Héctor Aníbal Cueva, el fundador de la primera radio de Machachi

Se sabe de memoria los nombres de los compositores e intérpretes de la música nacional. Sus referentes en la locución fueron Jaime Endara y Guillermo Jácome Jiménez. Héctor Aníbal Cueva Yánez, gerente de la radio La Voz del Valle de Machachi, primero fue técnico de varias emisoras de la capital ecuatoriana: Libertad, Sport, Nacional Espejo, Reloj, Melodía… En Nacional Espejo laboró en el área de mantenimiento de los aparatos, como locutor estaba Gustavo Cañas. Sus padres, Segundo Benjamín Cueva Suárez y Carmen Amada Yánez Ortiz, al ver su talento hicieron todo lo posible para poner una estación en el cantón Mejía. Eso se hizo realidad el 12 de febrero de 1956, cuando nació La Voz del Valle de Machachi. Estuvo al aire hasta el 3 de diciembre del año 2008. Ahora se emite a través de las redes sociales.

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A mediados de la década de los 50 hicieron las gestiones para tener la autorización correspondiente para el funcionamiento de la emisora. Cumplieron con todos los requisitos que en ese entonces solicitaba el Ministerio de Obras Públicas y Telecomunicaciones. Hasta ese momento, la estación no tenía nombre, la radio solo se ponía los discos de carbón con unas agujas de metal. Le puso La Voz del Valle porque algunos amigos

La Voz del Valle se caracteriza porque tiene una amplía discografía: Los dúos Benítez Valencia, Ecuador, Ibañez Safadi, Mendoza Suasti y Mendoza Sangurima… El almacén de discos Rondador, del señor Trajano Recalde, se enteró de que en Machachi había una emisora y le enviaba temas promocionales.

A inicios de los 50, había en Quito las radios Comercial, de Rosendo Gavilánez; Nacional Castro, que luego se convirtió en Cosmopolita; Atlántida, de Graciela Ulloa y muchas otras. Ahí nació la idea de crear la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión de Pichincha (AER – P).

Segundo Benjamín Cueva Suárez y Carmen Amada Yánez Ortiz

Su padre, Segundo Benjamín Cueva Suárez, se dedicó a diferentes oficios: fue sacristán de la iglesia de Machachi en dos ocasiones. Primero con el padre Amable Sosa Gallardo y en 1952 con el padre Araujo hasta cuando al sacerdote le pasaron a Cayambe. Adornaba los altares de las iglesias de Aloasí, Machachi, Chillogallo, Santa Clara de San Millán. Además, fue sastre y peluquero. Su madre, Carmen Amada Yánez Ortiz, era una mujer muy hábil y con mucho talento. Elaboraba flores de papel crepe morado y negro, para hacer las coronas para el día de los difuntos. Otro de los talentos que tenía era la preparación del pan, esta habilidad la heredó de su mamá, Serafina Ortiz. Luego realizaba las velas de fiesta, que eran de colores y floreadas, antes se las conocía como espermas.

Radio Libertad del Ing. César Pesantez y las emisoras de Quito

Héctor Aníbal Cueva Yánez estudio primero en la escuela Mariano Negrete. Luego en la Luis Felipe Borja. Cuando salió de la primaria su profesor, Alfredo Almeida, le recomendó para que estudie por correspondencia radiotecnia en la escuela Argentina, donde estuvo dos años. Aprovechaba al máximo las clases. Recuerda que este talento le vino porque cuando era niño dañó un radio en su casa y no podía componerle. Su papá le castigó y tuvieron que llevar el aparato a Quito para que le arreglen.

El 12 de marzo de 1952, cuando tenía 14 años, se inició en la radiodifusión donde tuvo el apoyo del dueño de la Radio Libertad de Quito, el Ing. César Pesantez, la esposa era la dueña de Modas Angélica. Esta emisora quedaba en la Loma Grande en la calle Rocafuerte 1017 y Pontón. Ahí era el taller del laboratorio Libertad. Fue a practicar en la reparación radios. A la vuelta estaba la emisora que tenía una alta sintonía. Ahí trabajaban los locutores: Jaime Endara, Galo Hernández Navas, Clelia Calero, Guillermo Jácome Jiménez, entre otros. Héctor Aníbal estuvo dos años aprendiendo y practicando la radiotecnia. Allí empezó a destapar las radios y a limpiarles. Jaime Rosero y Hugo Carrera eran los técnicos expertos. “Todo eso se me pegó”, pero lo que le interesaba a Héctor Aníbal en el fondo de su corazón, solo era saber dónde estaban los estudios de la emisora.

