Ricardo Ruiz Mena, un referente de la locución de Imbabura

Conoció a los referentes de la comunicación radial del país: Abelardo Morán Muñoz, Azael Terán Reyes, a los hermanos Augusto, Mariana y Manuel Báez, Gerardo Brborich, Eduardo Cevallos Castañeda, Eduardo Granja Estrella, Fausto Almeida y Gustavo Jaramillo. Cuenta con la amistad de Silvio Morán Madera, Agustín Guevara Morillo, Paco Hadatty, Ramiro Cazar y los hermanos Salazar Paredes.

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Ricardo Ruiz Mena es una de las voces más queridas de la provincia de Imbabura. Laboró en las radios Cultural Mira, Ondas Carchenses, CRI, Continente y La Voz de Imbabura de Ibarra. Remplazó a dos referentes de la radiodifusión ecuatoriana, primero a Fausto Almeida Cárdenas en Radio Ondas Carchenses y luego a Alfonso Espinosa de los Monteros en el Centro Radiofónico de Imbabura (CRI) de Ibarra.

Nació el 25 de noviembre de 1940, en Mira, el Balcón de los Andes, en la provincia del Carchi. Es un cantón que hace lindero con la provincia de Imbabura, además, es la cuna de la pelota nacional y del autor y compositor del Chinchinal, Víctor Manuel Ruiz Arboleda. En esos años, en la ciudad solo había algunas casas de paja y los callejones que dividían las viviendas unas de otras. Todo su contorno territorial era utilizado por cuatro haciendas: San Nicolás, de la familia Galárraga; Pueblo Viejo, de la familia Chiriboga; Pisquer, de la familia Jaramillo; y Santa Ana, de la familia Herrera. En estos cuatro lugares se desenvolvía su papá Rubén Darío Ruiz, que era un artesano de la construcción y dedicó su vida al mantenimiento de sus instalaciones.

Una de las actividades que tenía su madre, Carmen Celia Mena, era intercambiar productos de una región a otra para abastecer de productos a la casa. Los habitantes del Chota subían a Mira, llevaban pepino, aguacate, ovos y plátanos, a cambio les daba maíz, alverja y fréjol. Lo mismo con las comunidades ubicadas en las partes altas, su mamá hacia el pan de casa y cambiaba con papás, mellocos, ocas, quesos… “Mi madre nos tenía abastecidos en gran cantidad con este canje que realizaba”. Son seis hermanos: Eduardo, Hernán, Laura, Tarquino, Ricardo y Ángel.

El profesor Leopoldo Padilla y don Azael Terán Reyes

Cuando Ricardo Ruiz Mena ingresó a la escuela Rafael Arellano, a los siete años, sus profesores Leopoldo Padilla, Gustavo Jarrín, Ulpiano Medina y Ulpiano Caicedo eran muy dedicados a la educación y la cultura. En esa época había las dos jornadas y se jugaba la rayuela, el trompo, las bolas, los tillos, las escondidas, los venados y con las ruedas de los carros.

En la escuela nació la afición de Ricardo hacia la lectura. Su profesor de primer y sexto grado, Leopoldo Padilla, le dio en primer año una poesía chiquita que se llamaba “La ranita en la laguna”. Ricardo tenía que declamar, ahí comenzó el gusto por utilizar la voz. En sexto grado el mismo maestro les incluyó a los alumnos a un concurso “La lectura por minuto” y el otro “La lectura por minuto, pero con exactitud”. Las bases del concurso era leer bien pero también entender lo que se decía, con la finalidad de captar el mensaje.

De niño le llamó la atención escuchar la señal de las emisoras, pues era difícil en esa época tener ese aparato en la casa. En su barrio solo una familia lo tenía. Ponían el radio en la ventana para que pueda escuchar todo el vecindario. “Nosotros acudíamos a escuchar con emoción y curiosidad”, destaca Ricardo.

