Era el hombre de los sonidos en las producciones de radioteatro. En sus metas no estaba trabajar en radio, pero agradece haber encontrado su camino en este mundo. Durante 45 años sirvió a la radiodifusión quiteña. Su amigo del barrio La Loma Grande, Edmundo Granda, le incursionó en la radiodifusión. Fue compañero y amigo de Carlos Rodríguez Coll, Erika Von Lippke, Edmundo Rosero Espinosa, Edison Terán, Jorge Zaldumbide, Gustavo Cevallos, Jorge Aníbal Salcedo, Álvaro San Félix, Gonzalo Portugal, Gonzalo Proaño, Alfonso Laso Bermeo, entre otros.

Jaime Moya estuvo en 1950 en la Radio Luz de América, que dirigía el Padre César Dávila, párroco de San Marcos. En 1951, llegó a Emisoras Gran Colombia, de Eduardo Cevallos Castañeda. Su amistad con Carlos Rodríguez Coll lo llevó a Radio Sport en 1960. Gonzalo Proaño le llamó para que integre el equipo de Radio Nacional del Ecuador. Estuvo 34 años desde 1961 hasta 1994. A Radio Quito ingresó en 1962. Estuvo 35 años hasta que se jubiló.

Nació el 15 de junio en 1934 en el barrio de La Loma Grande, a dos cuadras del arco de Santo Domingo, en el Centro Histórico de Quito. Su papá, Santiago Moya, quien tenía un taller de sastrería, quería que sea marino, por eso en el jardín de infantes le confeccionó un traje similar, luego un familiar quiso que sea soldado. No obstante, desde muy joven “chequeaba” las radios y escuchaba la emisora del Colegio Central Técnico, luego Democracia y Quito. Era la época de las jorgas y “nos reuníamos hombres y mujeres, para contar leyendas, cachos y jugábamos fútbol”.

Llegó el momento de tener un oficio. Recién cumplía 13 años cuando aprendió fotograbado en el Diario El Día, pero no le gustó y se fue. Estudió en el Colegio Central Técnico hasta cuarto curso. Se graduó en el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap) de tecnólogo en sonido.

En el barrio era amigo de la familia Granda, especialmente de Edmundo, quien un día le llevó a Jaime Moya Herrera a Radio Luz de América para acompañarle a su hermano mayor René, quien tenía experiencia en la radiodifusión. Relata que pasaron la Escuela Sucre, ingresaron a la calle Junín e ingresaron a San Marcos, donde quedaba la estación. Así lo hicieron por unos tres meses. Se separó de los amigos del barrio, porque después de clases y hacer los deberes se iba a la emisora y se quedaba hasta las 21:00. Una tarde le dijo su amigo Edmundo: “Jaime, quédate en vez mío, tengo otra propuesta”. Jaime le pidió que le comente al dueño de la estación que era el Padre César Dávila, quien le contestó que “encantado, siga nomás”, porque ya le veía que siempre estaba ahí y trabajaba con responsabilidad. Tenía 16 años. En la emisora había un auditorio, para unas 50 personas, y se realizaban programas en vivo, desde las 20:00. La experiencia adquirida en Luz de América le sirvió para proyectarse en otras estaciones. Estuvo un año.

El incendio en Radio Quito

Jaime Moya Herrera tenía 10 años. Mientras sintonizaba las emisoras en el taller de su papá y encontró Radio Quito. Escuchaba las novelas de misterio: Fray Gregorio, La sombra del ahorcado, entre otras. Quizá estas cintas se quemaron con el incendio que hubo años más tarde, destaca.

Jaime tenía 15 años cuando se emitió el radioteatro “La Guerra de los Mundos”. Recuerda que estaba cantando el Dúo Benítez Valencia, en medio del programa locutor dijo “Interrumpimos la transmisión porque hay un acontecimiento especial, los platillos voladores están sobrevolando la ciudad de Quito… Hicieron entrevistas al Arzobispo de Quito, al Ministro de Gobierno”. Fue tan bien hecho que convenció a los oyentes. Jaime siempre le acompañaba a su papá en la sastrería…, abrió la puerta de calle y vio mucha gente que venía desde la Loma Grande, del Barrio Obrero, con niños en brazos, bajaban con colchones, con cobijas para coger los carros que iban al Valle de Los Chillos que se paraban en la antigua Maternidad. Ese sector todavía era una quebrada. Fue sorprendente para él observar ese movimiento e incertidumbre. Le dijo a su papá ¿Qué hacemos? Y le respondió: “si es de morir, nos morimos aquí”.

Eran las 22:00. Jaime salió de su casa, calladito de su papá para que no le vea y se dirigió a Santo Domingo. Cogió la calle Sucre hasta San Francisco, siguió por la Benalcázar, que antes era la calle Pichincha y llegó por la esquina del correo. Observó a los bomberos y miembros de la Caballería que estaban custodiando. Todo estaba quemado, mojado, charcos de agua y mangueras en el piso. Era lo que quedaba de los restos del edificio. “Esa imagen se quedó en mí y hasta ahora lo recuerdo. Fui testigo oyente de este gran radioteatro”, comenta.

