Miguel Pérez Coral, un reportero a tiempo completo y líder entre sus colegas

Desde muy niño fue muy inquieto en conocer lo que sucedía en su país y el mundo. La lectura y el acontecer político, social y económico, siempre estuvieron en su día a día. Miguel Pérez Coral nació en Ipiales, Colombia, el 13 de octubre de 1944. Sus padres fueron Agustín Pérez e Inés Coral. En sus inicios fue director de la radio Matovelle, de los padres Oblatos en la Basílica del Voto Nacional, en el centro de Quito. Estuvo un tiempo muy corto en los inicios del Noticiero 24 Horas de Teleamazonas. Desde abril de 1975 hasta septiembre de 1994 y desde 1997 hasta 2014 fue director y asesor de Comunicación del Ministerio de Educación. En el Gobierno de Rodrigo Borja Cevallos participó en el lanzamiento de la Campaña de Alfabetización Monseñor Leonidas Proaño.

En diario El Universo cubría las incidencias de la entonces Cámara Nacional de Representantes, que posteriormente pasó a ser el Congreso Nacional y, con la Constitución vigente desde el 2008, la Asamblea Nacional. En Diario Expreso su fuente era la Presidencia de la República. Cubrió dos guerras con el Perú, en 1981 la de Paquisha, Mayaicu y Machinaza en diario El Universo y en 1995 la del Cenepa, en diario Expreso.

Tuvo tres licenciaturas: en Teología en la Universidad Javeriana de Bogotá; en Filosofía en la Universidad Católica de Quito; y de periodista en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Central del Ecuador. Fue profesor de Filosofía y Geografía en el Colegio Particular Matovelle de Quito. De investigación Científica, Sociología de la Comunicación, Psicología General y Psicología Racional y Experimental en el Filosofado Superior Oblato. Siempre quiso ser sacerdote, pero el amor por tener una familia pudo más.

Miguel Pérez Coral realizó cursos de observación de medios en Alemania, España y Canadá, entre ellos: ABC de Madrid, La Vanguardia de Barcelona y el Toronto Star.

De Ipiales Colombia a Quito Ecuador

Tenía unos 10 años cuando su padre decidió que estudie para sacerdote, por ello se trasladó a la capital ecuatoriana e ingresó a la Comunidad de los Oblatos en la iglesia de la Basílica del Voto Nacional. Con el tiempo obtuvo la nacionalidad ecuatoriana, pero cuando jugaba la selección de Ecuador con la de Colombia, siempre le iba al equipo paisa.

Era muy estudioso, por ello se graduó a los 16 años en el Colegio Mejía. Luego pasó a la Universidad Javeriana y Católica. El periodismo siempre fue su pasión. El párroco de la Basílica le pidió que se haga cargo de la radio, su responsabilidad por hacer bien las cosas le motivaron a estudiar periodismo en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Central del Ecuador. Esto fue a inicios de 1970. Ahí conoció a su amiga Zoila Gallegos, pero conocida entre los periodistas como “Lolita Gallegos”. Como tuvo dos carreras previas manejaba muy bien el tema de la escritura. Con el tiempo dejó un poco de lado el tema religioso y se dedicó a la vida seglar. “Nunca dejó de ser creyente”, asegura su hijo Juan Esteban.

Terminó su carrera en 1974. Su tesis fue sobre los medios y la violencia en los barrios marginales de Quito. Sus inicios en la comunicación se dieron en Teleamazonas en el noticiero 24 Horas cuando estaba como director el propietario de Radio Visión, Diego Oquendo Silva.

En esa época hubo convenios entre la Universidad Central y algunos institutos de Alemania Occidental donde hizo un posgrado en comunicación. Contaba que en esa época era de mucha zozobra sobre todo por la radicalización de posiciones entre los países aliados a los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Siempre había el temor de una guerra entre las dos potencias.

Regresó al Ecuador y decidió viajar a Canadá, donde iniciaría un curso de observación de medios en el Toronto Star, pero antes le dejó su hoja de vida al Dr. Juan García González, quien posteriormente fue decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.