Héctor Aníbal recuerda que el 18 de marzo de 1952, vísperas de San José, había los mensajes para los santos y se enfermó el sonidista que ponía los discos, Galo Sánchez. En ese momento el ingeniero Pesantez le dijo: “vea Aníbal, ¿usted no ha manejado discos? Le contesta que sí, con un pariente, en Chillogallo. Héctor Aníbal le avisó a su tío José, con quien vivía en Quito, que se iba a quedar en la radio. Toda la noche se puso los discos y complacía el pedido de los oyentes. “Fue muy emocionante lo que viví ese momento”.

En esa época en Machachi no había emisoras y para todo había que recurrir a Quito, a las radios La Voz de la Democracia, Gran Colombia, Espejo y Quito, esta última, después del incendio de 1949, se demoró mucho en salir al aire, indica. Sus padres, Segundo Benjamín Cueva Suárez (1908-1994) y Carmen Amada Yánez Ortiz (1896-1988) el 25 de mayo de 1952, lo separaron de la radio Libertad e hicieron todos los esfuerzos para que su hijo, Héctor Aníbal, instale un taller de reparación de radio en la localidad. Los propietarios de la emisora se opusieron a la decisión de sus padres, pero luego aceptaron.

Llegaron al cantón Mejía y le compraron las herramientas para el taller. Los tres viajaron a Quito nuevamente y adquirieron el probador de tubos, un multímetro… Había mucho trabajo por hacer en los radios de tubos, porque eran de buena calidad. Pegaron papeles en el parque de la ciudad para difundir el taller. “Todas las semanas había obras que hacer y obras que entregar”, repite.

Llegó la radio a Machachi

Como ya había practicado en Radio Libertad, un día se le ocurrió travesear el generador de señales, que era un aparato que le había traído un amigo de la radio Libertad. De pronto salió la señal hasta el parque a unas dos cuadras. Era una alegría indescriptible. Luego compró el tocadiscos y los discos de carbón, de 78 revoluciones. “Puso la antena afuera de la casa y en el parque se oía perfectamente bien. La gente estaba muy emocionada y conversaban sobre la novedad”.

Los habitantes de Machachi comenzaron a oír y se alegraban de que el cantón tenga una emisora propia. “Fue una salida de travesura”. El concejal por la parroquia de Uyumbicho de ese entonces, Jorge Galárraga, amigo de su papá, llegó a felicitarle a nombre del municipio. Héctor Aníbal le explicó que todavía no tenían la autorización, a lo que el edil le contestó, “esto no debe morir sino seguir. Y así nació así debe seguir creciendo, creciendo…”.

La Dirección de Inalámbricos les suspendió

El ingeniero Humberto Paredes, de la Dirección de Inalámbricos de Quito, llegó a Machachi, a la casa donde hacían las comidas tradicionales del cantón, que era de propiedad de la familia Mazapanta. Héctor Aníbal fue al local y sintonizó la radio, el funcionario oyó la señal y les preguntó a las dos secretarias que le acompañaban ¿qué radio era? Le contestaron La Voz del Valle de Machachi. Desde ahí quedó con ese nombre.

“El ingeniero había dicho me están pirateando, mañana les clausuro”. Los lunes, Héctor Aníbal siempre viajaba a Quito para comprar material para el taller. Cuando regresó a Machachi, la radio ya estaba clausurada.

Héctor Aníbal cuenta que el señor Paredes, con toda amabilidad y cortesía, le había dejado a su papá el reglamento y los requisitos para poner una de radiodifusora, al tiempo que le indicó que la radio estaba suspendida, porque no tenía permiso. La estación quedó clausurada bajo el cuidado del jefe de telégrafos de Machachi, un señor de apellido Castro.

