Este año 2021 cumplió 50 años en la comunicación. Se inició en el mundo de la radio en 1971, cuando su hermano Carlos Rodríguez Coll lo visitó en su casa y le propuso que se haga locutor deportivo. Oswaldo Rodríguez Coll nació el 23 de diciembre de 1931, está próximo a cumplir 90 años. Viene de una familia formada por Milton Rodríguez Vivero, manabita y Dora María Coll Maristany, española, de Barcelona.

Son ocho hermanos: Carlos, Teresita, Milton, Oswaldo, Gladys, Eduardo, Alfredo y Richard, de los cuales viven cinco: Carlos falleció a los 73 años, el 4 de septiembre de 2001; Alfredo, a los 69 años, el 25 de junio del 2007; y Eduardo murió a los 84 años, el 18 de febrero del 2019. Milton vive en España, Teresita y Richard viven en Quito y Gladys en Manabí.

Su pasión por el fútbol se inició en su natal Bahía de Caráquez, en la escuela Manuel Valverde. Tenía un profesor de dibujo, Félix Chávez Loor, quien era hijo de otro gran maestro, Don Rodolfo Chávez. “Yo nunca entré a una clase de dibujo, porque estaba con la pelota, hacía la fila y me desviaba a la parte de atrás de la escuela a patear la pelota contra la pared. Toda la hora de clase”.

Luego de un tiempo su papá le comentó a su mamá: “Dorita, Bahía no es para mi familia, somos muchos y esto es muy chiquito. Vámonos a Guayaquil”. Al Puerto Principal llegaron en 1944. En la Navidad de 1945, don Milton le comunicó a Doña Dorita: “a principios de año nos vamos a Quito, Guayaquil no es para mis hijos”. Llegaron a la capital ecuatoriana el 6 de enero de 1946, “a la preciosa estación de Chimbacalle”. Viajaron en tren. Oswaldo tenía 15 años. Después de ocho meses de estar en “La Carita de Dios” se asentaron en la Ciudadela México, del barrio Chimbacalle. “Para mí y para todos los hermanos Rodríguez Coll este es el mejor barrio del mundo, porque aquí están los mejores recuerdos. La forma en que la gente nos recibió y acogió. Éramos los famosos monitos”.

Asegura que todos los hermanos nacieron con la pelota bajo el brazo, por ello, en Quito, se unieron al equipo del Atlanta de la Liga de Chimbacalle. Los equipos que participaban en el campeonato eran: Peleador, Gimnástico, Atlanta, Liga, Aucas, San Lorenzo, Sacramento, Crack, entre otros. Jugaban en la cancha del Estadio de El Ejido. Los nombres de los seis hermanos Rodríguez Coll, deben constar en los registros de la Central Deportiva Obrera de Chimbacalle, señala.

Oswaldo comenta que, en 1948, su hermano Carlos comenzó a incursionar en el periodismo radial. Un día que estaba previsto que participen los seis hermanos en un partido, a Carlos le tocó hacer una transmisión en el colegio Mejía, donde estudiaba la noche. Jugaron solo los cinco que eran delanteros y constaban en los registros del Atlanta y la central deportiva Obrera de Chimbacalle. Esto fue entre los años 1950 hasta 1952. Nueve amigos del barrio se fueron a la conscripción y Oswaldo “se coló”. Cumplió el servicio militar obligatorio en la Escuela de Infantería del Cuartel Vencedores, que queda en la avenida De la Prensa, al norte de Quito. Los fines de semana que tenía libre jugaba en la juvenil del Atlanta.

Para Oswaldo, 1953 fue el mejor año de su vida deportiva, cuando conformó la Selección Juvenil de Pichincha, afiliado a la Concentración Deportiva de Pichincha. Esa selección recorrió todo el país y nunca perdió un partido. Lo dirigía Eduardo Bohrer, conocido como “El Zorro” Bohrer. Había jugadores de la talla con Jell Rivadeneira, que luego formó parte de Liga Deportiva Universitaria; Leonardo Palacios, del España; César “El Negro” Maldonado, que jugó en el Deportivo Quito, Armando Navarrete, que constaba en los registros de Liga; Estuardo Lastra, fue parte del club Atlanta, “El Mendocita” que tapaba en al Atahualpa y era el arquero, “el Murillito”, que jugaba en el Atahualpa. “Así nos tratábamos en esa época. Conformábamos el trío central Jell Rivadeneira, Oswaldo Rodríguez y Leonardo Palacios. Fue una época dorada hasta que en 1954 se iniciaba la Asociación de Futbol No Amateur (AFNA).