Gran Colombia entre la música nacional y el radioteatro

Luego tuvo la propuesta laboral en Radio Gran Colombia. Le hicieron la prueba, un domingo, cuando se inauguraba el Estadio Olímpico Municipal Atahualpa y le tocó manejar una grabadora de alambre. Era el 21 de noviembre de 1951. En ese tiempo la única emisora que tenía tecnología avanzada era HCJB, porque ellos tenían la importación directa de los equipos desde los Estados Unidos.

En radio Gran Colombia se utilizaban los amplificadores con servicio para dos tocadiscos, tres micrófonos y eso complicaba un poco, porque había que cambiar cada tres discos una aguja de acero, porque si pasaba de los tres discos empezaba a distorsionarse la música. “Nosotros teníamos que estar alertas para que salga bien la audición”, Después ya cogió el ritmo, pasaban dos discos y cambiaba la aguja y salía muy bien. Los tocadiscos eran muy caseros, no eran profesionales, había los discos de 78 resoluciones por minuto. De la Voz de Francia, La Voz Alemania, España e Israel mandaban programas en discos grandes, eran la velocidad de tres, tres cuartos, ósea lenta, porque tenían más o menos 30 o 40 minutos de duración.

El primer compañero que le recibió en Gran Colombia fue Jorge Palacios Corella, que con el tiempo fue locutor de la Voz de América. Le dio algunas indicaciones de lo que tenía que hacer. Con él fueron muchos años compañeros hasta que se fue a la VOA, en Estados Unidos. Gran Colombia se caracterizaba por ser deportiva. Estuvieron Pepe Calero Viteri, Alfonso Laso Bermeo, Patricio Romero Barberis y Carlos Rodríguez Coll. Transmitía el fútbol en la mañana y en las tardes la hípica en Iñaquito. Ahí anunciaba las carreras el famoso productor de novelas Gonzalo Proaño.

Cuando se quemó la Radio Quito, en 1949, subió la sintonía de las emisoras La Voz de la Democracia, Gran Colombia y Nacional Espejo. Entre estas tres emisoras había la competencia de tener las mejores voces y talentos, por ello contrataban a personal especializado, como Eduardo Silva Freinch, Gustavo Cascante y Oswaldo Merizalde Catefort que estuvieron en Radio Democracia. Hubo mucha gente experimentada “que aprendí de ellos, porque las voces eran muy variadas”, describe.

Uno de los animadores estrella era Alfonso Cortez, presentaba no solo en la radio, sino en las fiestas y ferias fuera de estudio. Luego se trasladó a laborar en Lima-Perú. A inicios de los 50 cada artista y cada conjunto tenía su presentador y él era exclusivo de la Orquesta Salgado Juniors. Los locutores que estaban en cabina eran excelentes animadores, que en la Concha Acústica de Emisoras Gran Colombia cada noche presentaban a diferentes artistas. Tenía un auditorio para unas cien personas y casi todas las noches eran unos llenos completos, porque se presentaban los tríos y dúos de la época como Los Indianos, las Hermanas López Ron, Mendoza Suasti, Fausto Gortaire el cuarteto Guanabara con Homero Hidrobo, Los Barrieros, el Conjunto de Segundo Jiménez y la Orquesta Casino.

La radio fue un puntal para todos los artistas de esa época, porque había mucha actividad artística. El auditorio era para unas 100 personas y desfilaban los mejores cantantes nacionales e internacionales. Con la primera artista que se encontró fue con Mélida María Jaramillo “La Lojanita”, luego fue el trío Los Indianos que realizaban todas las noches su show. Conoció a Eduardo Brito, Jorge Zaldumbide, Edison Vargas Acosta, al compositor imbabureño, Jorge Renán Salazar, autor del tema “Paisano me voy a Quito”. Otros locutores que animaban eran Pablo Rivadeneira, Edwin Salazar y Marco Antonio Salazar, entre otros.

Al medio día se emitían los programas “Tipo A”. A las 13:00 era un horario especial para promocionar a los artistas y compositores que dirigía el señor Alberto Morlás Gutiérrez, que escribió el libro “El Florilegio del Pasillo”. También se presentaba el director de orquesta del Conservatorio, Gerardo Guevara, quien tenía un programa de boleros de 13:00 a 13:30. Medardo Luzuriaga se presentaba tocando el acordeón, así como Sergio Mejía Aguirre, compositor del pasillo Negra Mala.

Luego, Jaime trabajó con artistas de teatro que comenzaron a llegar, “porque en su avanzada edad empezaron a actuar en la radio”. Estaba Eduardo Albornoz, famoso artista de la Compañía Gómez Albán, hizo un programa de variedades de 09:00 a 10:00. En la noche trabajaba con Guillermo Vaca.

El Radioteatro y el Álbum Policial

En 1949, Álbum Policial lo dirigía primero Leo Rivas en Radio Quito, quien luego viajó a México. En 1952, Guillermo Franco la realizó, pero por poco tiempo porque tuvo otra propuesta y se fue a la Armada. Jaime era el operador de audio. En este espacio se hacían dramatizaciones de crónica roja.

