La agricultura es un sector clave en el desarrollo económico de los países Andinos. Aporta un 10% del PIB de la Comunidad Andina (CAN), y es el segundo sector exportador más importante con el 26% del valor total exportado en 2019. A pesar de ello, los niveles de pobreza rural están por sobre el 31% en todos los países de la zona y 17 millones de personas viven en condición de hambre. En un contexto donde el cambio climático amenaza la sostenibilidad de los recursos naturales y donde, paralelamente, se prevé que la demanda de alimentos aumentará en un 50% hacia el 2030 ¿Cómo aseguramos que la agricultura andina siga siendo eficiente, pero que mejore sus indicadores de inclusión social y sostenibilidad ambiental?

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Para ello, será necesaria una profunda transformación de los sistemas agroalimentarios andinos, al menos por dos razones: las condiciones sociales de las zonas rurales y los intensos efectos del cambio climático sobre la disponibilidad de agua.   

Primero, la pobreza rural comparte escenario con una agricultura que es la fuente principal del empleo; en países como Bolivia y Perú, el porcentaje del empleo rural en la agricultura supera el 70%. En la región, el 80% de las explotaciones agrícolas hacen parte de la agricultura familiar y el 66% de esta agricultura depende de su producción para subsistir. La agricultura familiar tiene acceso limitado a la tierra, a la asistencia técnica y al financiamiento, impidiendo que exprese todo su potencial productivo y aporte más al desarrollo rural, y a la reducción de la pobreza y el hambre.

Segundo, la amazonia andina es la zona con mayor biodiversidad en el mundo, contiene el 30% de los bosques y provee de servicios ambientales indispensables para el desarrollo regional. Sin embargo, producto de la acción humana y el cambio climático, esto se encuentra amenazado. La disponibilidad hídrica de la región, caracterizada por su alta dependencia de glaciares y nieve de montaña, se ha vuelto cada vez más crítica. Desde finales de 1970, se ha perdido entre 20% y 50% de los glaciares, y se estima que al 2050, 50 millones de personas en la región podrían tener dificultades para acceder al agua. Hoy la sequía es la amenaza más importante a la seguridad alimentaria de la zona andina.

La pobreza y el cambio climático afectan con mayor fuerza a los pueblos indígenas y las mujeres agricultoras, especialmente si consideramos que la región alberga a casi 12 millones de indígenas que se ubican en zonas rurales.  Las desigualdades territoriales y étnicas se expresan fuertemente a través del género, ya que son las mujeres quienes están en condiciones más desvalidas, a pesar de que se observa un aumento gradual de su participación en la agricultura llegando al 40% en países como en Bolivia y Perú.

Transformar los sistemas agroalimentarios no será una tarea fácil. Será necesario incrementar fuertemente la inversión en innovación tecnológica, que eleve la productividad, abra espacio a la creación de nuevos empleos de mejor calidad en el medio rural, y mejore la eficiencia del recurso hídrico; todo ello, con un énfasis especial en la agricultura familiar. Sin inversión en innovación, la transformación de los sistemas agroalimentarios es imposible y su futuro queda en entredicho. La innovación, por cierto, incluye rescatar y expandir muchas prácticas tradicionales y ancestrales, que aportan resiliencia y que ofrecen alternativas para mejorar la capacidad de retención hídrica de los suelos.

Es difícil que cada país andino enfrente por sí mismo esta tarea. La cooperación regional que permita compartir recursos, soluciones y beneficios, ayuda a todos y al menos en algunos temas, es la única vía eficaz.  Por ejemplo, desde la FAO, la Comunidad Andina y el IICA, estamos apoyando a los Ministerios de Agricultura de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, en un plan integrado de protección frente a una plaga que tiene el potencial de destruir la economía del banano. Como ese ejemplo, hay muchos otros que señalan que la vía a la transformación pasa por la cooperación.

En ese sentido, celebramos el acuerdo de la Comunidad Andina sobre una “Agenda agropecuaria para impulsar la reactivación del sector” ya que es un esfuerzo colectivo de acción que busca hacerse cargo de los desafíos de la agricultura, especialmente en el contexto de la pandemia. La integración es y será clave para avanzar en la construcción del futuro que deseamos.

En septiembre de 2021, los jefes de Estado y de Gobierno se reunirán en Nueva York en la Cumbre del Sistema Alimentario de las Naciones Unidas. Esta es una oportunidad para que la región Andina presente un proyecto vigoroso para transformar sus sistemas agroalimentarios de manera que sean aptos para un futuro mejor para todos sus pueblos.

Fuente: Julio Berdegué y Noëlle Salah

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