En Ibarra, en ese tiempo, su maestro decidió construir un transmisor pequeño, asesorado por el señor Azael Terán Reyes, dueño de radio Equinoccial de Ibarra y del teatro Avenida, donde se proyectaban las famosos películas de la época de oro del cine mexicano, protagonizadas por Jorge Negrete, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Blanca Estela Pavón, Marga López, Columba Domínguez…

Don Azael recorría todos los lugares de las provincias de Imbabura y Carchi y uno de estos era Mira. Los fines de semana iba con su carro llevando las películas y unos parlantes muy grandes. “Llegó a ser un personaje en Mira”. Instalaron una pequeña radio en la escuela que se llamó Radio Cultura. La emisora trabajaba unas horas, porque las emisiones eran clandestinas. Había música y programas de preguntas y respuestas en el campo educativo.

Virutas del Deporte por Radio Cultura

Como la escuela ya tenía una radio, Ricardo propuso conducir el programa semanal “Virutas del deporte”, duraba 10 minutos. Para hacer el libreto escuchaba las emisoras que llegaban nítidamente de Colombia. Anotaba las notas más importantes del deporte nacional e internacional, así como de la localidad.

El fútbol y la pelota nacional tenía mucha acogida en la población. Ricardo sentía mucha satisfacción cuando salía de la escuela a su casa y le preguntaban “tú estás hablando en la radio”. Le llegó a impresionar la respuesta de quienes le escuchaban.

El primer equipo que apareció fue el Deportivo Mira y luego El Independiente. Hicieron la transmisión, para ello llevaron la pequeña radio al estadio. Juanito Montalvo era otro muchacho que le gustaba la electrónica e instaló el equipo en el Estadio Galo Plaza de Mira, en una cancha de tierra. Al hacer la primera transmisión, los sueños se convertían en hermosas realidades.

Los relatores deportivos de Ecuador y Colombia

Ricardo escuchaba a Ecuador Martínez Collazo, de Atalaya (Guayaquil), cuando transmitía los clásicos guayaquileños entre el Patria y el Everest, así como Ralf del Campo, quien luego fue parte de la BBC. En Quito transmitían desde el Estadio de El Arbolito las voces de Carlos Rodríguez Coll, la voz que televisa el fútbol; Alfonso Lasso Bermeo “Pancho Moreno”, de radio Quito, secundada por Blasco Moscoso Cuesta, “un sabio de la actividad deportiva”. No se quedaba atrás Radio Nacional Espejo, con la voz de José Calero Viteri y Rosendo Benalcázar Espinoza. En sus años infantiles decía “algún día tengo que conocerlos”. En esa temporada aparecieron otras grandes voces, la de Edison Vargas Acosta y Patricio Romero Barberis, en Emisoras Gran Colombia.

En esos años, las estaciones colombianas se oían nítidamente en el país. Fueron como una escuela, con la presencia de grandes voces de las cadenas como: RCN, Tonelar y Caracol. Ahí escuchó a locutores como: Carlos Arturo Rueda C, desde Bogotá, a través de RCN. En Cali estaba Joaquín Marino López, Fernando Franco García, que era de Esmeraldas, pero vivía en el vecino país. Ellos llegaron a ser sus maestros, porque relataban las vueltas ciclísticas a Colombia, fútbol, hípica…

El radioteatro también tenía un espacio importante en la programación de aquellas emisoras. La radionovela cubana “El Derecho de Nacer” que se emitía por Caracol, hacía que las familias se reúnan para escuchar los capítulos día a día.

La primera vez que viajó a la “Ciudad Blanca” fue a los 14 años, para matricularse en el Colegio Nacional Teodoro Gómez de la Torre, era en el edificio antiguo, que estaba ubicado en las calles Olmedo y Flores, frente al parque Pedro Moncayo. Había profesores extraordinarios como: Alfredo Pérez Guerrero, que llegó a ser rector de la Universidad Central de Quito, uno de los propulsores a crear la Escuela de Periodismo; Alfredo Focas Galindo, Abelardo Morán Muñoz y tantas personalidades de la enseñanza, dice.