Cuenta que Jaime del Castillo, quien fue alcalde de Quito de 1967 hasta 1970, fue fundador del Aucas, en 1945, junto Federicus Hulswit, de Holanda; y Guillermo Alarcón, de Ecuador. Estos últimos fueron parte de la empresa de hidrocarburos Royal Dutch Shell. Era 1953, Jaime del Castillo y su hermano Carlos se llevaban muy bien, “se decían socios, a pesar de que nunca fueron socios en nada”. Un día Jaime del Castillo le comentó: “Carlitos voy a formar la Asociación No Amateur, mañana presento los papeles para crear ANA”. Carlos le dice Amateur de qué Jaime, de qué socio. Jaime del Castillo le contesta del fútbol. Entonces falta la F y así quedó como AFNA.

En 1954 se inició el primer torneo realizado por AFNA con los equipos de Pichincha. Participaron: Aucas, por ser Jaime del Castillo el organizador; España, Argentina, que luego fue el Deportivo Quito, y faltaba el cuarto. Estaba entre Liga Deportiva Universitaria o San Lorenzo, de La Vicentina. No se ponían de acuerdo, hasta que Jaime del Castillo dijo “señores esta noche se completa el cuarto equipo”. Convocó a los dirigentes que no se ponían de acuerdo. Le pidió a Jorge Andrade, que trabajaba con él, que le preste el sombrero. Puso dos nombres en los papelitos: Liga y San Lorenzo. Llevó a un representante del equipo España. Una persona que estaba en el público que le decían el “Colorado Correa” sacó el papelito que decía LDU.

“Jaime del Castillo cogió el papelito que quedó y lo enrolló, se lo llevó a la boca. Se lo tragó. Pasado el tiempo confirmó que hizo trampa, porque puso en los dos papeles LDU. Esa fue la única trampa piadosa que hizo Jaime del Castillo. Un caballero a todas las luces”. Relata que cuando fue alcalde de Quito se inició la modernización de la capital con los puentes elevados. “Era muy trabajador, los martes se ponía la gorrita y salía a recorrer las obras”. Cuando le preguntaban el día de la inauguración les respondía: “para qué inaugurar, la obra debe estar cuando se necesita” y disponía que entre en funcionamiento lo más pronto. No hay para qué inaugurar, eso es perder tiempo y perder plata. Nunca le gustó figurar.

En esa temporada iniciaba el campeonato y Aucas, dos semanas antes, fue llamado a Guayaquil, fue invitado a jugar un cuadrangular: Norteamérica y Barcelona, de Guayaquil; Aucas y España, de Quito. La final quedó entre Norteamérica y España, este último equipo pidió refuerzos, porque tenía dos futbolistas lesionados: el “Mono” Toral, centro delantero; y Leonardo Palacios, que era el interior izquierdo. El Atlanta envió a Oswaldo Rodríguez Coll, como centro delantero, y Argentina, a Ernesto Guerra, que era el interior izquierdo. “Fuimos y jugamos”. Aucas estaba interesado en el jugador del Norteamérica que era interior izquierdo, Daniel Pinto, a quien le preguntan a quién te gustaría tener de compañero, para contratarlo para el próximo año. Les contesta que al flaco centrodelantero del España, era Oswaldo. “Yo pesaba 124 libras, cuando jugaba el fútbol”.

Luego de permanecer en el Puerto Principal llegaron a Quito e iniciaron conversaciones con el dirigente del Atlanta, Jacinto Meneses. El Aucas pagó por el pase 3 000 sucres. Indica que formó parte de la época de esplendor y gloria de Sociedad Deportiva Aucas, de 1945-1960, como consta en el primer tomo del libro “Historia del Aucas”, escrita por Ramiro Montenegro López. Yo pertenezco a ese periodo brillante”. Reitera que en esa época el Aucas tenía el 90% de la hinchada de Quito. “Hasta ahora la gente que es hincha de muchos equipos dicen: yo soy hincha de la Liga, El Nacional, pero le quiero al Auquitas”.

