Machu Picchu, explorando la ciudad perdida de los Incas

Machu Picchu simbolizó el gran poder del Imperio inca. Edificada en las alturas, a los pies de los majestuosos cerros de Huayna Picchu y Huchuy Picchu, en la cordillera andina, esta ciudad que redescubierta en 1911 por el explorador estadounidense Hiram Bingham, quien la consideró como un refugio del Inca acompañado de las vírgenes del Sol. Más tarde se pensó que era una fortaleza militar y también ha sido vista como un singular centro sagrado.

Machu Picchu, explorando la ciudad perdida de los Incas

Aunque las últimas investigaciones apuntan a que se trató de una residencia real temporal. Sea como fuere, Machu Picchu, declarada en 2007 como Nueva Maravilla del Mundo Moderno, evoca el misterio y alimenta los enigmas más diversos, lo que se refleja en sus casi 200 construcciones a 2438 metros de altitud.

Tras cruzar el punto de acceso a esta ciudad sagrada, se sube por una rampa que lleva a las terrazas escalonadas que son un ejemplo de arte incaico. Los incas maximizaban así el escaso espacio cultivable y evitaban desprendimientos a causa de las lluvias torrenciales. El verdor de estas terrazas y las llamas que se pasean por ellas invitan a hacerse fotos con el animal más icónico de Perú. Dejando atrás las terrazas, se entra en el barrio alto, Hanan, atravesando un muro que rodeaba la llacta (ciudad en quechua)

Una vez en el interior, el viajero se adentra en un laberinto en piedra cuya edificación más emblemática es el templo del Sol, la única estructura circular de Machu Picchu. Pero lo más sorprendente es el hecho que fue construida sobre una enorme roca natural que le sirve de cimiento. Los arquitectos incas aprovecharon la forma de este peñasco para darle continuidad al edificio a base de reducir la anchura de los bloques, que apenas se percibe. Los incas no conocían la rueda ni tenían animales de tiro, por lo que observar grandes construcciones integradas en la naturaleza es una magnífica muestra de la destreza de sus arquitectos, ingenieros y canteros.

También se lo conoce como “el torreón” por su parecido a un torreón medieval. La parte inferior acoge una cueva enigmática, repleta de altares y hornacinas, lo que sugiere que fue un espacio de culto. Quizá fue el mausoleo real donde descansaba la momia del Inca Pachacuti, “el transformador del mundo”, quien erigió esta ciudad a mediados del siglo XV.

Tras subir unos peldaños desde fuera, se accede a la parte superior del templo del Sol donde sorprende un sólido muro circular con ventanas trapezoidales abiertas que rodea una gran piedra de granito en su interior, una especie de altar, que en cada solsticio, al alba, era iluminada por la luz del sol. La orientación de sus ventanas está perfectamente alineada para recibir los primeros rayos solares en los solsticios. Por ello se cree que, además de ser un templo dedicado al culto del astro rey, también era un observatorio astronómico.

En la civilización inca, el dios principal era Inti, el Sol, cuyos rayos daban sustento y vida a todos los seres. Los templos en su honor, generalmente edificados en piedra y de forma circular, se encontraban en todos los lugares del Imperio. Pero lo mejor es su ubicación, desde donde se puede contemplar un hermoso amanecer por la cordillera de Vilcabamba y una panorámica sobrecogedora del cañón del río Urubamba y del cerro Putucusi.

Después de deleitarse con las magníficas vistas desde el templo del Sol, a escasos metros, en una bella plaza, se encuentra el palacio de la Ñusta o casa Sacerdotal. Aunque es más conocido por su primer nombre, no se sabe con certeza cuál era su función. La ñusta era una princesa que pertenecía a la panaca, o familia real, del inca gobernante, la cual estaba compuesta por la coya, la esposa principal, las esposas secundarias, o concubinas, y los príncipes varones, llamados auquis. Cada panaca tenía sus sirvientes personales (yanas), sus propias tierras para la agricultura y residencias privadas.

Para su construcción se emplearon piedras de excelente calidad, finamente trabajadas, por lo que se cree que aquí vivieron miembros importantes de la sociedad, tal vez incluso la ñustaEn este edificio de dos plantas que no se comunicaban por el interior también se aprecian nichos, lo que indica que estaba relacionado con las ceremonias que se oficiaban en el vecino templo del Sol. Por lo que no se descarta que se tratara de una capilla del propio templo. Otra hipótesis es que fuera un templo dedicado a la Luna. Sea cual fuera su función, en la misma plaza que comparten los dos edificios sobresale un muro que Hiram Bingham bautizó como el más bello de la arquitectura incaica.

Fuente: National Geographic

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