Mientras que, en Quito, Eduardo Cevallos Castañeda, propietario de Emisoras Gran Colombia ya se enteró de que en el cantón Mejía tenía una emisora. Era en mes de febrero, se realizaba la Fiesta de las Frutas y había una carrera de carros entre Quito y Ambato. El radiodifusor quiteño le propuso hacer una transmisión simultánea entre las dos estaciones. Héctor Aníbal señala que a pesar de que estaba suspendida se transmitió el evento deportivo desde la carretera y fue todo un éxito.

En la transmisión, de pronto aparece el jefe de telégrafos del cantón “con dos personas bien agarradas”. Le querían meter preso al joven radiodifusor por haber cometido una infracción. Héctor Aníbal le comentó a un compañero de escuela, al que le decían Pastuquito, quien le avisó a su papá, “que era bien agarrado y llegó con unos tres más. le cogió de la solapa al señor Castro y le sacudió”. El funcionario al próximo lunes renunció a su cargo. Luego llegó otro empleado que era aficionado del vóley.

Donde que hoy es el teatro Carlos Brito, era una bodega de materiales e improvisaron una cancha. “Jugando, jugando uno de los amigos le contó lo que sucedía con la radio y le invitaron a la emisora. Era viernes tarde y se puso a las órdenes”. Héctor Aníbal le preguntó qué gestiones había que realizar para que la estación siga. La nueva autoridad les dio todo el apoyo. “Bajo mi orden, la emisora se prende este ratito”, manifestó. Desde ese tiempo hasta el 3 de mayo de 1958 trabajaron con el transmisor pequeño. Compró discos de carbón, todavía no aparecían los discos de microsurco. “Si es que había era con música que no captaba el interés de los oyentes locales”, asegura.

Héctor Aníbal y su padre hicieron las gestiones ante el Ministerio de Obras Públicas y Telecomunicaciones, al que pertenecía la Dirección de Inalámbricos. En estos trámites le ayudó el Ing. Luis Rivera Zúñiga, dueño de la Radio Central de Quito. Desde ahí todos los requisitos se cumplieron. Hicieron las escrituras que había que renovar cada cinco años ante la Dirección Nacional de Frecuencias. “En ese tiempo no había mucho servidor público, solo estaba la Dirección Técnica Jurídica, no había mucho trámite burocrático”.

El 3 de mayo de 1958 la radio salió al aire legalmente

Héctor Aníbal tenía 16 años, no conocía nada de transmisores, solo el arreglo de los aparatos receptores. Hasta que un 3 de mayo de 1958 el tecnólogo alemán Fred Simon, construyó el primer transmisor con la autorización respectiva de la asignación de frecuencias. Ahí aprendió sobre reparación de transmisores, construcción de los amplificadores para las emisoras de Quito y el país.

El técnico alemán llegó a Machachi a instalar la fábrica de gas y agua de Sillunchi. Héctor Aníbal tenía el taller para reparar los radios, pero le hacía falta el generador de señales. Le indicaron que se vaya al almacén de la RCA, del señor Luiggi Rota. Ahí trabajaba en el taller en el laboratorio el señor Simon. Habló con él y compró el aparato.

En Machachi, Héctor le comenta al técnico alemán que al aparato que compró en RCA le están inyectando audio. Una antenita se le puso afuera y salió la señal hasta el parque. Simón le insiste que para que la señan llegue a lugares más lejanos hay que poner un transmisor más potente. Le indicó que hay una señora que está vendiendo un transmisor. Le compró, realizó las ampliaciones y las mejoras correspondientes y desde el 3 de mayo de 1958 salió la señal para todo el cantón Mejía de la radio “La Voz del Valle de Machachi”.

Su amigo Azael Terán Reyes de la radio Equinoccial de Ibarra

Héctor Aníbal destaca que Radio Equinoccial de Ibarra, de Azael Terán Reyes, era una de las buenas emisoras, trabajaba en onda corta en 49 metros. El pasodoble Sangre Ecuatoriana, del autor Enrique Rodríguez, de Argentina, era el tema característico de entrada y salida de la programación de la emisora ibarreña. La Radio La Voz del Valle tiene la versión original de este disco.