Justo cuando iba a ingresar a trabajar en un periódico italiano en Canadá, lo llamaron de Ecuador y le dijeron: “señor venga, usted ya tiene el puesto de director en el Ministerio de Educación”. La sorpresa de Miguel fue grande al recibir esta noticia. “El Dr. Juan García González nos envió su carpeta y usted ganó el concurso”. Regresó al Ecuador e inició su trabajo en el departamento de Relaciones Públicas. Era 1975.

El Ministerio de Educación

Desde 1975 hasta 2014 se mantuvo como director y asesor de Comunicación en el Ministerio de Educación. Ingresó en la época de la dictadura, quien lo apadrinó y lo apoyó fue el papá del expresidente Lenín Moreno, Servio Tulio Moreno, quien estaba encargado en la Secretaría de Estado de los temas de educación y vinculación. Le asignaron acompañar a delegaciones internacionales por todo el país, porque Miguel conocía al Ecuador desde el Carchi al Macará. Luego se vinculó con los ministros Guillermo Durán Arcentales, Galo García Feraud y Camilo Gallegos, quienes marcaron su trayectoria en la comunicación institucional. “Mi papá si es que no me equivoco, es único comunicador que estuvo desde el tiempo de la dictadura hasta el tiempo del expresidente Rafael Correa”. Siempre se caracterizó por su trabajo profesional y transparente. Una de sus fortalezas fue la elaboración de discursos.

En la primera etapa estuvo en esta cartera de Estado desde 1974 hasta 1994. La segunda etapa se inició en 1997 hasta el año 2014. En 1997 cuando regresó al Ministerio de Educación, su titular era Mario Jaramillo Paredes. Luego lo hace con Juan Cordero y Raúl Vallejo, en su primera etapa. Trabajó también con Roberto Passailaigue, Eduardo Peña Triviño, Rosalía Arteaga, Rosangela Adoum, entre otros. Juan Esteban reitera que su padre siempre trató de marcar el camino y enfrentar las crisis. El ministerio de Educación es de los más grandes y complicados, pero se mantuvo por la capacidad que tenía mi padre.

Los últimos años los pasó como asesor de comunicación en el ministerio del Interior con Alfredo Vera Arrata, quien destaca que Miguel Pérez “sabía al revés y al derecho todos los vericuetos del Ministerio de Educación”. Señala que lo recuerda con mucho cariño, porque el éxito que haya tenido su gestión ministerial se debió en gran medida a la ayuda de Miguel, quien le mantenía informado al detalle y oportunamente. Nunca pusieron obstáculos, porque el único interés que había era ayudar a la gestión de la Secretaría de Estado. “Me tenía al día de los incidentes que ocurría y me orientaba de la mejor manera para aprovechar el esfuerzo que teníamos que desplegar para hacer exitosa la gestión”.

El arquitecto Alfredo Vera cuenta que, desde el primer día hasta el último de su permanencia en el Ministerio, Miguel estaba pendiente de todo lo que había que hacer y qué decir, para que satisfaga las necesidades que tiene el sistema educativo, sobre todo en las áreas periféricas, donde la pobreza campea con mayor crudeza. Miguel andaba siempre un paso adelante y era un soporte importantísimo para el éxito del trabajo ejemplar”.

Miguel Pérez conformó un equipo de trabajo estable y sólido no solo en lo laboral, sino humano. “Él formó un grupo que se convirtió en familia”. El Departamento de Relaciones Públicas lo conformaban Lolita Gallegos, Nancy Orbe, sus entrañables compañeras, luego llegaron Daniel Cruz, Eugenia Arregui, Cecilia Vaca, Carlos Tapia, Edgar y Galo Rodríguez el fotógrafo. Donde formó una verdadera familia profesional. La esposa de Miguel, Nancy Encalada, todavía consta en el grupo de WhatsApp del Ministerio. Sus amigos y compañeros siempre estuvieron pendientes de la salud de su esposo.