En 1957 llegó Edmundo Rosero Espinosa como director y se reinició nuevamente el Álbum Policial con otro elenco conformado por América Chiriboga, Galo Destruge, Edison Vargas Acosta, entre otros. Se repasaba una media hora el libreto se sacaba al aire de 13:00 a 14:00. y por la tarde se hacían las novelas a las 16:00. Vino un productor guayaquileño, Chang Lee Poo, para el radioteatro.

Al final de 1953, Leonardo Páez, después del incendio de Radio Quito, dirigió Radio Gran Colombia y con él hicieron de 21:00 a 22:00, primero un informativo y luego un radioteatro. Organizó un elenco de artistas que él escogió, entre los que estaba Jorge Aníbal Salcedo. Empezó hacer novelas de miedo.

Jaime tenía la curiosidad de preguntarle algo sobre lo que pasó con La Guerra de los Mundos, pero era muy serio. No admitía bromas, siempre andaba con su tabaco. Cuando Álvaro San Félix le entrevistó le dijo que el libreto fue traído de Chile, por Eduardo Alcaraz, quien le vendió a Radio Quito. Leonardo fue quien reclutó a la gente y dirigió el radioteatro. El director salió de Gran Colombia y se fue a Mérida. Es el compositor de la Tuna Quiteña.

A inicios de los 50 había discos de 78 revoluciones, de carbón. Era muy difícil trabajar con apenas un amplificador y sin monitor. “Ahí aprendí a producir efectos. De ahí vino el famoso libretista Antonio Luján, que era muy popular en Radio Democracia e hizo Renzo El Gitano”.

Actos políticos y la foto con Julio Jaramillo

La década de 1950 fue una época donde había más actividad y producción en la radio. Jaime grabó y emitió los principales actos políticos, sociales, culturales de la época. En Emisoras Gran Colombia transmitía desde el Salón Amarillo del Palacio de Carondelet, que era dividido con un telón enorme donde transmitía la HCJB las sesiones de los senadores y “Moyita” desde el otro lado transmitía de la Cámara de diputados, que en la época de Camilo Ponce Enríquez había solo 25 diputados.

Lo importante es que emitía la señal con un micrófono a la Radio Gran Colombia y con un solo micrófono con cable largo debía ir donde los diputados para que hablen. Daba la palabra el presidente de la Cámara y Jaime debía saber de memoria los nombres y conocerlos bien. Los actos políticos, culturales y las campañas electorales que se realizaban en el Teatro Sucre eran muy valorados.

En 1951, en el aniversario de la radio, Julio Jaramillo se presentó en el Teatro Sucre. En el Hotel Embajador, que estaba ubicado en la avenida Colón, Ernesto Albán le llevó al cantante guayaquileño a la recepción, Jaime Moya Herrera, se tomó con su esposa, Enma Zaldumbide, una foto con el “Ruiseñor de América”. En ese momento no vio la importancia y el valor que iba a tener más tarde esa imagen. “No sé quién tiene esa fotografía. Si alguien tiene que por favor me envíe esa foto. Es un favor especial”, repite con emoción.

Tarqui, próximamente …

En 1953 el profesor Gustavo Herdoiza León arrendó un espacio en Emisoras Gran Colombia, desde las 05:30 hasta las 09:00. Jaime estaba recién casado y el dueño de la radio le dijo “Moyita tiene que madrugar desde este mes próximo a las 05:30, porque viene a trabajar el señor Herdoiza”. Hasta ese día tubo el turno de 08:00 hasta las 12:00.

El compromiso era que Jaime Moya prenda los transmisores, porque la radio trabajaba desde las 06:00 y no desde las 05:30. Jaime vivía en San Francisco. Salía a las 04:30, caminaba desde la Cuenca, cogía la Benalcázar y Bolívar y subía para San Juan para prender el transmisor. Luego, para prender los equipos de la radio, bajaba por la Galápagos por la Oriente, hasta los estudios centrales que quedaban en el cuarto piso del edificio Pardo, en la esquina de la Guayaquil y Oriente, que más tarde se llamó “La esquina del movimiento”.

Emisoras Gran Colombia era la única radio que hacía un programa en vivo de 05:30 a 06:00, con el famoso pianista Humberto de la Rosa. El informativo empezaba de 06:00 a 09:00 con Gustavo Herdoiza. Hacía El Maestro Juanito con su compañero Arturo Pavón Vinueza, “el vecino Manuelito”. Con el pasar de los años, en 1955, empezó a anunciar por Radio Gran Colombia: Tarqui, próximamente; Tarqui, próximamente; Tarqui, próximamente… en las grabaciones. En febrero de 1955, renunció a Gran Colombia y fue a Radio Tarqui. Gustavo Herdoiza se había comprado la estación.