Ondas Carchenses, la voz de la simpatía popular

Pasan unos años y el profesor de la escuela, Leopoldo Padilla, le habló de la “necesidad de tener un locutor en Tulcán”. Ricardo tenía 15 años y decidió viajar a la capital de la provincia del Carchi. Era para la radio Ondas Carchenses de Horacio Herrera y Jesús Osejo. Se la conocía como “La voz de la simpatía popular”. “Era la única emisora en la frontera. No solo se escuchaba en Carchi, sino también en Nariño-Colombia.

El locutor principal de la estación, Fausto Almeida Cárdenas, salió de la emisora porque iba a laborar en una institución pública, Ricardo le remplazó, pero la diferencia era que Fausto era un experimentado locutor y Ricardo estaba comenzando. Por amor a la radio decidió quedarse, estuvo dos años y medio. Eso le ayudó para desarrollar la habilidad en la locución.

Era una estación que satisfacía a la gente, a través de sus mensajes y saludos musicales en los onomásticos y saludaciones especiales. Acudían a la radio y la emisora vivía de lo que pagaban por cada saludo o mensaje. Las instituciones y las autoridades iban a Ondas Carchenses para dar difundir sus tareas. Las campañas políticas se armaban ahí. Era una radio espectacular, comenta Ricardo, quien destaca que formaban parte de las cadenas con Radio Nacional del Ecuador y HCJB. Se le tomaba en cuenta a esta emisora para que reciba la señal y cuando había necesidad se enviaba información también a escala nacional.

Se conectaba con otros medios como CRI de Ibarra, Ondas del Cañaris en el sur; CRE, de Rafael Guerrero Valenzuela; Iris, de Esmeraldas; Los Caras, en Manabí.

Radio Consular

En Tulcán, Ricardo conoció también a Gustavo Jaramillo, quien era un experto en las narraciones de toros, armaba los espectáculos artísticos en los teatros Lemarie y Riofrío. Fue quien pidió que sea parte de la recién creada Radio Consular, que no duró mucho tiempo al aire.

El locutor tuvo que salir de Tulcán por problemas de salud, le dio pulmonía. Regresó a Mira que tiene un clima parecido al de Ibarra, entre templado y cálido. Reponiéndose de esa enfermedad su deseo era volver a Radio Consular, cuando “tengo la grata noticias que don Silvio Morán Madera, de CRI, quería hablar conmigo”.

“CRI vende sintonía”

Ricardo decidió trabajar en el Centro Radiofónico de Imbabura. Tenía un slogan que creó Silvio Morán: “CRI vende sintonía”. En Ibarra estaba la decana, que era la Radio Municipal; la Voz del Norte, con un periodista que locutaba Jaime Félix y la Radio Equinoccial con don Azael Terán Reyes.

CRI es un “capítulo espectacular” para él. Considera que fue una época de oro, porque pudo desarrollarse tanto en lo deportivo, locución y periodismo. En esa época estaban en la estación don Abelardo, que era el presidente de la radio; y Silvio, el director. Los locutores eran Galo Cascante, Galo Paredes, Ramiro Palacios y Gabriel Espinosa de los Monteros. En los controles estaba Luis Viteri Acosta.

“CRI sentía la falta de un elemento que ellos formaron: Alfonso Espinosa de los Monteros” que hacía locuciones y dramatizaciones en el Centro Radiofónico de Imbabura, pero toda la familia Espinosa de los Monteros se trasladó a vivir a Guayaquil. Silvio buscaba una voz y Ricardo llegó como remplazo de Alfonso Espinosa de los Monteros, así como fue en Ondas Carchenses cuando se fue don Fausto Almeida Cárdenas.

“Yo admiraba a CRI y a sus dueños”. En ese tiempo Ricardo comenzó a compartir con la nueva ola de la música. En 1960 y 1970 estaban las nuevas generaciones musicales y la radio era la herramienta para que la gente disfrute. En el mercado inglés: Los Beatles, Paúl Anka, Elvis Presley… En México: Alberto Vásquez, Enrique Guzmán, César Costa y Angélica María. Oscar Golden que hacía roncha, en Colombia. Sandro, Palito Ortega y Yaco Monti, de Argentina; Los Iracundos, de Uruguay. En Ecuador, Aulo Gelio, Paúl Sol… Todas esas voces se escuchaban en CRI.