Las coberturas en diario El Universo

Miguel Pérez Coral a inicios de la década de los 80 trabajó en la redacción Quito de diario El Universo, que tiene su matriz en Guayaquil. Sus compañeros fueron Milton “Pajarito” Salvador, Oswaldo Redrován, José “Pepe” Llangari, entre otros. En este periódico su fuente era la Presidencia de la República.

En este medio le sucedió una anécdota. A Miguel le tocó cubrir un partido de fútbol, envió antes la nota y el partido no terminó con el resultado que él puso en la noticia, por eso decía que él siempre prefería la política. Allí conoció a su gran amigo Milton “Pajarito” Salvador, uno de los referentes del periodismo impreso, y que trabajó también en diario El Comercio. Salía del Ministerio y se iba al periódico, en ese tiempo diario El Universo tenía dos ediciones: una en la mañana y otra en la tarde. Miguel trabajaba para la edición e la tarde.

Juan Esteban recuerda que su padre le contaba que un día el periódico cerraba con la crónica del entonces diputado Carlos Julio Arosemena, porque el expresidente se inspiraba mucho y tenía unos discursos interesantes. “En ese tiempo parece que se podía beber en el Congreso y el hombre tomaba y se inspiraba de una manera excelsa” y Miguel tenía que estar atento a la crónica, porque ese era el pedido de los jefes de Guayaquil. Era como una regla siempre tomarle en cuenta los discursos de Carlos Julio Arosemena. Miguel era muy prolijo en la escritura y tenía una memoria privilegiada.

En esa época, en el Congreso Nacional los periodistas tenían puerta abierta para conversar con los diputados. No había ningún vidrio ni puerta, ni ventana que interrumpa ese diálogo, por eso podían tomar nota de todo lo que acontecía a su alrededor. Otra de las cosas que contaba fue la muerte del diputado de la Izquierda Democrática Manuel Córdova Galarza, a quien le dio un derrame cerebral cuando estaba dando un discurso en su curul. Tenía aneurisma cerebral. En octubre de 1980, también hizo la cobertura del disparo del expresidente Otto Arosemena Gómez a Pablo Dávalos.

Cubrió en mayo de 1985 el disparo que le propinó en entonces diputado Julio Ayala Serra, de la Democracia Popular, al diputado suplente de Concentración de Fuerzas Populares (CFP) Néstor Pastor Vera, que también era asistente del diputado Averroes Bucaram. En 1990, cuando era presidente del Congreso Nacional el cefepista Averroes Bucaram y se discutía la amnistía a Abdalá Bucaram, se produjo el cenicerazo del diputado Edison Villamagua a Alberto Dahik. Los roldosistas les golpearon a Jamil Mahuad y Vladimiro Álvarez Grau. Juan Esteban Pérez siempre le esperaba a su padre luego de esas coberturas. Miguel usaba siempre camisa blanca y ternos negros, azules o grises y una noche llegó con la camisa roja. Su hijo le pregunta qué le pasó y su papá le contesta que es la sangre de Vladimiro Álvarez que le salpicó.

Otra cobertura fue la pelea de Jaime Nebot con Víctor Granda y el popular “ven para mearte…”. En 1994 el enfrentamiento verbal entre Marcelo Dotti de la Democracia Popular y Leonardo Escobar, del Partido Conservador. “En un video de redes sociales sale mi papá atrás de Marcelo Dotti”. Siempre estuvo muy atento a cubrir este tipo de detalles. En el video Historia Viva, de Robinson Robles, se puede ver a Miguel Pérez en la parte de atrás de la discusión entre Marcelo Dotti y Leonardo Escobar.

Diario Expreso

A inicios de los 90 se vinculó con Diario Expreso, donde llegó a ser el editor de la Sección Política, trabajó con los periodistas Eduardo Martillo, Luis Cueva, Salvador Vivar, Marcelo Egüés, Nelson Villagómez, Raúl Daste, Francisco Herrera Araúz, Mariuxi Valarezo, Cecilia Orozco, Alexie Talavera, Luis Galárraga… A la par, seguía en su labor como director de Comunicación del Ministerio de Educación.