Indica que, cuando era niño, en su casa, en Machachi, escuchaban esta estación imbabureña. Lo hacían en un radio que sus padres compraron en Quito en 1948, en la casa Dandy. Era de dos bandas y sintonizaba Radio Equinoccial de Ibarra. Héctor Aníbal fue muy amigo del radiodifusor imbabureño. Esto lo corrobora su hijo Luis Ernesto Terán, director del programa 10/10, quien destaca “la excelente discografía que posee el radiodifusor quiteño”.

La música nacional en La Voz del Valle

Cuando salió la señal de la Voz del Valle de Machachi, los habitantes de Machachi sentían la necesidad por conocer cómo salían esas voces que animaban a los oyentes. “Era una antenita que se le puso en el patio, que se elaboró en el taller de reparación de radios. Se compró un amplificador, un tocadiscos, los discos de carbón… Uno de los pasillos más sentidos y escuchados era Almas Gemelas, que cantaron Lida Uquillas con Beatriz Valencia y el acompañamiento del guitarrista Bolívar “El Pollo” Ortiz. Ese disco lo tiene en la radio como señal de lo que fueron los primeros pasos de La Voz del Valle.

Era la época de oro del Dúo Benítez Valencia, donde se destacaban las composiciones del compositor Carlos Brito Benavidez, con los pasillos Rosas, de Manuel Terán Monge; y Sombras, de Rosario Sansores, escritora mexicana.

Héctor Aníbal recuerda que en su casa había un radio Olimpic. Unos parientes en Quito tenían tocadiscos con parlantes y compraban los discos. Ponían la tonada de Benítez y Valencia “Ponchito verde” que distribuía los almacenes Red and Red y al otro lado de este disco estaba el pasillo de Armando Hidrobo “No seas así”, de las hermanas Mendoza Suasti.

“Hay gran cantidad de música archivada en el olvido que debe ser nuevamente escuchada”, recuerda el propietario de La Voz del Valle.

El cantón Mejía y su apego a la música

Este cantón de la provincia de Pichincha siempre se ha caracterizado por su apego a la música nacional. Hubo muchos intérpretes, compositores y tríos que llevaron muy en alto los temas ecuatorianos. “El Trío Mejía” estaba conformado por Luis Moreno, Arturo Albuja y Miguel Pilicita. También hubo el “Trío Los Cláveles del Valle” con Héctor Barba Noroña, Luis Bohórquez y Carlos Campaña. El “Trío Los Edecanes”, que hicieron una temporada en Guayaquil y grabaron algunas canciones que se posicionaron en el gusto de la gente, no solo del cantón, sino de todo el país…

Hablar del cantón Mejía es recordar a la familia Brito Benavidez. Cuatro fueron los representantes: Carlos Rodolfo, Flavio y Nicolás, quienes fueron muy apegados a la música, especialmente a la dirección de bandas militares. Carlos Brito había pasado algún tiempo en la ciudad de Riobamba y compaginó con el señor Carlos Cordovez, dueño de la radio El Prado. En esa época, para la instalación de la grabadora de discos, se grababa la matriz, luego se enviaba a los Estados Unidos, a Chile o Argentina para la prensada de los discos de carbón. De esos años hay mucho material que ha conservado La Voz del Valle de Machachi.

Héctor Aníbal resalta que en el cantón había personas que tenían sus vitrolas, que se tocaban con agujas de acero, al aparato se le daba la manivela, con la cuerda… La gente vendo que ya todo cambiaba y se modernizaba, le regalaron a la radio ese material, donde había interpretaciones de las Hermanas Naranjo Moncayo, Rivadeneira, Mendoza Suasti y López Ron. Así como El Dúo Benítez Valencia y las canciones de Rubén Uquillas, con el “Pollito Ortiz”, antes de que se reúna con las voces de Gonzalo Benítez y Luis Alberto Valencia, un 18 de octubre de 1940, en la recién inaugurada Radio Quito, que fue creada el 18 agosto de 1940. Gonzalo Benítez cantaba con Pollito Ortiz, también lo hizo con Azucena Durán. Mientras que Luis Alberto Valencia era solista e interpretaba valses, tangos, pasillos. Cantaron el pasillo “Ojos Tentadores” de Carlos Brito, y Luis Alberto Valencia interpretó muchas canciones muy emotivas con su hermana Olga Beatriz.