El número de teléfono de CRI era el 707

En 1963, se instalaron los primeros teléfonos convencionales en Imbabura. El número de CRI era el 707. Ese aparato sonaba siempre por la alta sintonía que tenía la estación, eso se daba porque esta emisora prestó importancia a la nueva onda musical y las nuevas generaciones.

En esa época se organizó “obsequio musical del medio día”. Se emitía de 12:00 a 13:00. Era la hora que salían los jóvenes del colegio y directamente se conectaban con CRI y las voces de la época. Pedían su canción favorita. Al final de la semana se hacía un reporte total con un programa que se llamaba Carrusel Musical. Luego se emitía el famoso Hit Parade CRI. Se premiaba a quienes acertaban con los primeros lugares de los cantantes de la nueva ola.

“Voces de Oro del Ecuador”

A CRI llegó el concurso “Voces de Oro del Ecuador”, en cada provincia estaba una emisora para que coja la posta. En Tulcán estaba Ondas Carchenses. El señor Ortiz era el famoso animador que desde Guayaquil organizaba este espacio. En CRI apareció la voz de Aquiles Jarrín y el grupo “Cuadrángulo de la música moderna”, uno de los integrantes era Ramiro Narváez, quien luego sería locutor y sonidista de Radio Suceso de Guayaquil. Estos programas se los hacía en vivo, en las plazas públicas.

Ahí estaba CRI con nuevas propuestas de comunicación, impulsando a la música moderna sin olvidar a la música nacional. Era auspiciado por productos Alex.

El autódromo de Yahuarcocha y el fútbol

A inicios de la década de los 70, hubo dos eventos deportivos importantes que la radio impulsó. CRI fue el medio que ayudó al alcalde de aquella época, José Tobar Tobar, para construir e inaugurar el Autódromo Internacional de Yahuarcocha, que es un símbolo del automovilismo ecuatoriano, donde hubo las 12 horas Marlboro e intervinieron corredores de Estados Unidos, Canadá, Argentina, Perú, Colombia y Ecuador. Son dos pistas una grande y la otra para fórmula 1. El turismo creció, hasta hoy que la gente visita este lugar.

En Ibarra aparecen las transmisiones de fútbol, desde el estadio municipal que era de arena, en donde apareció el Combinado Local, que era a la altura de los equipos profesionales de la época y enfrentaba a Everest y el Patria de Guayaquil. En Quito estaba el España, el Deportivo Quito, el América y Aucas. El equipo local hacía un gran papel y la CRI transmitía con sus locutores que le acompañaban a Quito, Guayaquil, Cuenca y hasta Pasto.

En esos años apareció el equipo de los Imbayas. Que eran indígenas y tenían como característica mantener su pelo largo, su vestimenta blanca y las alpargatas. Jugaron en Quito y Guayaquil. “Era espectacular verlos”, indica Ricardo. En CRI estuvo desde 1962 hasta 1968.

La visita a las estaciones de Quito

Ricardo pidió unas vacaciones en CRI para trasladarse a Quito. Era con el objetivo de estar cerca de las figuras que había admirado y escuchado a lo largo de su vida. Lo primero que hizo fue trasladarse a Emisoras Gran Colombia, de propiedad de Eduardo Cevallos Castañeda, donde conoció personalmente a Edison Vargas Acosta, quien le hizo grabar un spot identificando a la emisora como la voz deportiva. Ahí también estaban Patricio Romero Barberis y Carlos Rodríguez Coll. José Luis Ruiz y Jaime Moya eran los magos en los controles.

En esta emisora capitalina, Ricardo quería saludar a Edison Vargas Acosta, pero no era tan fácil, ya que primero había que ir por la secretaría. Luego le preguntaban a don Eduardo, quien sacaba la cabeza para ver de quien se trata. Después de saludarle Ricardo amablemente, el propietario de la estación decía “pase nomás”.