Le dijo a Jaime Moya “acompáñeme”. Y se fue. Conoció a su familia, quienes le dieron la bienvenida. Pasó un año, pero se retiró porque económicamente necesitaba más. Se encontró con Eduardo Cevallos Castañeda por la Plaza del Teatro y le propuso que regrese. “Qué fue Moyita, por qué no regresa a trabajar a la radio”. Le contestó que bueno. Volvió a Emisoras Gran Colombia.

Las transmisiones y la línea de audio

Jaime Moya destaca que la parte técnica era muy dura en aquella época, porque la línea física se conectaba con el alambre que se colgaba la ropa, desde el transmisor hasta los estudios, por medio de aisladores. Ahí iba la voz y la música. “Cuando había un daño era muy tremendo porque se tenía que conocer la línea de audio por donde va, por cuáles calles para llegar a los estudios y donde es la avería. Muchos se estos impases ocasionaban cuando hacían volar cometas.

“Imagínese una línea para transmitir desde el Estadio Olímpico cuántos kilómetros tuvo que hacerse. Yo iba de auxiliar, porque él que hacía eso era un electricista, pero yo tenía que saber por dónde va la línea, para que en caso de emergencia salir y ver donde es el daño, así como los otros compañeros de la competencia, de las otras emisoras. Muchas veces nos encontrábamos en la calle tratando de solucionar cada uno para que iniciase nuevamente la transmisión”.

“Fue duro eso porque llueva, truene o relampaguee tenía la radio salir. Teníamos que cuidar y comprobar que todo esté bien, porque los aparatos, los amplificadores de tubo, que se utilizaban en aquella época eran pesados”, recuerda

Con Bill Halley y sus cometas
En 1956 transmitió la presentación de “Bill Halley y sus cometas” en el Teatro Bolívar. “Eran unos gringos enormes”. Había unos parlantes inmensos, era el furor del Rock and Roll y “yo con chulla micrófono” tenía que transmitir el concierto que era auspiciado, por ello debía salir bien. Jaime tenía que estar esclavo de los audífonos por eso no pudo bailar un poquito esa hermosa música. Fue un espectáculo maravilloso, pero él no podía moverse mucho, porque el trabajo era lo primero.

La primera emisora deportiva de Quito

En 1959, Jaime estaba en Emisoras Gran Colombia y Carlos Rodríguez Coll le comenta que se va a poner una radio “quiero que me acompañe”. En esa época Jaime estaba un “poquito” resentido con el dueño de la radio y le contesta “bueno Carlitos me voy”.

El narrador manabita le llevó a inaugurar la primera radio deportiva del país, Radio Sport, que transmitía fútbol, básquet, vóley, hasta un partido de billar. Ahí le conoció a Alfredo Rodríguez Coll, que era locutor de HCJB y le acompañó a su hermano Carlos en la locución. El papá era el gerente administrativo de la emisora.

El paso por esta estación no duró mucho porque llegó el compromiso con el señor Gonzalo Proaño, director de los radioteatros, quien primero era el narrador en el hipódromo de La Carolina, daba la partida en la carrera de caballos por los parlantes. Por ese hecho Jaime le conoció, porque Radio Gran Colombia transmitía en las mañanas desde el Estadio Olímpico el fútbol y en la tarde, a las 15:00, las carreras de caballos.

Le dijo al hombre que televisaba el fútbol que tiene otra propuesta laboral para Radio Nacional del Ecuador y él le contestó: “bueno Jaime, usted tiene pleno derecho de trabajar donde usted quiera”. Ese día se separó de Radio Sport y su gran amigo.

Se inaugura Radio Nacional del Ecuador

Gonzalo Proaño le llamó a Jaime Moya y le pidió que ingrese a Radio Nacional del Ecuador, “por qué mi compadre (José María Velasco Ibarra) va a poner una radio, quisiera acompañarme”. Encantado Gonzalito, le contestó. Se inauguró el 24 de mayo de 1961.

Jaime no estuvo al inicio de la emisora. Recuerda que Gonzalo Proaño le preguntó si es “Velasquista”. Jaime le contestó que no es político. “Chuta”, le dijo, pero no se preocupe. A los 15 días que empezó la programación, le llamó y le pidió que sea parte de la estación. Ahí tomó la posta y estuvo por 34 años.

Esta emisora congregó a las mejores voces. Estaban Guillermo Jácome, Jorge Fegan, Edmundo Grijalva, Jorge Zaldumbide, Álvaro San Félix, Erika Von Lippke, Lolita Vaca, Hilda Sampedro, Gonzalo Proaño, a quien conoció como animador en la inauguración del Hotel Quito, porque Radio Gran Colombia transmitía todas las noches, de 22:00 hasta las 24:00, el espectáculo de la orquesta Salgado Junior que era de planta. Era director de la estación Carlos Alfonso Espinosa de los Monteros, padre de Alfonso y Gabriel.

Entre los periodistas estaban Jorge Ribadeneira, Milton “Pajarito” Salvador, Humberto Pérez Estrella, entre otros. Operadores de sonido eran Alonso Jácome, Jaime Pullas, Jorge Andino. Indica que la mayor parte de gente que laboraba en la estación estatal eran con experiencia, por ejemplo, el señor Carbo un locutor prestigioso de Guayaquil.