Oswaldo trabajaba en el Banco La Previsora, ubicado en las calles Guayaquil y Espejo, en el Centro Histórico de Quito. Estaba en la sección Cobranzas del Exterior. Ingresó a esta entidad luego de retornar del servicio militar, en 1952. En esa época ganaba 1 025 sucres y en Aucas ganaba 400, es decir recibía al mes 1 425 sucres, “pero como el Aucas nunca nos pagaba me quedaba con el sueldo del banco”. Estuvo hasta 1959.

En la entidad bancaria trabajaba en dos jornadas: mañana y tarde. La entrada para el personal era por la calle Espejo, que también era la entrada al Hotel Humboldt. Cuenta una anécdota que sucedió en 1959. Un día Oswaldo se entera de que el cantante mexicano Miguel Aceves Mejía, conocido como “El falsete de oro”, se iba a hospedar en el hotel. Cumplió la jornada matutina y se fue a su casa para almorzar, cuando de pronto pasó un avión y dijo ahí viene Miguel, viene al hotel. Y lo esperó sentado en una de las butacas que había en el corredor. Las calles estaban llenas de gente. Llegó Miguel con un terno café, una corbata amarilla con borlas café, un maletín y un sombrero de paño en la mano. De pronto gritó: “órale, me robaron mi billetera”. Oswaldo le pidió el sombrero y el portafolio y el cantante salió corriendo tras del maleante. Le atraparon al ladrón en la Plaza Grande, por la joyería Mackliff.

El cantante mexicano regresó en medio del tumulto. Oswaldo le acompaño para que se registre en el hotel. Pasado el susto le dijo: “órale mi cuate, usted será mi amigo y va a estar conmigo en todas mis presentaciones. Me hice el Cicerone (acompañante) de Miguel”. Se presentaba tres veces en la misma noche: en el Coliseo Julio César Hidalgo, en el Grill Henry, que quedaba en la Pedro Fermín Cevallos, donde hay un graderío que sale a la 10 de Agosto, a la Casa Vivanco frente, frente al churo de La Alameda; y en el Cabaret Salsusi, que estaba en la avenida De la Prensa y Zamora. En Quito permaneció martes, miércoles y jueves, porque el viernes debutaba en Guayaquil.

Oswaldo le acompañó en primera fila en todas las presentaciones. La primera canción que interpretó fue “Hay que laureles tan verdes”. Usaba un traje, color negro riguroso, con vivos blancos y un par de pistolas auténticas, con cacha de nácar. Cuando le daban de beber, si le daban petróleo, petróleo tomaba el hombre”, repite.

En esa época Oswaldo tenía una enamorada que vivía en la Villa Flora, se llamaba Rosita. “Me di el lujo, la noche del jueves de llevarle una serenata con Miguel Aceves Mejía. Apenas comenzaron a sonar los instrumentos se iban prendiendo las luces de las diferentes casas. “El primero en salir con una botella en la mano fue el hermano de Rosita, quien no me podía ver”, recuerda con una sonrisa de triunfo.

En 1971 trabajó como visitador médico y ganaba 3 250 sucres. Vivía en la calle Versalles y San Gregorio, cerca de Santa Clara. Un sábado a las 18:30, estaba en la casa con su esposa y timbraron la puerta. “Era mi hermano Carlos, con una fundita de papel, con una botella de whisky bajo el brazo” y le dijo: “vengo a que me invites a la merienda”. Tomando la botella de licor, le comenta “mira Oswaldo, yo he formado a muchos periodistas deportivos, algunos ingratos. Yo quiero hacerte periodista a vos, jugaste al fútbol, conoces el reglamento, sabes lo que son las 18 yardas, el área chica, el área de candela…”. Oswaldo le contestó que le pareció interesante. Carlos le recalcó: te espero mañana en la cabina de Radio El Sol. Oswaldo no fue.

Pasó una semana, llegó otro sábado a la misma hora, nuevamente con otra fundita y otra botella y le repitió: “vengo a insistirte. Yo te estoy invitando a que abraces una profesión que te va a servir de por vida. Aprovéchala”. Oswaldo le respondió: mañana voy hermano. Carlos le indicó que “hasta soltar la lengua” anuncie la marca de una camioneta, un cigarrillo de moda de la época y la Casa de Cambios MM Jaramillo Arteaga (Manuel María Jaramillo Arteaga), que fue suegro de su hermano Carlos, quien se casó con Fanny Jaramillo Garcés.

Al día siguiente, llegó a la cabina y le puso en la lista. El locutor comercial era Jimmy Porras. Carlos al aire dice “señoras, señores les presento a mi hermano, Oswaldo Rodríguez Coll, quien fue jugador del Aucas, como el futuro periodista deportivo del país. Bienvenido…” Oswaldo respondió. Muchas gracias, Carlos por la oportunidad.