Luego visitó Radio Quito. Estaban emitiendo el programa “Cóndor, Voces y Deportes” con Alfonso Lasso (Pancho Moreno) y Blasco Moscoso Cuesta. Ricardo los visitó para estrechar las manos de estas grandes figuras de “La Voz de la capital”. Luego se trasladó a Radio Nacional Espejo donde conoció a Pepe Calero Viteri, Rosendo Benalcázar Espinoza, Fernando Beltrán Proaño y a Gerardo Brborich, una eminencia de la radiodifusión de Quito. “Era un hombre muy amable. Daba oportunidades a quienes solicitaban y los atendía”.

Radio Ecuatoriana y Eduardo Granja Estrella

Ricardo continuaba su visita a la capital ecuatoriana, se trasladó el edificio del Núcleo Radion, que estaba en la avenida Colón. Ahí trabajaban muchos locutores ibarreños, entre ellos Pepe Rosenfeld y Gabriel Espinosa de los Monteros. Conoció también a Guillermo Jácome Jiménez, quien era el director. Un piso antes estaba Radio Ecuatoriana, de propiedad de Eduardo Granja Estrella. Un personaje muy conocido en Quito, porque se desempeñó como director de radioteatro en la Emisora Central, que era de propiedad del ingeniero Luis Rivera Zúñiga.

El radiodifusor le pregunta ¿Qué deseas muchacho? Ricardo le contesta que le han dicho que ahí hay buenos locutores. Don Eduardo le invita a que conozca la radio. Estaban el locutor deportivo Fabián Vizcaíno; Jorge Palacios, quien luego trabajaría en la Voz de América; el carchense Jaime Chamorro, quien estudiaba en Quito para abogado, pero le gustaba la locución. El propietario de la radio le manifiesta “hagamos una cosa ¿quédate, yo te voy a dar la posibilidad de que tengas una vivienda, en el mismo edificio y de paso me cuidas las cosas de la radio”. Le llevó a ver un restaurante donde podía comer.

Ricardo asegura que no iba por quedarse, sino que solo deseaba conocer a estos grandes personajes de la radio, por ello no aceptó la propuesta. Otra oportunidad laboral se le presenta en Radio Pacífico, cuando Tony Salazar, que antes fue locutor comercial de Emisora Gran Colombia, le invita a ser parte de esta emisora que quedaba en las calles Guayaquil y Olmedo.

En Quito, también visitó Radio Colón. En esta emisora pudo conocer a una de las voces más potentes del país: Marco Vargas Acosta. Así como a Hugo Vargas, quien realizó las transmisiones desde el autódromo Internacional de Yahuarcocha.

Radio Continente y las radionovelas

Cuando regresó a Ibarra, a Ricardo le comentan que los hermanos Báez, Mariana y Manuel, le están buscando, para trabajar en Radio Continente. En esta estación se grabaron las primeras novelas con el libretista Alfonso Martínez de la Vega. Ahí también estuvo su hermano Augusto Báez, quién después fue propietario de la radio Punto.

Mientras laboraba en esta estación, nuevamente se enferma con pulmonía. El médico Jaime Orquera le sugirió dejar la radio por un tiempo, porque había que tratarse y curarse bien los pulmones. Por ello renunció a ese espacio.

Radio Suceso

Ricardo estaba convaleciente de la pulmonía y de la radio Continente le comunicaron que le llegó una carta de Radio Suceso, de Guayaquil. La firmaba el ingeniero Eduardo Carrión Puertas que era el propietario. En el texto le invitaban a conversar. Le dieron los pasajes para que se traslade al Puerto Principal. Se recuperó de su enfermedad y viajó. Llegó al terminal y le preguntó al taxista si conocía la estación y le contestó “claro si es la emisora más popular de Guayaquil”.