Radio Nacional del Ecuador se convirtió en ese tiempo en el centro de atención de los dueños de las emisoras, porque en esa época las radios, máximo tenían 600 vatios de potencia, haciendo excepción de HCJB. La ciudad de Quito era pequeña, pero después tuvieron que ampliar la potencia. Radio Nacional en 1961 salió con 10 kilovatios en onda media, se llegaba hasta Perú, Chile y Colombia, y 10 kilovatios en onda corta. En ese tiempo era de gran potencia. Además, tenía mucho prestigio porque era una fábrica de producción. En la mañana y en la tarde se grababa el radioteatro. En la noche había la presentación de artistas en vivo. Casi todos los cantantes del Ecuador pasaron por el radio estatal.

Los primeros años fueron de gran producción. Hubo radioteatro con Gonzalo Proaño. Jaime grabó el show de Ernesto Albán que era famoso y se emitía a las 20:30 con muchos invitados internacionales, entre ellos la neoyorquina Virginia López. La radio disponía de personal para trabajar de 06:00 a 23:00.

Radio Nacional del Ecuador contaba con un auditorio lujoso. Llegaban artistas profesionales que pasaban para Colombia. Había gente especializada para todas las áreas. “A mí me designaron para radioteatro que lo grababan a las 10:00 y también para audicionar y grabar a artistas famosos de la época como Benítez y Valencia, Mélida Jaramillo “La Lojana”, los tríos Los Indianos, Los Embajadores…

Jaime manifiesta que los primeros años de la radio fueron muy profesionales, pero más tarde entró la política y se fueron cambiando los esquemas de la radio. Cada director venía con nuevos procesos y nuevas propuestas, pero todos se respaldaban en el talento de la gente que estaba en la emisora.

El Dúo Benítez Valencia tenía un espacio especial y el conductor era Jorge Zaldumbide. Se emitía a las 21:00. Los pianistas Huberto Santacruz, en la noche, y Víctor de Vintimilla también tenían sus programas en vivo. Los locutores y libretistas, Juan Felton y Oswaldo Merizalde, llegaron de Radio Nacional Espejo y La Voz de la Democracia, respectivamente.

Los mensajes de José Velasco Ibarra en Radio Nacional

Jaime Moya cuenta que Nacional del Ecuador tuvo un momento difícil, porque aprovechando que la radio tenía sintonía, se pasaba todo el día los mensajes del presidente de la República, José María Velasco Ibarra. Un día el Primer Mandatario convocó a los empleados de la Radio Nacional. Todos acudieron.

Ante la presencia de un estadista como era José María Velasco Ibarra, “porque afuera le decían el loco, pero en realidad era un señor a todo dar, de mucho respeto, de gran porte”. El Mandatario le preguntó a Gonzalo Proaño. ¿Quién es el político aquí? Le contesta que todos somos artistas. “Ahí está la falla tiene que haber un político en la radio”. Desde ese momento hubo un cambio, la dirección ya empezó a ser política.

En 1962, los habitantes de Quito estaban molestos, hasta que un político encabezó un reclamo, porque se pasaba mucho lo que hablaba el cinco veces presidentes del Ecuador. Atacaron la radio. Venía gente alborotada del sur y del norte al centro de la ciudad, a la Plaza Grande, pero otros se desviaron al edificio de Radio Nacional del Ecuador, que estaba ubicada a media cuadra de la Plaza del teatro en la Manabí y Olmedo, donde también funcionaba la Cámara de Comercio y el Ministerio de Turismo.

“Estábamos en actividad artística y grabando, cuando de pronto escuchan unos gritos salgan y abandonen la radio, porque están atacando”. Hubo un disparo, rompieron el candado de la puerta principal, de la entrada a la radio. A un costado funcionaba los almacenes de All Horbarth y La Competencia. “Ventajosamente ahí se entretuvieron robando las bicicletas y los aparatos de radio”. Jaime con Camilo Santacruz se subieron al cuarto piso del edificio donde también funcionaba la Contraloría. Se escondieron. Los manifestantes buscaban a las personas que conformaban Radio Nacional del Ecuador.

En ese incidente, Camilo Santacruz se olvidó la guitarra. Se calmó un poco y bajaron. En el mismo edificio en el segundo piso funcionaba Radio El Tiempo, que dirigía un señor Ribadeneira, compañero de Radio Gran Colombia. “Ven, Jaime, entra acá”. Preguntan “alguien que conozca de radio que le haga funcionar a la Radio Nacional”. Pablo, un amigo le dice ándate vos, porque no sabían que Jaime era trabajador de la emisora. Prendió los equipos, pero todo estaba destrozado: rotos los brazos de los tocadiscos, habían quemado los muebles de la oficina, botado a la calle las máquinas de escribir… Fueron momentos muy difíciles. El horario de Jaime en Radio Nacional del Ecuador era de 05:30 hasta las 12:00.

Después la gente de la emisora fue cambiando. Muchos periodistas, locutores y actores pasaron a Radio Quito, donde Jaime también trabajó 35 años, hasta que se jubiló.

