escasez de combustible y la destrucción de plantas de tratamiento han generado brotes de cólera y otras enfermedades.

“Casas destruidas, jardines en silencio y bicicletas abandonadas”, describe Pablo Reutmann, un israelí cuya madre estuvo 53 días secuestrada en Gaza. Su testimonio refleja no solo el trauma de las familias israelíes, sino también la devastación compartida por civiles palestinos atrapados en una guerra que no eligieron.

Los rehenes: un dolor que no cesa

De los 251 rehenes secuestrados el 7 de octubre, 117 fueron liberados en los primeros acuerdos de tregua, 34 murieron en cautiverio y 52 fueron rescatados en operativos militares. Sin embargo, 48 personas —entre ellas mujeres, ancianos y al menos dos ciudadanos extranjeros— siguen en poder de Hamás o de grupos afiliados, según cifras del gobierno israelí.

Familiares como Guefen Al Ilan, hija de Clara Marman (liberada tras 53 días), mantienen una campaña constante para exigir su regreso. “No habrá paz real hasta que todos vuelvan”, afirma. Las negociaciones actuales, centradas en el plan propuesto por Estados Unidos, incluyen la liberación de rehenes a cambio de presos palestinos y una pausa en los bombardeos.

Sin embargo, persisten desconfianzas. Hamás exige la retirada total de las fuerzas israelíes de Gaza y garantías de fin del bloqueo, mientras que el gobierno de Benjamín Netanyahu insiste en la “neutralización total” del grupo armado antes de cualquier acuerdo político.

Dos años después: Gaza devastada y 48 rehenes israelíes aún en cautiverio

Un Medio Oriente más inestable

El conflicto ha trascendido las fronteras de Gaza e Israel. Desde octubre de 2023, se han registrado intercambios de fuego regulares entre Israel y Hezbolá en el Líbano, ataques con drones desde Yemen por parte de los hutíes, y tensiones crecientes con Irán. Analistas como Ignacio Montesdeoca advierten que “el Medio Oriente está más cerca de un estallido regional que en cualquier otro momento de la última década”.

Además, la respuesta militar israelí ha generado una fuerte condena internacional. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) abrió un caso por presuntos actos de genocidio, y países como Sudáfrica, España, Irlanda y Bélgica han impulsado reconocimientos del Estado palestino como vía diplomática para contener la escalada.

Pablo Benigno, experto en geopolítica de la Universidad de Hemisferios (Ecuador), sostiene que “reconocer a Palestina como Estado no es solo un acto simbólico, sino una herramienta jurídica para transformar un conflicto asimétrico en una disputa entre Estados, lo que facilita la mediación y el cumplimiento del derecho internacional”.

La difícil búsqueda de un alto el fuego duradero

A pesar de los esfuerzos diplomáticos liderados por Egipto, Qatar y Estados Unidos, los acuerdos han sido efímeros. La última propuesta, respaldada por el gobierno de Joe Biden y presentada en Sharm el Sheikh, incluye tres fases: liberación de rehenes, entrada masiva de ayuda humanitaria y retirada gradual de tropas israelíes.

Pero las divisiones internas complican el panorama. En Israel, protestas masivas —con hasta medio millón de personas en las calles— exigen priorizar la vida de los rehenes sobre la ofensiva militar. Mientras, en Gaza, Hamás no controla en su totalidad el territorio: clanes locales, facciones de Fatah y redes criminales operan con autonomía, dificultando cualquier acuerdo centralizado.

“Gaza no es una unidad monolítica”, explica Montesdeoca. “Erradicar a Hamás mediante bombardeos es como intentar eliminar la mafia bombardeando Sicilia: destruyes todo, pero el problema persiste”.

Entre el duelo y la esperanza

Dos años después del 7 de octubre, tanto israelíes como palestinos viven en una “montaña rusa emocional”, como la describe un residente del sur de Israel. El trauma colectivo, la pérdida de vidas y la destrucción material son inmensos. Pero también persiste una esperanza frágil: la de que las negociaciones actuales logren lo que hasta ahora ha sido imposible —un cese de hostilidades que permita la liberación de los rehenes, el ingreso de ayuda humanitaria y el inicio de un proceso político creíble.

Como señala una familiar de rehenes: “Cualquier guerra termina con paz. Lo más pronto posible, mejor para todos”.

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