En la estación se encontró con Jorge Narváez, que trabajó como operador en CRI, pero su familia vivía en Guayaquil. En Radio Suceso cumplía las funciones de locutor y sonidista en la noche. Fue quien sugirió el nombre de Ricardo para que integre la estación porteña. Le entrevistó sobre cómo se sentía y Guayaquil, pero, en realidad, el verdadero motivo era que el propietario de la estación deseaba escuchar la voz y el desempeño del joven locutor. Cuando terminó su turno en la noche, le invitó para que se hospede en su casa.

Al día siguiente se trasladó a la radio. El ingeniero Carrión le encontró y le dijo: “esta contratado, yo le escuché anoche y me encantó. Usted tendría el mismo salario que tienen los demás”. Le pidió que se integre el equipo de trabajo para conducir un programa musical, pero también formaría parte de la plantilla de los locutores que realizaban las transmisiones deportivas. Estaban Rudy Ortiz Iriarte, Vicente Córdova Franco y Agustín Guevara Morillo, quien le ofreció su casa para que pueda quedarse unos días en Guayaquil.

El periodista carchense señala que solo fue a escuchar el propósito de la invitación, por ello les pidió un poco de tiempo para pensar y tomar una decisión. Era una puerta amplia y grande que se le presentaba en Guayaquil. Le impresionó la ciudad era inmensa, cálida… Solo la había visto, a través de las narraciones de Ecuador Martínez y Ralf del Campo, pero ahora estaba pisando el Puerto Principal.

Radio Municipal “La Voz de Imbabura”

Regresó a Ibarra y el señor Daniel Paredes, director Financiero del Municipio, le comenta que algunos concejales y el alcalde Cristóbal Gómez Jurado quieren que se integre al Cabildo en radio Municipal.

Ricardo acudió, el alcalde dejó una audiencia y lo recibió. “Don Ricardo la ciudad quiere que se ubique en este medio. Aquí va a tener todas las facilidades. Usted va a entrar con nombramiento y todas las condiciones que necesita un empleado”. Comenzó a laborar en 1970 en la Voz de Imbabura. El noticiero de Radio Municipal se llamaba Radiorevista Actualidades.

La emisora era una sola pieza donde estaban los controles, la cabina de locución, el armario de los discos y la mesa del director, Eduardo Rodríguez de la Torre. Había perdido mucho de lo que tenía antes, un gran escenario que estaba ahí sin utilizar indica Ricardo. “No funcionaba nada”. Había tres empleados el operador Luis Farinango, el locutor César Moncayo y el cuidador de transmisores que era un señor Díaz. “Yo comencé como un modesto locutor, luego avancé a reportero, para luego entrar como director de la radio”. La Voz de Imbabura es la decana, fue creada en diciembre de 1938. Su primer director fue el profesor y radiodifusor Abelardo Morán Muñoz. Es la primera emisora municipal del país.

En esos años en el Ecuador había solo cinco radios: El Prado, de Riobamba; La Voz de los Andes (HCJB) y El Palomar, en Quito. Atalaya, en Guayaquil, pero antes hubo la Radio París que no era legal. En una entrevista que le realizó Ricardo a Abelardo Morán en 1981, en un aniversario de la radio él cuenta estos datos históricos que hay que destacar.

Marco Proaño Maya, cuando era parte del Congreso Nacional como diputado apoyó a la Radio La Voz de Imbabura. Se compró un nuevo transmisor de cinco kilovatios en AM, que lo construyó la empresa Ecuatronix, de la familia Fortuni. Luego querían estar acorde a los avances tecnológicos y necesitaban recursos y acudieron a la Unesco que les apoyó con capacitación y equipos. La radio emprendió su paso al sistema digital. Se dejó lo análogo por lo digital. Creó la página web, con lo que se emite la señal a todo el mundo. “Hubo respuesta de los ibarreños que estaban en los cinco continentes, quienes respondían a través del internet”.