El hombre orquesta de los controles

Hubo una época en que Jaime atendía la audición y grababa el radioteatro, porque la consola al aire estaba junto a la consola para el radioteatro, aprovechaban que Jaime estaba, por ello él tenía cintas editadas, con música e identificaciones. Mientras pasaba las cintas con música de una hora de duración, seguían grabando el radioteatro.

Poco a poco los libretistas y directores iban conociendo la habilidad de Jaime en el control de sonido. Recuerda que muchos directores, entre ellos Álvaro San Félix, le daban los libretos. “Él se encargaba de la dirección yo de los efectos”. Pasaron los años y eran como una familia. “Cuando grababan el radioteatro le regresaba a ver y yo le decía si está bien o está mal la escena. Si yo le hacía una seña regresaban hacer la grabación o suspendíamos hasta que se repasen un poco más. Ellos tenían mucha confianza en mí, porque yo calificaba las voces prácticamente. No es que yo me tomaba esa atribución, sino que ellos sabían de mi trabajo”.

Si es que se equivocaban, Jaime tenía la paciencia de repetir o editar. Los directores nunca tuvieron problemas, porque él solucionaba de alguna manera algún inconveniente. Corregía o cortaba las cintas, editaba los baches o equivocaciones. Eso fue un mérito de Jaime para que todo salga bien.

Las producciones de radioteatro se grababan en Radio Nacional, a las 10:00. Álvaro San Félix era muy inteligente. Hacía los libretos de los cuentos famosos de la literatura universal, algunos compraron en Venezuela y otros producía él. “Álvaro era un director muy comprensivo. No era el que ordenaba, ni el que gritaba. Todo era en paz y armonía”.

Juana de Arco y Erika Von Lippke

Los efectos se improvisaban de tal manera que se hacía muy real el sonido. Todo servía: muebles, papel celofán, la caja de fósforos, focos… “Lo que había al paso nos inventábamos. La colaboración era de todos”. Cuenta que por hacer eso “pasaban unos chascos”. Una vez grabaron sobre Cristóbal Colón, en una distribuidora de artefactos eléctricos, pidieron prestado un cajón grande y un escritorio. A ese mueble le destrozaron porque tenían que hacer el ruido del mar en las carabelas. “El efecto quedó perfecto de un barco que estaba en alta mar. Luego eran las risas y ahora qué le entregamos al dueño”.

En un libreto sobre la llegada a la cima del Everest, escrito por Jorge Ribadeneira, había que recrear el camino del hielo, la subida, la bajada. Ese rato se organizaba. “Había que tener los cinco sentidos en cada cosa que se hacía”. La improvisación era fundamental.

Recuerda que estaban grabando sobre la vida Juana de Arco y no le salía el grito a Erika Von Lippke cuando le estaban quemando. Álvaro San Félix le decía que “no le estamos acariciando, sino le estamos quemando. Vamos a repetir”. Entonces empieza nuevamente la dramatización, pero Jaime tenía el libreto y lee cuando tocaba el grito. “Muy quedito me acerco” y le hace un mordiscón de burro a Erika y el grito salió igualito. Erika, después de la grabación, le dice “que bestia como me hiciste gritar”. Todo tenía que ser a viva voz para que funcione. Después se reían porque no se imaginaron nunca que iba a pasar eso.

Asegura que con todos los actores y actrices se llevaba, porque fueron buenos compañeros. “Éramos como familia. Todos éramos el uno para el otro y el otro para el uno. Cualquier cosita entre nosotros nos tapábamos, pero el cariño existía entre todos”. De esa época extraña la amistad y el trabajo en vivo, porque ahora es todo grabado, hay más facilidad.

Radio Quito, La Voz de la Capital

Su paso a Radio Quito se dio porque, a finales de 1962, a Alfonso Laso Bermeo le designaron director de Radio Nacional del Ecuador y también laboraba en “La Voz de la Capital”. El también narrador deportivo le comenta “Jimmy hay un puesto en Radio Quito ¿quisiera trabajar?” y Jaime le contestó “claro, encantado”. Le presentó a la directora de la radio, Hilda Molina. Estuvo a prueba tres meses y permaneció 35 años. Su horario era de 16:00 hasta las 23:00. Cuenta que en Radio Quito “obligado” tenían que usar terno y corbata.

Conoció a Edison Terán, que fue director de Radio Quito, después fueron sus compañeros los directores: Fernando Fegan, Eduardo Brito, con quien se conoció en 1954, cuando vino a estudiar de Manabí en la Universidad Católica, igual con Jorge Zaldumbide. La Locución estaba a cargo de Edison Vargas Acosta. “De Gran Colombia nos encontramos en Radio Quito. Todo era profesional ya casi no se trabajaba mucho con libreto se hacía en vivo”. Ahí era la capacidad de cada uno de los locutores y productores de la época.

“Con René Torres nos encontramos en Radio Quito, nos conocimos en el barrio de la Loma Grande”. Los dos se llevaban con los miembros de la familia Granda. René con el hermano mayor y Jaime con el menor Edmundo. Trabajó con el comunicador en Radio Nacional y Radio Quito.