Indica que Carlos estaba al centro, Jimmy a la izquierda y él a la derecha…” No pasaron 20 minutos del partido entre Universidad Católica y América y le dió el micrófono. “Yo me quería morir. Mi hermano se quedó en la puerta de la cabina. Empecé a narrar, pero no daba ni atrás ni adelante. Carlos regresó y al aire dijo: Oswaldo, yo quiero un narrador deportivo, no un borrego al lado mío. Vamos suéltate, suéltate, tranquilo”.

Pasaron los años y su hijo Martín le acompañó a la misma radio El Sol, en un programa sabatino. Oswaldo le dijo campeón siga usted que yo me voy a fumar un cigarrillo, el muchacho se quedó loco y yo salí”. Había una cabina de vidrio y le decía siga, siga, siga. “Eso quiere decir que yo le hice lo mismo que me hizo Carlos a Martín. Son las cosas de la vida, reitera.

En 1972, a Oswaldo le detectaron artritis y el médico le sugirió cambiar de clima e irse a la Costa, por ello viajó a Manabí. El 2 de febrero de ese año se desplazó a Manta. No conocía a nadie, no tenía trabajo, pero se aventuró. Al inicio vivió en una casa a la entrada del puerto manabita. Todos los días iba al centro de Manta a comprar diario El Comercio. Eran los primeros días del mes de abril, estaba en una esquina, cuando de pronto pasa un carro y el conductor le gritó: ¿Oswaldo Rodríguez Coll, qué haces en Manta? Se parqueó inmediatamente. Era Vinicio Serrano, de Quito, quien estaba casado con una manabita. Le contó que no tenía trabajo. Le llevó a la calle 24 de Mayo, en una edificación decía Bazar Rupertti y le presentó a Otto, dueño de Radio Tropical, quien le dijo: “ñaño, sube la radio es tuya, anda, el técnico de control se llama Orlando”. Así e hizo cargo del programa “Deportes por Tropical”.

En octubre se ese año fue declarado por la Cámara de Comercio como el mejor programa deportivo de Manta. En ese mismo año desde Bogotá, con su hermano Carlos, transmitió el partido Ecuador- Colombia. Fue la única emisora manabita que ha transmitido en vivo un partido de la selección ecuatoriana desde el exterior.

Trabajó hasta octubre de 1975. Cuando transmitía, con Dumas Vera, técnico de sonido; Segundo Giler y Alfredo Ortiz, en la locución de los comerciales, el partido entre Sport Boys, del Perú, y el Manta Sporting Club, en el estadio Jocay.

De pronto se corta la transmisión y salió una voz “aguardientosa” al aire. “Amigo mío, estoy aquí, con mi pana que ha venido de la Yunai, de los Estados Unidos, de la Gran Manzana, desde Nueva York, Alberto y le estoy dedicando unas rancheras que le gustan…”. Era Otto Rupertti, el dueño de la radio. No hubo el retorno para continuar con los detalles del partido. “Solo se oía y aquí vamos a chupar con mi pana, mi ñaño”. Oswaldo dejó los equipos en el local de la radio y les invitó a sus compañeros a tomarse media botella de whisky, para pasar el mal rato.

Eso ocurrió un miércoles. El señor Rupertti decía que al día siguiente de chupar pasaba “azumagado”. El viernes Oswaldo entró al bazar y el propietario de la estación estaba sentado en la caja con los pies sobre el mostrador, con las zapatillas de playa y le dice “hermano que tal como estas” y Oswaldo le contesta “Hermano de mi perro. Estas hablando con un periodista profesional. Yo no soy tu muchacho de mandado. Me has faltado el respeto y eso no te lo tolero ni a ti ni a nadie. Vengo a sacar mis cosas… Renunció.