En este medio estuvo hasta 1997. Su fuente era la Presidencia de la República. Contaba sobre los viajes que realizó junto al Gobierno de Sixto Durán Ballén. Decía que la personalidad del expresidente se caracterizó por ser muy demócrata y respetuoso de la prensa. Recordaba que el exmandatario estaba feliz de la vida conversando con los periodistas, pero cuando le preguntaban sobre el tema Flores y Miel (un escándalo que involucro a una de sus nietas) cambiaba su semblante, suspendía todo y se iba…

La libreta de apuntes

Miguel Pérez Coral, como todos los periodistas de la época, tenía una libreta espiral pequeña donde anotaba todo lo que sucedía y por teléfono dictaba lo que había acontecido en la cobertura. Trataba de agilitar un poco más para la información llegue inmediatamente y sacar la primicia y “golpear” en el tema mediático.

Siempre se lo podía ver con la grabadora y anotando en su libreta. Entrevistó a Manuel Camargo Barbosa, un psicópata de origen colombiano que fue acusado de violar y asesinar a por lo menos 72 niñas en la ciudad de Quito. La entrevista fue en el Regimiento Quito No 2 (RQ2) que antes era un calabozo destinado para los delincuentes de alta peligrosidad. Se sentó a conversar con él tranquilamente. Camargo le pidió tabacos.

Miguel le llevaba a su hijo a las coberturas de los actos solemnes que se realizaran los días 24 de Mayo, en la Cima de La Libertad, cuando iban los presidentes de la República, ministros y principales autoridades del país, para conmemorar la Batalla de Pichincha. Ahí sembró la semilla del periodismo en su hijo, quien decidió seguir sus pasos.

Nancy Encalada y la familia

Era el mes de noviembre de 1980 en Cuenca se desarrollaban los Juegos Deportivos Nacionales. Nancy Encalada estudiaba periodismo en la Universidad Estatal de la capital azuaya. Era parte del equipo de Protocolo que tenía que recibir a las autoridades, entre ellos varios ministros. Miguel Pérez Coral acompañaba al entonces secretario de Estado de Educación, Galo García Feraud.

“Mi papá se quedó flechado a primera vista de mi mamá y mi papá tuvo que esforzarse para que le brinde una mirada”. Nancy, en cambio, se enamoró de la inteligencia y calidad humana de Miguel. En uno de sus poemas que Miguel le dedicó le decía que es “un sauce llorón a orillas del Tomebamba”. Mantuvieron la relación a distancia, pero entre idas y venidas se enamoraron y decidieron formalizar. Se casaron en Cuenca y se trasladaron a vivir en Quito. Tuvieron dos hijos: Andrea, que nació en 1981 y Juan Esteban, en 1983. Era un padre muy alegre, tranquilo y le gustaba resolver las cosas. Era un abuelo de cuentos para sus nietos: Juan Diego, María Gracia y Miguel.

Su mamá, Nancy, ideológicamente es de izquierda y Miguel era conservador, pero eso no influyó para que formen un hogar sólido y lleno de respeto. “La visión política que tenían del mundo era diferente en eso es lo único que no se pusieron de acuerdo, pero el amor pudo más”. Un poco la canción de Ricardo Arjona ella y él. “Ella es de La Habana, el de Nueva York, ella baila en Tropicana a él le gusta el rock… Ella es medio marxista, él es republicano. Ella quiere ser artista, él odia a los cubanos. Él cree en la estatua de la libertad y ella en su vieja Habana de la soledad…” Eso le puso magia a su relación, asegura su hijo.

El sacerdocio

Miguel nunca dejó de lado su apego por la religión. “Para él era importante el catolicismo y los valores tradicionales”. Conversaba que, si el Papa les permitiera a los sacerdotes que se casarán, él regresaría al clero, así le envíen a la parroquia más humilde, porque eso le haría muy feliz.