Había distintos turnos en la radio, pero se reunían para actos especiales: cumpleaños, aniversarios, Día de la Madre, del Padre, fiestas de Quito. Se grababa y cada uno colaboraba… “Todos nos saludamos, pero teníamos responsabilidades distintas”.

Leonardo Ponce y las pruebas en canal 8

Uno de los directores de Radio Quito fue Leonardo Ponce, quien en 1970 fue director de canal 8. Le dijo a Jaime que tenía que hacer el turno en la radio de 15:00 a 21:00, porque están haciendo las pruebas de canal y le envió durante tres meses como operador de audio. En esa época subía a pie desde la avenida 6 de Diciembre hasta Bellavista, donde estaba ubicada Televisora Nacional. De regreso sí le traían en el carro, “pero era muy largo para mí ir ese trayecto todos los días. Me separé del canal y me quedé en la radio Quito”. Uno de los personajes que se inició en Radio Quito fue Polo Barriga, quien luego locutor de canal 8. Jaime dejó en el canal a su hermano, Mario, pero a él no le gustó. Ahí se acabó la relación con el medio.

En la Radio Quito tuvo muchos amigos y compañeros valiosos, como Jorge Aníbal Salcedo, locutor y actor. Guillermo Jácome Jiménez, con quien se conoció en Radio Luz de América. Tiene una anécdota muy especial con Guillermo. Después de la audición a las 10:00, salían y le decía “Jaime venga le invito a jugar billar”. Jaime le contestaba “no yo no sé de billar”. Había un billar cerca de la Escuela Sucre y de ahí no salía hasta que él me enseñaba a jugar billar. Fue la curiosidad nomás porque nunca más he jugado eso”.

La cobertura de “La Guerra de la Funeraria”

Era la madrugada del 1 de septiembre de 1975, cuando le llama Fernando Fegan, director de Radio Quito. “Jaime tiene que encender la radio porque hay un acto político que no puede dejar de transmitir la emisora”. En ese momento Jaime, quien tenía la llave de la radio, estaba escuchando Caracol de Colombia que informaba que había un golpe de Estado en el Ecuador. Desde su casa escuchaba los disparos, porque vivía en San Francisco. Desde La Merced se disparaban hasta la Plaza Grande.

Le dijo a su esposa, Enma Zaldumbide, que se iba a la radio. Llegó a la emisora, donde había una puerta enrollable, enorme, por la que se entraba a El Comercio. Golpea y le gritan quieeeen. Jaime Moya… Le contestan: ¡Qué hace ahí, carajo! ¡Qué le pasa, váyase a su casa! Le dice que abra la radio, es urgente. Le abren y sube al cuarto piso y empieza a mandar música, hasta que se reúnan los periodistas en El Comercio, en el sur. Todo se hizo desde San Bartolo, estuvieron Gonzalo Rosero y Néstor Arboleda. Jaime, en el centro de la ciudad, abrió micrófonos para que se oigan los disparos. Estuvo hasta el mediodía.

Llegó el director de la emisora, con Carlos Mantilla Jr., y le dijeron que cierre la radio que van a bombardear el Palacio de Carondelet y se acabó esta cobertura. Mucha gente pensaba que Jaime estaba poniendo efectos, pero no era así, porque sacó el micrófono a la calle Chile y se oía clarito los disparos. Radio Quito, cuando salió del centro, se trasladó a la Colón y 10 Agosto, luego se pasó a canal 8 por dos años.

La Cueva del Oso

En 1985 Jaime Moya grabó un programa por las Fiestas de Quito, sobre el origen y la importancia del restaurante “La Cueva del Oso”, cuyo dueño era Rafael Mosquera. En ese evento estuvieron como presentador René Torres, la música a cargo de Galo Soria y Eduardo Erazo. Contaron sus anécdotas Jaime “El Payaso” Vega y Marco Chiriboga Villaquirán. También estuvo Alberto estrella gran basquetbolista entre 1945 y 1955.

El conocido locutor quiteño, René Torres, inició leyendo un texto que fue publicado por el vespertino Ultimas Noticias, escrito por el “Contador de Historias de Quito”, Marco Chiriboga Villaquirán, quien falleció en febrero de 2014, que decía: “Algún ocurrido le puso el apodo que le hizo famoso por su tamaño, un poco fuera de proporción para el medio y por sus modos de gigante con corazón de niño. Rafael Mosquera se convirtió en El Oso. Hay muchos que no conocen su nombre real, simplemente le llaman El Oso. La bohemia quiteña es famosa en todo el mundo y sus alrededores… Tiene sus cuarteles generales en la Cueva del Oso, porque los osos tienen su cueva. Rafael como buen oso que es, instaló la suya…”

Marco Chiriboga Villaquirán destacaba que la Cueva del Oso es un símbolo de la amistad, que nace desde el corazón de Rafael Mosquera “el Osito”, quien no solo abre sus puertas para que todos los bohemios y soñadores tengan un lugar, “sino que ha ido creando nuevas generaciones de bohemios puros, limpios, donde decimos siempre la verdad”.