Esta emisora se caracterizó por su apego a la música nacional. En la actualidad, a través de las redes sociales transmite de 16:00 a 18:00, el programa “Canciones de Oro y Plata” que tiene una amplia sintonía dentro y fuera del país. La sintonía es total no solamente en el cantón sino a escala mundial. Lo conduce Carlos Aníbal Cueva, su hijo, quien lleva la batuta de la estación.

El Pollito Ortiz y el Dúo Benítez Valencia

Héctor Aníbal le conoció al guitarrista “Pollito” Ortiz cuando llegó a Machachi con el Dúo Benítez Valencia. En esa época no había todavía la grabadora de cinta, solo la de alambre magnético. Los artistas llegaron a la ciudad invitados a la velada artística por el Día del Maestro. Los músicos eran amigos de Alfredo Almeida Noroña, director de la Escuela Luis Felipe Borja.

Ese día el secretario del concejo, Nicolás Romero Bros, compró una grabadora pequeña, una Ambro, Héctor Aníbal le pidió que le preste para hacer una grabación con el Dúo Benítez Valencia, para ello adquirió un rollo pequeño con la cinta magnética. El momento que propuso hacer la grabación, don Gonzalo le comentó que no se podía, porque las casas disqueras les prohibían hacer grabaciones particulares. Luego de tanto insistir aceptaron y cantaron tres piezas: el pasillo “Ojos Negros”, de Cristóbal Ojeda Dávila; la tonada La Verbenita y el yaraví “Veneno de amor”. Esa grabación todavía la conserva en su radio.

En otra ocasión, don Gonzalo Benítez, quien siempre pensó que Héctor Aníbal Cueva era ex alumno del Normal Juan Montalvo, le pidió el salón auditorio de La Voz del Valle, para repasar porque iban a ser condecorados por la Unión Nacional de Periodistas (UNP). El integrante de Los Claveles del Valle, Carlos Campaña, fue a escuchar y ver el repaso.

Don Gonzalo le reclamaba al “Pollito” que para el pasillo “al morirse las tardes” de José Ignacio Canelos le faltaba dos golpes. El “Pollito” templaba la primera cuerda, que era de metal, porque las demás eran de plástico y se rompió. En el estuche el “Pollito” Ortiz no había traído repuesto.

Héctor Aníbal le pidió que ingrese Carlos Campaña, quien se puso a las órdenes. Abrió el estuche de su guitarra, encontró la cuerda que necesitaba el “Pollito” y comenzaron a repasar. Luis Alberto Valencia se sacó la guitarra del cuello y puso en la mesa. Solo se quedaba como cantante. Carlos Campaña los acompañó todo el tiempo que estuvieron en Machachi. Se complementaron tan bien, tal es así que don Gonzalo Benítez le pidió que los acompañe esa misma noche en el Teatro Sucre. Le entregó el pase para las 18:30 en la portería del teatro Sucre, pero el artista machacheño le contestó que no puede, porque los domingos en la tarde manejaba el bus de su tío que llevaba pasajeros a Quito.

Luego de una pequeña conversación, Carlos Campaña aceptó, porque hubo la intervención de Héctor Aníbal. Aparte de la presentación en el teatro, los cantantes le llevaron a unas 10 casas. La esposa de Campaña llega el lunes a la radio para averiguar cobre él, porque tenía un camión y llevaba la carga para Guayaquil. “A las 12:00 otra vez la esposa, 18:00 lo mismo. Apareció el martes a las 07:00 un poco tomadito”, recuerda Héctor Aníbal.

El Pollito falleció en los Estados Unidos, en julio de 1974. Se ausentó del país un mes de junio de 1968. A Carlos Amable Ortiz el autor de “Reír llorando” y algunas otras canciones, también se le decían el “Pollo” Ortiz.