Eso era octubre, llegó diciembre y seguía sin trabajo. Oswaldo en esa ciudad tenía muchos amigos que eran profesionales, a los que había conocido en Quito, cuando estudiaban sus carreras en la Universidad. Entre ellos estaban Alberto Cantos, Italo de Geigna, un ingeniero hidráulico de apellido Díaz, José Cevallos Morillo, entre otros. Oswaldo acostumbraba a pasar la Navidad y Año Nuevo en Quito. Alberto Cantos le llamó el 31 de diciembre de 1975 a las 16:00. Le dijo: “Oswaldo, quiero que estés en Manta el 2 de enero”, porque Giovanny Pantaloni, italiano, quien era dueño de la radio Visión e hincha a muerte del Aucas, le dijo a la directora de la estación, Mariana Dávalos: “si el próximo año no hace el espacio de deportes Oswaldo Rodríguez Coll, no habrá el programa de deportes en la radio. Localícelo y que se haga cargo”. La señora le mandó el mensaje a Alberto Cantos, quien después llegó a ser alcalde de Manta y Oswaldo fue su secretario por cinco años y medio.

Llegó el 2 de enero, a las 09:00 y Mariana le dijo a Oswaldo “el programa deportivo es suyo. Usted haga y deshaga con la radio. Es orden superior”. Trabajó 10 años, desde 1976, hasta el 2 de febrero de 1985. Vivió 13 años en Manta. Radio Visión era la única emisora en el Ecuador que tenía una antena marina. “Pantaloni fue un personaje fuera de serie, hacía carreteras, puentes. El muelle internacional de Manta es obra de él. Falleció en el Puerto Manabita y fue enterrado en Quito. Era casado con una ecuatoriana y tenía dos hijos.

Pero no todo le fue color de rosa en el puerto manabita. Oswaldo señala que en Manta su cabeza tenía precio, pues fue buscado por Macario Briones, quien era muy conocido en Manabí por ser guardaespaldas de los dirigentes estudiantiles de la FEUE de Universidad Técnica de Manabí. Le decían “El Profe” y con el tiempo se convirtió en el tercer delincuente más buscado del país.

Oswaldo había realizado algunos comentarios en la radio en contra de la Liga de Portoviejo y la Universidad. Un amigo le comentó que Macario quería reunirse con él. Se vieron por primera vez cerca del aeropuerto de Manta, pensó que lo iban a matar. Cuando se encuentran Oswaldo con voz firme le pregunta: Así que usted es el famoso Macario Briones”. Le contesta: “Si, Don Oswaldo. Y usted es el famoso Oswaldo Rodríguez Coll”. Si yo soy. “Yo lo creí más novelero, más joven”. “Yo estaba frente a quien me iba a matar y con qué antecedentes”.

“Mire, don Oswaldo, yo quiero que usted, frente a mí, me diga por qué odia tanto a la Liga de Portoviejo, porque me odia tanto a mí”. Oswaldo le responde: “mire, Macario, usted está aquí para oír mi verdad y yo se la voy a decir, me cueste lo que me cueste, pero quiero que me conteste afirmativa o negativamente, pero que sea la verdad. Contésteme usted es el buscado por la policía en Manabí y en todo el país, usted es el tercer más buscado del país. Afuera hay una camioneta robada. Dígame es verdad o es mentira”.

Macario se levantó y le dijo: póngase de pie y le dio un abrazo y exclamó: “así hablamos los hombres”. “El rato que le abracé dije: trágame tierra. Tenía en la parte de atrás una subametralladora pegada al cuerpo. Hablamos tres noches seguidas como tres o cuatro horas, fue un viernes, sábado y domingo”. Macario le puso como condición que para olvidarse del incidente debía publicar un artículo en diario El Mercurio con lo que Oswaldo quiera. Y lo hizo. En el último párrafo puso un pensamiento de Job sobre la paciencia.

Era las 22:30 y le llamó por teléfono: “Don Oswaldo quedamos en paz. Los hombres hablan y escriben como ha escrito y hablado usted. Téngame como sus amigos. Todo está terminado”. Pasado el tiempo Oswaldo fue Gerente del Banco de la Vivienda en Manta y le pidió apoyo para uno de sus compinches apodado “El Matagato” que necesitaba una receta para sus hijos. Le pidió que le regale 5 000 sucres. “Se convirtió en mi protector, sin que yo le diga de nada”. Fue en 1983.

Pasó el tiempo. En 1985 se interesó de sus servicios Jaime Bowen Andrade, en ese tiempo presidente del Aucas y dueño de Radio El Sol. Junto a Manuel Bataine, director técnico del equipo y exfutbolista del Deportivo Quito, le pidió a que trabaje con él, en la capital. Aceptó. Mientras en Manta era difícil pedir auspicios para salir a las coberturas nacionales, en la radio capitalina salió cinco veces al exterior. Su comentarista era Jorge “El Chino” Carrera. Estuvo hasta 1986 cuando el Aucas no subió a la primera categoría.