“Ojalá que alguna vez se dé esta decisión, porque para mi papá era un tema justo, porque los sacerdotes son seres humanos y él siempre anheló volver”. Miguel era un exegeta en el tema bíblico. Dominaba la biblia de inicio a fin, la sabía de memoria gracias a sus estudios en teología. Dejó un legado de servicio, porque él siempre decía que en la vida nada tiene sentido si no se sirve.

Un reportero a tiempo completo

Sus compañeros inseparables fueron su libreta de apuntes, espiralada, un esfero Bic, la grabadora de voz con casetera y pilas. Llegaba a su puesto de trabajo después del mediodía, aunque también prefería pasar todo el tiempo en la Sala de Prensa de la Presidencia. Él sabía que la noticia también estaba entre los pasillos del Palacio de Carondelet o la cochera de la calle Chile, que era una especie de pasarela por la que transitaban ministros, embajadores y autoridades.

Siempre con su terno y corbata – bien llevado – y un grueso bigote que ya pintaba algunas canas, estaba atento para hacer preguntas. Era una especia de líder entre el grupo de periodistas en el momento de abordar a las autoridades, con la pregunta oportuna y sin perder la coyuntura política. En ese grupo también destacaban José Llangarí, corresponsal de agencia Reuters y radio Carrusel; Ana Angulo, de diario Hoy; Miriam Urbina, de diario La Hora; Ana Lucía Andrade de El Mercurio, Patricio Gonzáles, de diario El Telégrafo y Radio Quito; Francisco Sánchez, de radio HCJB, entre otros…

Su espacio de trabajo era una especie de trinchera, de un metro cuadrado, que la Secretaría de Comunicación habilitó en la Sala de Prensa, en la esquina nororiental del Complejo Presidencial de Carondelet, para que los periodistas puedan redactar sus noticias. Esos espacios estaban dotados de una computadora, modem, línea telefónica y un fax, que era de uso comunitario para todos los periodistas.

Cuando se dirigía a la redacción de diario Expreso, ubicada en la calle Juan León Mera, entre Robles y Roca, llegaba con la jovialidad y tranquilidad propia de quienes dominaban el oficio de contar historias, de hacer noticias. Después de un breve diálogo con el jefe de turno se dirigía a su puesto de trabajo y con dos dedos dominaba el teclado. En pocos minutos estaba lista la noticia y también estaba listo para ayudar a encontrar el mejor enfoque noticioso a los periodistas que recién nos iniciábamos en el oficio, recuerda Olger Calvopiña, quien tuvo la oportunidad de compartir casi tres años la sala de redacción de Expreso – Quito, entre 1995 y 1998.

En ese tiempo Miguel Pérez en muchas ocasiones fue jefe de Olger durante los fines de semana o feriados. Siempre estaba atento al fax, al buscapersonas (beeper) para enterarse de posibles noticias o ruedas de prensa, o la frecuencia de la radio patrulla para estar pendiente de algún accidente o hecho de interés periodístico. No se le pasaba nada. Tras el despacho de todas las noticias a la redacción central en Guayaquil, en alguna ocasión le invitaba a “un buche”, al final de la jornada de trabajo, en alguna tienda de la zona. “El periodista también debe saber tomarse unos traguitos de vez en cuando”, señalaba con una sonrisa.

Su vocación por el sacerdocio también estuvo presente en la Sala de Redacción. Él era el más entusiasta para el rezo de la Novena de Navidad. Llevaba sus propias lecturas bíblicas y a cada compañero entregaba un texto para leer o un cántico. “La Navidad es una fiesta para chicos y grandes”, repetía, con un aire de alegría en su rostro.

Así fue la vida de Miguel Pérez Coral, un reportero a tiempo completo, siempre jovial, con una fácil sonrisa y siempre pensando en ayudar a los periodistas que se iniciaban en este hermoso caminar de la comunicación. Falleció en agosto de 2020.

Iliana Cervantes Lima
Voces de la Radio

Leave a Reply

Your email address will not be published.