Jaime Moya recuerda que la grabación se realizó a las 21:00 en la Cueva del Oso, que estaba ubicada en las calles Chile y Venezuela. Llevó una grabadora para conservar las voces que asistieron y contaron historias, chistes y anécdotas. Aunque la euforia y la picardía no era como antes, pero se logró conocer el sentir de los quiteños. La reunión duró hasta las 23:00. “Fue una noche especial. Es un tesoro que lo tengo como recuerdo”.

Las bromas

De niño nunca pensó ser parte de la radio, pero fue algo hermoso que lo recuerda y conserva siempre porque es un oficio que le permitió aprender, experimentar y enseñar. Señala que todos sus compañeros han sido buenas personas. Son sus amigos hasta ahora. Era un segundo hogar la radio. “Nos divertíamos y sufríamos porque no todo es color de rosa”.

En Radio Gran Colombia, Jaime en las madrugadas utilizaba una bufanda. Jorge Zaldumbide le había mojado y le había hecho nudos y le dejó de una cuarta parte. Jaime se desquitó: le puso en el ojal de un saco del locutor “un candado grandote con cadena inmensa”. No sé cómo se arreglaría, dice. Lo pudo hacer porque se trabajaba solo en camisa.

Edwin Rivadeneira, quien trabajaba en diario El Comercio, cuenta que conoció a Jaime cuando estaba en las radios Quito y Nacional del Ecuador. “Era una gran persona, pero también le gustaban las bromas”. Cuenta que cuando se enojaba Gonzalo Benítez con Luis Alberto “El Potolo” Valencia y viceversa, Jaime les decía “buenos días, señor Valencia a Gonzalo, quien le contestaba que no le confunda con ese…” Así mismo saludaba con el Potolo.

Comenta que, en una ocasión, Miguel Peñaherrera, hermano del ex vicepresidente de la República Blasco Peñaherrera, quien era técnico en Radio Nacional del Ecuador, le pidió a Jaime Moya que a la mañana siguiente le despierte a las 07:00. Le contestó que encantado. A Miguel le decían “el catalejo” porque usaba unos lentes muy gruesos, como asiento de botella, relata Edwin Rivadeneira. No obstante, Jaime Moya mientras estaba dormido le pintó con pintura negra los lentes. Miguel se despertó temprano y, como vio que todo estaba oscuro, siguió durmiendo hasta las 09H00.

Froilán Cabrera, quien conoció a Jaime Moya en 1973, cuando laboraba en Radio Quito y luego fue su compañero y amigo en Radio Nacional, destaca la chispa para un chiste y unos improntos extraordinarios. Siempre se caracterizó para ser muy jovial. “Una gran persona, un gran amigo y un gran profesional Jaime Moya Herrera”, repite.

El pilar de su vida

Está casado desde hace 66 años con Enma Zaldumbide. Siempre le comprendió la ardua tarea que cumplía en la radio. “Ha sido el estandarte de mi vida, el soporte de todas mis alegrías y mis penas. Sabía el sacrificio de la radio, porque los 31 de diciembre estaba fuera de casa, las fiestas de inocentes que se transmitía hasta altas horas de la noche. Mi familia y mis hijos siempre me apoyaron y han sido el pilar de mi vida”.

Sus hermanos Fernando y Mario también estaban en este medio. Jaime les enseñó, pero ellos tomaron otros caminos, pero sus hijos y nietos siguen la tradición. Oscar es productor multimedia, Alex es cineasta e Iván es realizador de radio y televisión. Sus hijos siempre le preguntan sobre la época de oro de la radiodifusión quiteña, los nombres de las personas que fueron sus compañeros y Jaime siempre tiene la respuesta oportuna, pues los conoció a todos.

Insiste en que las nuevas generaciones deben aprovechar la oportunidad de trabajar en los medios de comunicación, porque es la única oportunidad de estar cerca del público, eso significa responsabilidad. Muchos periodistas recibieron el apoyo de Jaime porque le tenían mucho respeto en su trabajo. “La radio siempre está dentro de mí, son 45 años que no los puedo olvidar”.

Nostalgia

Siente nostalgia de ya no estar en los medios de comunicación, porque prácticamente hubo una separación de su familia laboral. “La tecnología vino de golpe y nos dejó a nosotros muy lejos”. Ahora todo es diferente y ya no hay producciones de radioteatro, insiste.

La radio siempre ha estado presente en su vida. Este amor no termina, acota. Todos los días escucha, qué es lo que pasa con este medio de comunicación que genera sueños e imaginarios, pero sobre todo siempre está cerca de la gente.

“Vivo de los recuerdos, dicen que no se vive, pero yo sí, porque añoro esa época. El estar siempre en actividad, leyendo, pensando que es lo que se va o se puede hacer. Tengo presentes los momentos memorables que me tocó pasar y compartir con muchos compañeros unos están y otros ya no”.

Iliana Cervantes Lima
Voces de la Radio

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