Con el paso del tiempo adquirieron un transmisor más potente, era de 10 kilovatios, lo construyó la empresa Continental en Chile, que tenía la opción de lanzar la digitalización un poco más avanzada. Después se gestionó para lograr la frecuencia en FM, que se la pensó como una herramienta más para la ampliación de la AM. “Lo que se haga en AM debía ser amplificada por la FM: los noticieros, programas de música nacional, las entrevistas, las sesiones del concejo…”

La Voz de Imbabura hizo alianzas con las cadenas internacionales: La Voz de América, Radio Francia Internacional, BBC, Nederlan de Holanda y Exterior de España. Esas emisoras les dieron capacitación, programación y posibilidades de visitarlos, para observar como son las actividades periodísticas.

Corresponsal de varios medios de comunicación

Era finales de la década de los 80 y el periodista Carlos Vera dirigía un espacio que fusionaba la televisión con la radio. Se llamaba Sonovisión, se transmitía por canal 2 Quito y 8 Guayaquil. Era interesante porque donde no llegaba la señal de la televisión lo hacían las ondas de la radio. La Voz de Imbabura hacía enlaces desde Ibarra con Gamavisión.

Otro contacto lo hizo con NotiHoy, cuya matriz era Radio Centro. Tenía alcance internacional con la Cadena Caracol de Colombia, la Radio Municipal fue corresponsal desde Imbabura tanto para el Ecuador como para Colombia, ahí estaba Marco Vargas Acosta. También con HCJB, cuando era director del noticiero Germán Carvajal. A diario El Universo enviaba las notas de Ibarra e Imbabura. Además, hizo alianzas con el Diario del Norte. En La Voz de Imbabura estuvo hasta su jubilación en 2011, cuando era alcalde Jorge Martínez.

Sus memorias y Mira

En estos momentos, Ricardo está escribiendo sobre su trayecto en la radiodifusión y sus inicios en su natal Mira. Mientras escribe observa lo importante que fue el pasado. “Yo fui un hijo mamero. No me quería separar fácilmente de mi mamá, quien trabajaba duro. Veía cuando lloraba por algún motivo y a mí me salpicaban también esas lágrimas, debe haber sido muy duro para ella cuando salí para Tulcán y luego a Ibarra”. Su madre siempre le dejaba mensajes, le enviaba con alguien un encargo con las cosas que le gustaban y que ella elaboraba: pan de casa, tortillas de tiesto y unos tarritos con dulce de zambo y guayaba. “La ropa me enviaba lavadita y planchadita”.

Tiene un escrito a al lugar donde nació: “Mi pueblo querido donde está mi infancia, donde están mis primeros amigos, donde están mis profesores y por supuesto mis padres, mis familiares y mis aspiraciones del futuro y mis primeros pasos en el micrófono que empezó en la edad escolar…”

Ahora su pueblo se convirtió en cantón, lo logró con el apoyo de los mireños residentes en Quito, incluido el fallecido arzobispo de Quito, Pablo Muñoz Vega, quien nació en este lugar. Ricardo cuenta que se habla del genio mireño, porque sus habitantes son amables, sencillos y muy trabajadores.

Recuerda que la situación económica y de salud era muy difícil hace varias décadas en Mira. Cuando iba a la escuela lo hacía “pie limpio” (sin zapatos). La gente del lugar sufría, porque no había una buena agua potable. Los problemas dentales eran comunes. La gente vivía mal, por ello emigró a Quito, Guayaquil y el extranjero. Uno de esos casos fue de Segundo Benítez, quien llegó a ser rector del Instituto Zamorano de Honduras.

A las cuatro haciendas que había en Mira, en el Gobierno de Galo Plaza Lasso, se las parceló y tuvieron que ceder sus terrenos para que la gente de Mira pueda sobrevivir, de ahí el pueblo se levantó, hasta que llegó a conseguir la cantonización.

Ricardo ama a su cantón. Lo recuerda con nostalgia, porque ahí dio sus primeros pasos en la vida y en la locución. Recuerda lo feliz que fue en compañía de sus padres y hermanos. Dice sentirse realizado, aunque la nostalgia de lo vivido siempre lo acompaña…

Iliana Cervantes Lima
Voces de la Radio

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