Oswaldo comentó que ya se sabe el calendario del Aucas, para este año, por ello va a realizar un análisis de lo que fue el equipo oriental el año pasado. “Voy a separar en varios segmentos: afición, hinchas, equipo de futbol, dirigentes y cuerpo técnico. Un aplauso para los hinchas que no dejaron a su equipo, siempre apoyaron….”. Entonces sonó el teléfono y el técnico de control, Jorge Espinel, a quien le bautizó como el Mariscal del Sonido, le indicó “jefe, es el otro jefe”. Jaime Bowen le expresó: “Campeón, te felicito. Siempre inicias tu programa muy bien, pero te doy un consejo: cambia de tema”. Oswaldo le contestó que no había ningún problema”.

Cogió el micrófono y dijo “señores acabo de cortar abruptamente mi comentario porque hubo un llamado telefónico interno del licenciado Jaime Bowen Andrade, dueño de esta emisora y presidente de Sociedad Deportiva Aucas. A ustedes les digo que me cambio de radio. A mí no me va a imponer nadie un programa o un libreto. Hasta la próxima. Buenas tardes. En los 47 años que yo use el micrófono, nunca abuse del micrófono”. Estuvo año y medio. La radio funcionaba en El Pasaje Amador, junto a Luminofoto Silva.

Estuvo en RTU, “una gran empresa dirigida por un gran caballero muy trabajador, como es César Augusto Alarcón Costta”. Dice que tiene agradables y desagradables recuerdos de su paso por ese medio, por la forma cómo se portaron unos compañeros. “Quizá me cogieron cansado o la edad, pero bueno, unos 10 años menos les cogía a patadas a cualquiera”.

“Nosotros los Rodríguez Coll nos hicimos en las calles, en las canchas. Todas las semanas dábamos a conocer los avances del deporte barrial”. Eso efectuó a finales de los 80, cuando estuvo en canal 5 Ortel Quito. Asegura que cuando le vendieron la frecuencia a canal 5 de Guayaquil, tuvo que renunciar porque le cambiaron de horario, a las 13:00. Su programa se emitía a las 19:00 de los domingos. Hizo 150 programas durante tres años.

Le gusta la música mexicana porque, cuando vivía en la ciudadela México, con la jorga del barrio se iban todos los domingos al teatro México. Eran aficionados a la música y a las películas del país azteca. Le gusta el tema Mi Vejez, de Vicente Fernández, y Caballo Viejo, cuyo autor es Simón Díaz. “En mi vida privada algo tengo de caballo viejo y por eso me encanta tanto”.

Destaca que ha tenido colaboradores brillantes, como José Luis Bolaños, “que en la parte técnica es crack”. En Manta, Alfredo Ortiz, que hacía los comerciales; Alan Flores Valenzuela, un caballero un gran colaborador y una voz espectacular. “Nosotros, con Alfredo, mi hermano y Alan narramos la inauguración del estadio de Barcelona, en 1988, para Radio Cristal. Armando Romero Rodas nos recibió con un rotulo que decía “bienvenido equipo de Goles y Recuerdos”. A la transmisión se sumaron las emisoras deportivas más conocidas del país y se llegó a una sintonía de Radio Cristal a escala nacional del 76%.

Asegura que se sacó el gordo de la lotería al casarse con Elena Yépez González, ha sido un apoyo incondicional. Tiene un hijo, Martín, de 32 años. “Yo soy Oswaldo Nicolás, mi hijo se llama Martín Oswaldo y mi nieto se llama Martín Nicolás”. Es un juego de nombres entre los tres. “Es una belleza de criatura va a tener cuatro años”. Destaca que cuando nació su hijo quiso más a su mujer y cuando tuvo al nieto los quiere más a su hijo y su mujer.

Hasta el 2020 conducía Goles y Recuerdos en “Su Excelencia On Line”. Se emitía todos los sábados de 09:00 a 12:00. Lamentablemente, no está al aire por la pandemia.

Tiene una memoria prodigiosa, porque se acuerda exactamente los nombres, fechas, partidos, marcadores… “Todo lo tengo en mi cabeza y en mis recuerdos”, asegura Oswaldo Rodríguez Coll, a quien le apasiona la narración deportiva, porque, señala que pertenece a una familia que tiene al deporte y al fútbol en sus venas.

Iliana Cervantes Lima
Voces de la Radio

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