La programación de la radio

Héctor Aníbal cuenta que en La Voz del Valle había espacio para el bolero, la música nacional, la cumbia colombiana y el vals peruano. La radio no trabajaba todo el día, porque había audiciones. Se comenzaba 06:00 y se terminaba 10:00. En la tarde se iniciaba a las 17:00 y terminaba a las 21:00. También transmitía las retretas de los jueves, fiestas cantonales, el 24 de Mayo y los desfiles de las escuelas. En esos años no había la Fiesta del Chagra. La Banda Municipal se organizó y se transmitía por una hora las retretas desde el parque. En los estudios, el locutor Félix Estévez tenía sus apuntes relacionados a Machachi y las parroquias y leía para dar contexto a lo que se transmitía.

La estación siempre iniciaba con noticias, por ello hacía cadena con Radio Nacional Espejo y de vez en cuando con HCJB. Era la época en que Radio Quito, después del incendio, comenzó a realizar sus programas especiales como la “Caída del sombrero”, un espacio para aficionados, los sábados. El jurado calificador, si algún detalle le fallaba al intérprete, le caía el sombrero. Ahí salió una figura de Machachi, Víctor Julio Ayala Ruiz, tocando el rondador, acompañado de Los Latinos Andinos, que estaba formado por Marco Tulio Hidrobo, Bolívar Ortiz, Carrillo y Veintimilla, un cuarteto que dejó huella, por su talento y profesionalismo, insiste Héctor Aníbal Cueva.

Recuerda una anécdota con este cuarteto, cuando era adolescente: los Latinos Andinos actuaban en la radio La Voz de la Democracia. Un día fue con su papá a esta estación para pagar unos mensajes musicales “por el día de mi mamá”, pero también querían conocer donde hacían el programa de aficionados. Subieron y estaban los integrantes del cuarteto de guitarra, repasando, pero de una forma muy profesional. “No creo que vuelvan otros como ellos. El sentido de la música que interpretaban ellos era extraordinario”.

En la radio La Voz del Valle hay varios discos, donde los Nativos Andinos acompañaban a las hermanas Mendoza Suasti, al Dúo Benítez Valencia y a los hermanos Valencia. Otros dúos de gran aceptación eran Las Hermanas Rivadeneira: Esperanza y Georgina, y Las Hermanas Naranjo Moncayo. Todos esos discos están en la discografía de la estación. Matías Ulloa era uno de los locutores estrella de esta estación.

La radio la Voz del Valle se caracterizó por trabajar con las emisoras quiteñas. Hubo una temporada que se transmitió un programa de música nacional con Radio Tarqui “Así es mi Tierra”, que se transmitía los jueves, se conectaban vía telefónica. Era de 18:00 a 21:00. Jorge Pérez Torres dirigía el espacio, mientras Gustavo Herdoiza cumplía las labores de alcalde de Quito.

Los mensajes musicales eran muy importantes en esas décadas, las ciudades eran pequeñas y se conocían todos. Santa Rosa y San Ramón, San José, Santa María… eran las fechas clave para enviar los saludos. Los amigos y familiares se esmeraban por mandar mensajes musicales. Por cuatro temas se cobraba 10 sucres.

Destaca que uno de los eventos que apoyó la estación desde un inicio fue “El Paseo del Chagra”, que se inició a propósito de los 100 años de cantonización del cantón Mejía, el 23 de julio de 1983. Mejía fue parte de Santo Domingo de los Colorados. Después de 100 años comenzó la primera Fiesta del Chagra, que hasta ahora genera turismo en la ciudad.

El legado

Héctor Aníbal Cueva, quien nació en Quito, el 12 de junio de 1938, se siente satisfecho del trabajo realizado, porque cuando se inició la radio era la única que había en los cantones de la provincia de Pichincha. Luego hubo en Rumiñahui, Pedro Moncayo, Cayambe. Entre los locutores que pasaron por la estación estaban: Félix Estévez Arias, Jaime Endara, Gustavo Cañas, Edison Vargas Acosta, Roberto Landines, entre otros.

 

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